Pánico a la carta

Hoteles y restaurantes temáticos se llenan de aficionados al miedo que buscan emociones más fuertes que una película o un libro de terror

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RINCÓN DE MIEDO. La Quinta de Melque, en Toledo./
RINCÓN DE MIEDO. La Quinta de Melque, en Toledo.

¿POR qué algunas personas disfrutan y pagan por que les hagan pasar miedo? ¿No tienen suficiente echando un vistazo a sus cuentas corrientes a final de mes? Parece que no. Iván García, director de la Casa de los Horrores, no tiene queja de cómo marcha su negocio, especializado en dar sustos a todo huésped que ose pernoctar en Villamejor. Él y otros socios inauguraron hace ya tres años una posada rural cerca de Madrid, rodeada por un bosque y una iglesia. Por 120 euros en esta Casa de los Horrores ofrecen alojamiento, cena, desayuno y varios escalofríos de muerte. Desde que un monje abre la puerta, los intrépidos visitantes ya no saben qué ocurrirá, ni cuando sonará el hilo musical a ritmo de psicofonías y efectos paranormales.

«Cenan a oscuras, con velas y rodeados de actores como 'el loco'... Suelen acudir más chicas que chicos para celebrar despedidas de solteras, cenas de empresas o cumpleaños», explica este restaurador que sólo admite grupos de más de trece personas. Algunos vigorosos se han convertido en cobardicas a la primera de cambio. «Hemos tenido mucha gente que ha acabado en un cuarto viendo la tele tranquilamente porque no aguantaban la tensión. Tampoco es cuestión de que a nadie le dé un infarto», comenta con sorna Iván García.

Echen un termo de tila en el bolso si alguien les invita a El comedor del Terror, en Barcelona, al albergue Les Alcusses, en Valencia, o a la Casa del Terror de Galicia. El itinerario de rincones de terror se completa con La Quinta de Melque, en Toledo, donde antes de la llegada a la mansión, y previa reserva de plaza, el visitante recibe por correo una carta de Doña Julia Almazán, viuda de Sotogrande, invitándole a su casa tras un largo retiro de la vida pública. La misiva hace algunas recomendaciones para asistir: incluir en el equipaje indumentaria apropiada para el banquete y una prenda de abrigo por si hiciera frío en las inmediaciones de la casa.

Claro está... Lo de disfrazarse, los videojuegos, las novelas y las películas de terror sigue en boga, pero son emociones que se quedan cortas para aquellos que quieren sentir el pánico en carne y hueso. Ante tanto cabe preguntarse por qué la gente disfruta del miedo y la repugnancia. La psicóloga malagueña Irene Ruiz señala que las teorías y suposiciones que explican o predicen el comportamiento humano «tienen como base que siempre perseguimos el placer y evitamos el dolor».

El miedo no es real

Los investigadores salvan esta contradicción con dos teorías. La primera dice que las personas «no sienten miedo realmente, sino que se sienten excitadas por la película, el libro o el susto de alguien que saben que va disfrazado». La segunda explicación que expone la psicóloga es que la gente se muestra «dispuesta a soportar el terror a fin de disfrutar un sentimiento eufórico de alivio al final».

Frente a esto, según un reciente estudio de Eduardo Andrade (Universidad de California en Berkeley) y Joel B. Cohen (Universidad de Florida) , «los espectadores de las películas de terror están felices de estar infelices. Los momentos más placenteros de un evento particular pueden ser también los más terroríficos». Los dos científicos plantean un nuevo supuesto: el miedo y la alegría son emociones que se pueden sentir a la vez.

Algo de eso le pasa a Amparo Saco, una psicóloga de 29 años que se autodefine como una 'friqui' del terror. «Flipo con el cine de miedo, los parques de atracciones temáticos... Me lo paso muy bien, bueno en realidad lo paso fatal, pero luego me río. Se trata de sufrir al principio y conseguir el placer al final», explica esta madrileña que hace poco fue a cenar con su chico a la pizzería temática Obscure, en Málaga.

«No nos dejaron tranquilos en toda la cena. Pasó un tipo con un garrote mientras yo miraba la carta y dio tal golpe en la mesa que me quedé petrificada. Siempre estuvimos rodeados de personajes que nos incordiaban, que si un lobo, un monje, Frankenstein... Casi no pudimos comer», rememora Amparo, quien lo pasó «divinamente en cada sobresalto».

Y para rizar en el rizo, sin necesidad de salir de casa, de la globosfera cuelgan páginas tan escalofriantes como wwww.pasarmiedo.com, donde gracias a un simple formulario pueden estimar el día en que la va a cascar el cibernauta; ofrecen la posibilidad de hacer una sesión de ouija on line o deleitar la vista del visitante con fotografías de fantasmas.

Espiritismo profesional

En la afición por el miedo, hay quien desdeña la fantasía para 'atreverse' con la realidad. Entusiastas de lo inexplicable son los miembros de la Federación Espiritista Española, uno de sus socios es Salvador Martín que encuentra placer en la «comunicación con los espíritus y en el enriquecimiento intelectual» de esta actividad.

Pero Javier M., de 35 años, sí que pasó terror la última vez que hizo espiritismo, este verano. Desde entonces, este profesor de inglés no lo ha vuelto a intentar.

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