El duque de Huéscar, a dos carrillos

El hijo de la duquesa de Alba disfruta de las bondades de Sotogrande sin Alicia Koplowitz, pero con víveres de sobra

TEXTO: CRISTINA GONZÁLEZ FOTOS: JOSELE-LANZA
NATURALIDAD. Carlos se coloca el zapato antes de subirse al yate en Sotogrande./
NATURALIDAD. Carlos se coloca el zapato antes de subirse al yate en Sotogrande.

AHÍ le tienen. Es el mismísimo Carlos Juan Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, XVIII duque de Huéscar, heredero del título de duque de Alba, encargado de la administración de la Casa y patrono de la Fundación Casa de Alba. Una riada de distinciones, ocupaciones y cargas nobiliarias nada molestas que no le impiden comer con las manos, rechupetearse los dedos e incluso enseñar el condumio. Sin importarle, se ve, que la humanidad descubra que los nobles también comen, casi a dos carrillos, y que dejan la servilleta de papel hecha un auténtico guiñapo, como un niño zangolotino en plena vorágine de un comedor de preescolar.

Después de haber visto a la princesa Letizia en biquini -en un memorable momento 'snorkel' con las gafas de bucear y el consiguiente tubo incluido- departiendo amigablemente con la reina Doña Sofía y, en un misterioso dos por uno a la siguiente semana a sus cuñadas en similares paños estivales, todo parece indicar que a la alta alcurnia le ha picado el mosquito patilargo que nos fríe cada verano al común de los mortales: el de la normalidad.

Ahora se camuflan entre la plebe con guiños de los más cotidianos, como el de la duquesa de Alba cuando se va de compras por las franquicias en las que todo ronda los 30 'leuros', como diría una que conozco, o el de su propio hijo, al que ven prescindir de cubiertos para jalarse un trozo de jamón. (Eso sí, posiblemente el suyo sea de esos de cinco jotas y el que se reparte a pie de sombrilla sea de cinco ges. Aunque cuando el hambre aprieta, del cerdo, aunque sea del montón, hasta los andares).

El duque de Huéscar pasa unos días de vacaciones en la exclusiva y megapija urbanización de Sotogrande. (Un inciso, ¿de dónde vendrá esa manía de decir que están de asueto cuando precisamente a la mayoría de los famosos no se les conoce otra profesión que la de poner la pata por alto? Habrá que revisar el glosario rosa. ¿Quizá en un congreso de terminología del cuore con Patiño 'and company'? Eso sí, yo me abstengo después de septiembre, que volveré a meter en mi baúl, cual la Piquer, el disfraz de lengua viperina).

Ojos, a estribor

Volvemos a la faena que nos ocupa. Como iba diciendo Carlos Fitz-James Stuart (mejor quitar el Juan que sigue a su primer nombre, que suena a culebrón vespertino) está en Cádiz, donde mata las horas muertas entre el noble arte de la gastronomía, con piquitos incluidos, y el de poner un ojo mirando a babor y otro a estribor para controlar el tráfico marítimo.

Ambas aficiones sin la compañía de Alicia Koplowitz, la diosa de los billetes 'bin laden', con la que mantiene o mantuvo una relación sentimental, a juzgar por la última pista que ha dejado sobre el tablero de juego la sin par duquesa de Alba. Y es que, recientemente, le preguntaron a Cayetana a pie de coso taurino por la ruptura de su hija Eugenia y el presentador en ciernes Gonzalo Miró y salió por peteneras: «Eso es más viejo...».

Pero es que le preguntaron por su hijo Carlos, el susodicho, y por su noviazgo con la multimillonaria empresaria que juega con su hermana al Monopoly y se arrancó por bulerías: «Eso es más viejo aún...». Esperemos que se refiera a la caducidad del idilio y no a la edad de sus protagonistas. Estaría feo, más aún siendo sangre de su sangre.