La Sierra de las Nieves crece mirando al mar

Los ecologistas de Pinsapo propusieron que el macizo de sierra Blanca de Marbella, Ojén, Istán y Monda, con 6.400 hectáreas, se sumara al parque natural. El acuerdo está sobre la mesa. Sólo falta que se haga realidad

TEXTO: PILAR R. QUIRÓS FOTOS: PEPE QUINTANILLA MÁLAGA

¿QUIÉN le iba a decir a uno de los parques naturales más pequeños de Andalucía, pero también de los más interesantes, que su vocación sería la de seguir creciendo por petición expresa de los ciudadanos? La propuesta, que partió del grupo ecologista Pinsapo, de Marbella, fue muy bien acogida en septiembre de 2006 por la gestora de esta ciudad, cuya petición para su protección fue elevada a la Consejería de Medio Ambiente.

Marbella ha sufrido lo indecible en cuanto a desmanes urbanísticos se refiere, por eso la gestora hizo suyo este proyecto para que el ladrillo y el cemento no se asentasen nunca en la corona de montes que la protege, uno de los grandes responsables de su espectacular microclima. Más tarde, la nueva corporación municipal presidida por Ángeles Muñoz apoyó la 'moción' y poco a poco se fueron sumando los otros pueblos que comparten el espectacular macizo de Sierra Blanca como son Ojén, Istán, y esta semana lo ha hecho Monda. En total, la Sierra de las Nieves sumaría a sus actuales 20.163 hectáreas las 6.422 hectáreas de este espectacular conjunto de montañas, que de hecho, aunque no 'de derecho', ya formaban parte de este espacio natural.

Flora y fauna

«La flora y la fauna son idénticas. Y a la pregunta de que por qué sierra Blanca debería ser parte del parque natural, yo la formularía de otra forma: ¿y por qué no si se trata de la continuación de un mismo espacio?», subraya el director del parque, Rafael Haro, con el asentimiento del jefe del Departamento de Actuaciones en el Medio Natural, Ricardo Salas; el ingeniero de Montes del parque Pepe Quintanilla y el jefe del Servicio de Gestión del Medio Natural, Miguel Ángel Catalina, que hoy recorren el terreno para realizar un informe sobre la ampliación del parque.

El día comienza en la subida hacia Juanar, donde dicen que el rey Alfonso XIII estuvo de cacería en el palacio refugio de los Larios. Sólo una leyenda, que Ricardo Salas tiene a bien explicar. «Siempre se pensó que Alfonso XIII había estado de cacería en el refugio de Pablo Larios, y la realidad es que llegaron a hablarlo, pero cuando los Larios compraron esta finca no había una casa o un palacio digno del rey y para cuando lo terminaron, en 1931, se proclamó en España la República, así que Alfonso XIII se exilió y nunca llegó a venir por estas tierras», puntualiza.

La subida hacia Juanar, bache arriba, bache abajo, se hace amena. Ricardo continúa: «Más tarde, en 1935, la marquesa viuda de Larios vende estos terrenos, unas 3.200 hectáreas al Estado por unas 500.000 pesetas, y las 1.000 hectáreas que se sumaron más tarde el Estado se las compró al Ayuntamiento de Marbella por 300.000. Así que gracias a esta maniobra, y a que estos terrenos son públicos, lo que veis se ha mantenido virgen», subraya Ricardo muy ceremonioso.

Una rica vegetación

El camino se salpica de castaños, cerezos, helechos, un olivar, pequeños pinsapos de repoblación, pinos carrascos, piñoneros, insignes y resineros hasta llegar al que es conocido como el mirador de Puerto Rico por la finca a la que se asoma. Ante la extrañeza del nombre, el visitante intenta indagar en el por qué, pero la comitiva no da pistas sobre el asunto. Más tarde, el delegado de Medio Ambiente, Juan Ignacio Trillo, los saca de dudas: «Se llama Puerto Rico no por el país sino porque la finca está en un puerto de montaña y la zona era muy rica en agricultura durante la época andalusí. Es más, en ella estaban todos los manantiales que abastecían a Marbella. De hecho, dicen que que el agua que sale en las fuentes de la plaza de los Naranjos procede de allí. Luego, otra parte de la finca conserva un nombre árabe porque fue un regalo que hizo un árabe a la familia de la que iba a ser su esposa. Finalmente, el hombre se quedó esperando toda su vida poder desposarla y por eso le puso a la finca el nombre de la que era su amada».

Pero como el nombre de Puerto Rico es ciertamente raro, en honor a la cabra montés, que reina por estos lares, se dispuso una escultura de un macho en este impresionante balcón que mira a Marbella y al mar, y ahora lo han bautizado como el Mirador del Macho Montés. «Al fin y al cabo para eso son ellos los que llevan los cuernos», dice un guasón de la comitiva entre las risas de los demás. Efectivamente, los cuernos de los machos de cabra montés son los trofeos de caza y según su edad, su tamaño y grosor así se califica el poderío del individuo.

