Saint Denis, cámara de los lores

Inglaterra invoca a su mesías, Lord Wilkinson, para conquistar hoy en París frente a Suráfrica su segunda Copa del Mundo de rugby

TEXTO: ANTONIO ASTORGA FOTO: MATT DUNHAM. AP
ÍDOLO. La estrella inglesa, Jonny Wilkinson, recoge el balón en un entrenamiento./
ÍDOLO. La estrella inglesa, Jonny Wilkinson, recoge el balón en un entrenamiento.

MIENTRAS escucha con sus auriculares a Coldplay, el rubio pateador inglés, Lord Jonny Wilkinson, afila su borceguí izquierdo recostado en una esquina del vestuario británico, en Saint Denis. En el surafricano, Percy Montgomery, el rubio pateador surafricano, mesa los cordones de su bota derecha para ensartarlos a su estilo. Izquierda contra derecha. Sir Wilko frente a 'Percival el Galés'. Duelo de pateadores en la cámara de los lores, que esta noche (21.00 horas) será el estadio de Saint Denis, invadido por 50.000 ingleses. ¿Arderá París? El apolíneo contra el bocazas. El chico del pelo dorado frente a un 'malheur à Hollywood': un tipo duro, un «pájaro de mal agüero estilo Hollywood», como se tildaba ayer a 'Percival el Galés'.

Al ritmo del 'X&Y', de la banda de Chris Martin, Lord Wilkinson, el Dios 'Wilko', recordará aquella tarde de hace cuatro años, en Sidney, cuando su 'drop' le llevó a conocer la leyenda. Sobre el cielo de Australia, una nación compuesta por mil pueblos,Wilkinson le dio la Copa del Mundo a Inglaterra ante los 'wallabies' en el último segundo de la prórroga. Al son de 'Ladysmith Black Mambazo', Percy Montgomery (nacido en Walvis Bay, Namibia) intenta borrar del disco duro de su memoria aquella suspensión de seis meses por empujar a un árbitro de touch en País de Gales, cuando jugaba para Newport. Montgomery, 'Percival el Galés', sufrió destierro, pero no olvida la tierra extraña galesa donde forjó su leyenda con el pie derecho: ha convertido el 93 por ciento de sus lanzamientos en el Mundial.

A pesar de las once lesiones que ha padecido desde 2003, 'Jonny' nunca perdió su corazón, y ha colocado al XV de la rosa al borde de la mitología: nadie ganó dos veces seguidas un Mundial. Inglaterra disputa su tercera final (perdió la de 1991 y ganó la de 2003 ante Australia ambas), y Suráfrica su segunda (ganó la de 1995, en Johannesburgo, ante los All Blacks por 15-12, gracias a un 'drop' de un judío, Joel Stransky, que unió a blancos y negros).

Estatua de cera

Los ingleses acuden a la guerra como quien practica deporte, y hacen deporte como si se tratara de una guerra, profetizó Evelyn Waugh desde su genialidad satírica, antes de retornar a Brideshead. Sir Winston Churchill, sin contemplaciones, ofrecía a los ingleses «sangre, sudor y lágrimas». Esta noche, el Dios 'Wilko' les promete la gloria con su pie izquierdo, colocado ayer como un emblema junto a la columna de Nelson en Trafalgar Square, en el centro de Londres. El Wilkinson de cera -estatua cedida por el Museo de Madame Tussaud- mira a Francia con su característica pose previa al lanzamiento: semigenuflexo, con las manos moldeando una vasija de arcilla roja y con los ojos dirigidos a Saint Denis.

En 1995, en la mañana del día de la final de aquel Mundial, el presidente Nelson Mandela le pidió la camiseta número 6 al capitán 'springbok', Pienaar. Saltó al campo una hora antes del partido y saludó a los jugadores surafricanos, que puestos en fila correspondían, emocionados, a Mandela.

Diez segundos después el público rugió: «¿Nelson, Nelson!». El deporte volvía a unir los corazones de blancos y negros, separados por el miserable 'apartheid' que había separado a Suráfrica del mundo y del rugby. Mandela, a sus 89 años, símbolo de la reconciliación, se volverá a poner hoy la camiseta número 6 de Pienaar en su casa de Johannesburgo y dirigirá un mensaje a su nación soñando con volver a conquistar el mundo oval: «Hay que jugar duro y honestamente -pide a su selección-. Sé que nuestros muchachos tienen la habilidad, fuerza y determinación para volver a salir victoriosos. No tengo ninguna duda de que los 'springboks' pueden ganar de nuevo un Mundial».

El otro héroe es un jugador negro, el ala Bryan Habana, que ha igualado el récord de ensayos (8) de Lomu en un Mundial, por cuyas venas corre sangre española, y que puede dejar marchita la rosa inglesa con su letal carrera, tres metros más lenta que la de un guepardo. Otros cinco jugadores negros integran el quince surafricano, en el que blancos y negros cantan unidos el himno 'Nkosi, sikeleli Afrika' en cinco idiomas: xhosa, zulú, sesotho, afrikaans e inglés. El Suráfrica-Inglaterra será un choque de trenes: la delantera inglesa puso 918 kilos sobre la báscula por 925 de su rival.