«Descubrimos que mi hija pronunciaba mal las palabras porque no oía»

I. A.
TERAPIA. La niña, con la logopeda Carmen López. / P. URRESTI/
TERAPIA. La niña, con la logopeda Carmen López. / P. URRESTI

Antes de ir al cole, cada mañana, Nerea, de siete años, y su madre ponen ese cedé de Paulina Rubio y cantan a pulmón. Tres años atrás, la profesora de música de Nerea, al igual que los padres de la pequeña, había notado «algo raro» en la forma de hablar de Nerea y aconsejó enviarla a un especialista del lenguaje.

El proceso que ha seguido la pequeña ha sido peliagudo. Hubo que intervenir en dos ocasiones de vegetaciones y hacer un drenaje de los oídos, una vez descubierta la falta auditiva de la pequeña, que era lo que le impedía distinguir los fonemas erre, sobre todo, aunque cometía otros fallos. «La niña pronunciaba mal porque no oía bien. Las mucosidades se le subían al oído y había momentos en que veías que no sólo no reaccionaba a veces, sino que cada vez pronunciaba peor», explica la madre.

Nerea, que hoy tiene siete años, soportaba inocente los comentarios de sus compañeros de clase. «Jo, no hablas bien», recuerda que le dijo uno. Y ella se extrañaba, pero callaba. Ahora también guarda silencio cuando se le pregunta. Y mira con atención a quien la interroga. Los ojillos inquietos revelan en ella a una niña muy activa.

«Es muy abierta, cariñosa y simpática con todo el mundo. No le cuesta nada hacer amigos, todo lo contrario. 'Me tienes que apuntar a ballet, a kárate, a aerobic', me dice», revela la madre de Nerea. La nena se deja abrazar, mueve coqueta las coletas en las que lleva recogida su larga melena rubia y se sonríe. «Y con los ejercicios se lo pasa bomba». Con el juego de la oca, por ejemplo. Cuando la ficha cae en el dibujo del barco, tiene que imitar el sonido del viento y la sirena de la nave. Así aprendió a soplar. «No consistió tanto en repetir una y otra vez palabras que contuvieran la letra erre como en aprender a colocar la boca...». Contar uno, dos, tres, cuatro, cinco, mientras se meten los labios hacia dentro de la boca. Luego al contrario, antes de pasar a derecha e izquierda. Y establecer una rutina con esta especie de gimnasia bucal. «Hasta a mí me ha servido aprender a inspirar y expirar correctamente», reconoce la madre de la pequeña.

Tras dos años en tratamiento, Nerea pronto recibirá el alta de su logopeda, porque «hoy es el día en que tiene el lenguaje muy claro». Este verano, su madre la ha apuntado a unas colonias. «Es bueno que hable con otros niños de su edad todo lo que pueda», recomienda la psicóloga y logopeda Carmen López, la especialista que ha tratado a Nerea.