Los Larios, estirpe de empresarios

Cualquier malagueño que se precie ha paseado más de mil veces por la calle Larios, pero pocos conocen la historia que se esconde detrás de un apellido que se ha convertido en un sello de la propia ciudad

TEXTO: AMANDA SALAZAR FOTOS: ARCHIVO
LEGENDARIA. La calle Larios fue creada en honor a esta familia./
LEGENDARIA. La calle Larios fue creada en honor a esta familia.

CUALQUIER malagueño que se precie ha paseado más de mil veces por la calle Larios, pero pocos conocen la historia que se esconde detrás de un apellido que se ha convertido en un sello de la propia ciudad. Ahora, un ciclo de conferencias organizadas por el Ayuntamiento en el Museo del Patrimonio Municipal recupera el papel de esta familia junto a la de otros emprendedores del siglo XIX que dinamizaron la economía de una provincia que hasta entonces era tierra de agricultores y pescadores.

«La familia Larios fue una de más más ricas y poderosas de España y se adelantó a su época en muchos sentidos», señala el catedrático de Historia Económica de la Facultad de Económicas de la Universidad de Málaga, Antonio Parejo, que ofreció ayer la conferencia 'Historia empresarial de una dinastía familiar: Los Larios en Málaga' dentro del ciclo.

Autor del libro 'Málaga y los Larios. Capitalismo industrial y atraso económico 1875-1914', Parejo explica que los Larios llegaron a Málaga llamados -como otras familias comerciantes como los Heredia o los Loring- por las posibilidades mercantiles cuando el puerto de la ciudad consiguió a finales del siglo XVIII las autorizaciones necesarias para comerciar con América, cosa que antes sólo podía hacer el puerto de Cádiz.

Dinamizadores económicos

Pedro Larios, un comerciante ganadero viudo y con varios hijos, procedente de Laguna de Cameros, en La Rioja, se establece en Málaga capital a principios del siglo XIX, aunque el protagonista de la vida económica de la Málaga del siglo XIX fue su hijo y primer marqués de Larios, Martín. Martín Larios amasó una pequeña fortuna en Cádiz gracias al contrabando. Eran tiempos convulsos: las tropas napoleónicas habían invadido el país y la familia Larios aprovechó la coyuntura para introducir productos del mercado negro a través de Gibraltar. «No es algo nuevo, lo cierto es que otra familia ilustre malagueña, los Heredia, también se beneficiaron del mercado negro», asegura Parejo.

Martín Larios llega a Málaga en la segunda década del siglo XIX, con la Restauración. Al principio crea pequeños comercios, pero en la década de los 40 da el gran salto a la industria azucarera -sus ingenios se extendían por toda la costa malagueña- y textil. Los Larios, que tenían muchos contactos en Inglaterra y Francia, adoptaron el modelo de industria textil de la revolución industrial británica e incluso contaron con técnicos ingleses para construir las fábricas de algodón de la provincia.

Después llegó el tren. La línea que unía Málaga y Córdoba fue una de las primeros proyectos de ferrocarril de España en 1851, aunque las obras y los trámites administrativos se dilataron en el tiempo y lo que prometía convertirse en un dinamizador económico de la provincia acabó siendo una inversión demasiado problemática. El tren con Córdoba, que se finalizó en 1866, pretendía buscar una salida a la falta de carbón mineral en Málaga, una de los grandes problemas que frenaban la industria malagueña. «Durante un tiempo, los empresarios malagueños del siglo XIX usaron carbón vegetal y esquilmaron los montes malagueños, pero había que buscar una solución más económica y una energía con más potencia», señala Parejo. Sin embargo, cuando llegó carbón mineral, los productos textiles catalanes y vascos eran más competitivos.

«El secreto del éxito de los Larios es que invirtieron en casi todos los sectores económicos, tanto en la industria como en el comercio, compraron terrenos y negocios y ejercieron de prestamistas; incluso crearon el Banco de Málaga en 1956 para dar sostén a todas sus empresas y quedarse con los beneficios que generaba ese capital», explica Parejo, quien añade que tuvieron fábricas de aceite y jabones en el Perchel y canalizaron los ríos Genal y Guadiaro en la zona de la costa oriental de la provincia. Esa diversificación impidió que la familia se empobreciera pese las pérdidas de la industria azucarera y textil. Las dos grandes empresas de Martín Larios -que luego continuó su hijo Manuel Domingo-, Industria Malagueña y La Aurora, continuaron existiendo hasta 1970 y 1960 respectivamente.

Para Parejo, su posición de poder en la sociedad malagueña de la época y su visión emprendedora retroalimentaron su papel en la economía de la ciudad. En 1865, Martín Larios recibió el título de marqués de manos de Isabel II como premio a sus méritos laborales. Fue el tercer marqués de Larios, José Aurelio, sobrino de Manuel Domingo, quien se inició en el negocio del vino que desencadenó en las bodegas Larios y relanzaron el nombre de la familia en el siglo XX hasta que las vendieron a Bacardi en 1974. Actualmente, los descendientes de los Larios diversificaron su actividad y lo que eran explotaciones de caña se ha convertido en cultivos de aguacates, además de haber creado un emergente negocio inmobiliario.

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