Antonio Pérez Rielo, gerente del Hopital Clínico: «Al que que no le tiemblen las piernas al gestionar un hospital, es un frívolo»

Asturiano de 55 años / Lleva más de media vida en Málaga, adonde llegó para trabajar como médico / Gran aficionado a la lectura y a la música / Le gusta moverse en moto por la ciudad / Prefiere la playa a la montaña

UNA ENTREVISTA DE ÁNGEL ESCALERA
ACTIVIDAD PROFESIONAL. Antonio Pérez Rielo asegura que está muy a gusto en el Hospital Clínico. / DESIRÉE NAVARRO/
ACTIVIDAD PROFESIONAL. Antonio Pérez Rielo asegura que está muy a gusto en el Hospital Clínico. / DESIRÉE NAVARRO

USTED es asturiano de nacimiento, pero lleva muchos años en Málaga. Elija: ¿fabada asturiana o fritura malagueña?

Las dos cosas en su justa medida. La fabada en invierno y la fritura en cualquier momento. Llevo 30 años en Málaga, más de la mitad de mi vida, me siento muy andaluz y muy malagueño.

¿La comida es un placer o un sufrimiento?

La comida cotidiana a veces es una forma de coger energía para seguir trabajando, y es un placer cuando la comparto con los amigos y con la familia.

Dicen algunas personas que hasta el aire les engorda. ¿Qué les recomienda?

No soy yo quien pueda hacer esa recomendación, porque a mí me engordan el aire y otras cosas.

¿Por qué se hizo médico?

Mi padre era médico rural, una persona con preparación hospitalaria que incorporó la electrocardiografía a su consulta en un pueblo de Asturias en 1958. Esas vivencias influyeron en mí, sin duda, pero no había más familiares médicos, el resto eran agricultores e indianos de la zona de los vaqueiros. Tuve claro siempre que quería ser médico. Difícilmente hubiese estudiado otra carrera. En esa época pensaba: o médico o no estudio.

¿Echa de menos ver a los pacientes y trabajar como especialista de medicina intensiva en el día a día de un hospital?

Sí, echo de menos a los pacientes, pero estoy todo el día hablando de medicina con los profesionales. Sostengo una estrechísima relación con el área asistencial del hospital en todas sus vertientes. Me mantengo en contacto con la medicina, aunque no vea a pacientes.

En su juventud, cuentan sus amigos que era usted muy de izquierdas. ¿Se ha 'derechizado' con los años?

No he sido nunca ni muy de izquierdas ni creo que se pueda poner un adjetivo. Soy una persona que tiene claras determinadas ideas sobre la equidad, la solidaridad y el derecho que tenemos a hacer ciertas cosas sin que existan dogmáticos que impongan sus creencias.

¿Comparte la teoría de algunos colegas, que trabajan en la sanidad pública por el prestigio que da y en la privada para ganar dinero?

En estos momentos, con las mejoras salariales que ha habido, la medicina pública tiene unos honorarios razonables. A mí, siempre me ha dado para vivir suficientemente; no he tenido otras necesidades. Comparto que se tiene el derecho legal a ejercer la medicina privada. Me parece lícito. Lo que no comparto es que en algunas ocasiones no se marque un límite claro en el trabajo entre la medicina pública y la privada.

¿Corren buenos o malos tiempos para los médicos en estos momentos?

Yo creo que corren buenos tiempos. Hace diez años empezaron a crearse los famosos contratos basura; muchos médicos se agarraban a hacer seis guardias al mes. Hoy pugnamos entre los hospitales, en muchas especialidades, por buscar un facultativo capacitado y preparado.

¿Cómo se siente manejando un presupuesto multimillonario en un hospital como el Clínico, que se acerca a a los 200 millones de euros al año?

A veces, a uno le tiemblan las piernas. Y al que no le pase eso demuestra un signo de cierta frivolidad. Lo que siento es una profunda responsabilidad de estar administrando dinero público.

Y hablando de dinero, ¿paga sus compras en efectivo o con tarjeta de crédito?

Procuro pagar en efectivo.

O sea, que es de los que lleva un taco de billetes en el bolsillo, como dice César Cadaval, el de los Morancos.

No, un taco no. Llevo para hacer la compra cotidiana. Utilizo la tarjeta cuando salgo de viaje. Es un avance fantástico para sacar dinero en los cajeros sin tener que ceñirse a ningún horario.

¿Es consciente de que su nombre siempre suena como posible gerente de Carlos Haya?

Soy consciente de que mi nombre ha salido en diferentes ocasiones tanto para venir al Clínico, hace años, como para ser gerente de Carlos Haya e incluso para hospitales de otra comunidad. Yo estoy enormemente satisfecho de mi trabajo en el Clínico, donde tengo un proyecto para varios años, siempre y cuando las autoridades sanitarias decidan que siga como gerente.

¿Es usted de playa o de montaña?

De playa. Mis vacaciones pasan por la playa.

¿Y en la playa le gustan las mujeres en biquini o en bañador?

Me gustan las mujeres.

Es aficionado a montar en moto. ¿Lo hace por ansias de libertad o por evitarse berrinches en el coche?

Hay una parte de las dos cosas. Desde joven he tenido motocicletas y bicicletas. Son medios de transporte entre los pueblos asturianos. En Málaga me di cuenta de que la circulación hace necesario el uso de la moto para ahorrar tiempo y, además, va unido a esa ansia de libertad para moverse sin problemas. Vayas a donde vayas, no tienes que preocuparte de si encontrarás aparcamiento o no.

¿Sofá o ejercicio físico?

Hombre, procuro hacer ejercicio físico al menos dos o tres veces por semana, pero indudablemente el sofá va ligado a lectura y música, que son dos de mis grandes pasiones.

¿Es usted de algún equipo de fútbol o no le preocupa el balompié?

Me gusta el buen fútbol. El corazón, sin dudas, lo comparto entre el Sporting de Gijón y el Málaga.

Cuando usted llegó a hacer sus prácticas como médico en Carlos Haya se encontró con que en Málaga, además de trabajar, también había tiempo para divertirse por las noches, ¿no?

Sí, sí. Fueron unos años muy buenos. Recuerdo que llegué a Málaga un 28 de febrero de 1977 por la tarde. Me quedé a dormir en un hotel en la calle Córdoba y al día siguiente, además de ir a la unidad de cuidados intensivos de Carlos Haya a presentarme, me llevaron unos compañeros de esa unidad a buscar un piso de alquiler y por la noche tuve la oportunidad de visitar la Peña Juan Breva, donde escuché, me acuerdo perfectamente, a Gitanillo de Vélez y a Juan 'El Africano'. Creo que es un lujo haber podido hacer eso y, desde luego, me impactó mucho.

¿Algún día piensa volver a Asturias para quedarse a vivir?

Creo que el día de mañana me gustaría ir en vez de un mes, como ahora, dos o tres, pero indudablemente creo que mi futuro estará donde estén mi mujer y mis hijos. Y mis hijos son muy malagueños.