Esta atalaya pública, enormemente transitada, es uno de los mejores balcones que miran a la costa. El monte que corona este espacio, a la derecha, sirvió un día de faro improvisado para unos marineros que querían arribar a Málaga. «Al parecer, había una fuerte tormenta y el barco no sabía como tocar tierra, y entonces divisaron ese pico -dice Ricardo señalándolo- y así llegaron a la costa. Más tarde, para agradecer que habían vuelto sanos y salvos subieron a la cumbre y pusieron una cruz, y ahora se la conoce como la Cruz de Juanar».

El macho montés

A la izquierda, la escultura del macho montés parece mirar desafiante a los visitantes. Ricardo, con cierta sorna, dice que hay muchos que hasta se creen que la cabra es de verdad y se acercan sigilosamente a hacerle una foto. De todos es sabido que las monteses son muy esquivas.

Lo cierto es que cuando Ojén se declaró coto nacional de caza, en 1948, sólo quedaban una veintena de cabras monteses en este paraje. Y ahora, pese al azote de la sarna sarcóptica, hay una colonia de más de 1.000 ejemplares», subraya. Pero, ¿por qué había tan pocas cabras en aquella época? Ricardo lo explica con claridad: «Eran los años 40 y había muchos guisos que se hacían con la cabra montés. Era un recurso de la naturaleza y, obviamente, lo utilizaban».

Mirador del corzo

No corren tanta suerte los corzos, de los que sólo quedan una veintena. No obstante, también cuentan con un mirador muy cerca de éste, que mira al pueblo de Ojén. Pero antes, parada obligada en el olivar de Juanar, donde está recuperando zonas de cultivo ya abandonadas para plantar pinsapos, castaños, pinos, quejigos y encinas. Los pequeños pinsapitos crecen frondosos pese a que sólo están a unos 500 metros de altitud. El secreto, según Miguel Ángel Catalina, es de las lluvias, que riegan con esmero Ojén todos los años con 1.200 litros por metro cuadrado. Así que los pinsapos, aunque no están por encima de los 1.000 metros, que es su altitud preferida, los pinsapos crecen aquí a placer. Precisamente, éste es uno de los motivos básicos por los que el macizo de sierra Blanca es una continuidad natural del parque natural de la Sierra de las Nieves. Este abeto, protegido por estar considerado en peligro de extinción, tiene varios buenos rodales en este enclave, lo que es siempre una buena carta de presentación.

Por aquí vuelan las mismas rapaces que en la Sierra de las Nieves como son las águilas reales, perdiceras, culebreras, azores, halcones peregrinos y buitres leonados de paso. Hay ginetas, tejones, las mencionadas cabras monteses, corzos, garduñas, zorros y conejos, según explica el director del parque, Rafael Haro. «Es claramente una continuidad», puntualiza.

Bajada hacia la carretera que une Marbella con Ojén con destino a Monda, al paraje conocido como Moratán. Aquí, en el entorno de la Cueva Santa, cuya entrada está llena de santos y vírgenes, el paisaje es más el de un monte tipo garriga, según subraya Pepe Quintanilla, formado por acebuches y enebros.

Por último, nadie quiere dejarse atrás la zona conocida como Los Cuchillos. Son montañas que caen desafiantes sobre Bornoque, un alcornocal centenario que está dentro del parque, en el municipio de Istán. Y en esas cañadas profundas crece una buena masa de pinsapos mirando al norte, en umbría. La sierra Blanca, que se quiere sumar al parque natural de Sierra de las Nieves, ofrece un recorrido sugerente por una zona muy conocida como la de Juanar, pero también muestra otros parajes con mucho encanto que se pierden entre esa riqueza que Málaga tiene en las cimas que la rodean, y que siempre acaba fagocitada por el tirón de su costa.

Lugar de interés

Pero es ahora Marbella la que se gira hacia el monte, la que se vuelve hacia el norte, hacia Ojén, Istán y Monda para que el macizo de sierra Blanca, que comparten, se sume al parque natural de la Sierra de las Nieves.

La sierra Blanca ya es un Lugar de Interés Comunitario (LIC), que se sumaría al LIC de la Sierra de las Nieves. Y como dice el delegado de Medio Ambiente, Juan Ignacio Trillo, aglutinará parte de la Reserva de la Biosfera Intercontinental (la que Málaga comparte con Marruecos y Cádiz) y de la Reserva de la Biosfera del propio parque.

Las intenciones son buenas. Pero, ¿qué queda para que esta ampliación se haga realidad? Que los ayuntamientos de Ojén, Istán, Monda y Marbella lo aprueben en pleno y eleven la propuesta a la Consejería de Medio Ambiente, que agilizaría los trámites al máximo para que dentro de poco la costa se una con la sierra en un parque natural que hasta ahora ha sido fundamentalmente de alta montaña, y que ahora empezaría a nacer desde las faldas de estas cumbres que circundan Marbella. Un parque que mirará, que casi tocará el mar.

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