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Los libros, un placer en compañia

CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Los libros, un placer en compañia

El fenómeno de los clubes de lectura va a más, con cerca de un centenar de grupos estables en Málaga que estimulan el debate y el encuentro con los autores

27.04.14 - 01:10 -
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E l lema está impreso casi a fuego en todos y cada uno de los rincones del Centro Andaluz de las Letras (CAL), el espacio con sede en Málaga que trata de impulsar esa otra manera de estar y de interpretar el mundo a través de los libros. «Leer es la antesala de pensar». Lo enuncia despacio, como subrayando cada palabra, el director de este organismo dependiente de la Junta de Andalucía, Juan José Téllez, convencido de que especialmente ahora, cuando el capítulo de la crisis se empeña en torcer renglones y proyectos vitales, el refugio de la literatura es un valor seguro que no entiende de bolsas ni primas pero que puede llegar a rescatar con más eficacia que el mejor plan económico. «Ahí están los datos: a pesar de que han bajado las ventas de libros, los índices de lectura no hacen más que subir», añade Téllez para completar su diagnóstico. Aplicado a ese mantra que define las líneas maestras del CAL, no es difícil llegar a la conclusión de que la gente, entonces, cada vez piensa más. Celebrar esta realidad es hacerlo en paralelo a otra que ha sido determinante en el diseño de este nuevo y luminoso escenario: el del extraordinario desarrollo que en los últimos años han experimentado los clubes de lectura, una forma colectiva de acercarse a la literatura que no hace más que alimentar la ya de por sí enriquecedora experiencia de perderse en las páginas de un libro.

La lectura compartida no es, sin embargo, un fenómeno nuevo. Muchos sitúan su origen en los monasterios, cuando los monjes se reunían en el refectorio a almorzar y un miembro de la comunidad leía las Sagradas Escrituras; o en las antiguas fábricas, por ejemplo de tabaco, donde no era extraño trabajar y a la vez escuchar de fondo a alguien que reproducía los textos de un libro. El paso de los años ha ido limando los usos y costumbres, de manera que hoy en día puede decirse que en España los primeros clubes de lectura tal y como los entendemos (y los disfrutamos) son de los años 80. Concebidos como proyectos a largo plazo, el hecho es que aquel semillero es ahora una fecunda red de grupos repartidos por todo el mapa. En Andalucía, por ejemplo, se calcula que existen alrededor de 800 clubes de lectura, un dato difícil de afinar si se tiene en cuenta que para dar forma a uno sólo es necesario un libro, un grupo de aficionados y la voluntad de compartir. Aún así, las instituciones que impulsan el fomento de la lectura desde la región vinculan la presencia de estos grupos no sólo a las bibliotecas provinciales y municipales, sino a las librerías privadas, universidades, asociaciones de vecinos o de mujeres, hospitales e incluso centros penitenciarios.

La experiencia de los pueblos

Málaga no es ajena a esta forma de consumo lector. «Aquí es un fenómeno que no para de crecer», se felicita Fernando Jiménez, técnico del CAL y coordinador regional de los clubes de lectura. Su voz suena más que autorizada cuando ordena el mapa provincial en cifras: su centro colabora con unos 60 grupos repartidos por todos los municipios malagueños -incluidos los dos clubes estables de la capital-, una dinámica que va a más y que genera alrededor de 500 lecturas al año para más de un millar de lectores. Añade Jiménez una anécdota curiosa referida a la experiencia en el ámbito rural: «Los clubes funcionan especialmente bien en los pueblos, con una mayoría de público que hasta hace no mucho incluía sólo a las mujeres. Ellas buscaban refugio en la biblioteca del municipio, a la que a veces iban incluso a escondidas, mientras que el espacio natural de los hombres era el bar», observa el especialista en un guiño que parece celebrar que, afortunadamente, el paso del tiempo y el cambio en los roles «ha diversificado mucho estos perfiles».

Este papel de los clubes de lectura como punto de encuentro y hasta de refugio trasciende la propia naturaleza de estas citas, concebidas en teoría como una reunión de personas con intereses comunes en torno a un libro o un autor. En la práctica, sin embargo, hay casos que van más allá. Que se lo pregunten si no a Esther Ruiz Jurado, una joven malagueña de 36 años que lleva cerca de ocho participando en los clubes quincenales que celebra la ONCE en sus instalaciones de calle Cuarteles. El grupo de lectura 'Seis puntos', que toma su nombre del sistema Braille y que presume de ser uno de los más veteranos de la capital, no sólo le ha servido para acercarse a libros «que de otra manera nunca hubiera conocido», sino que también le ha ayudado a superar las limitaciones de una retinopatía diabética que la ha dejado con una visión más que limitada. Leer era una de las pasiones de Esther, y ahora, gracias a este tipo de iniciativas, sigue vinculada a los libros, en este caso a través del Braille o de los audiolibros. «Todo ha sido cuestión de acostumbrarse. Al principio tardé en leer 'El Principito' en Braille cerca de tres meses; hoy en tres horas lo tengo listo», se felicita la joven, que tiene entre manos 'El muñeco de nieve' de Jo Nesbo, y el clásico 'Moby-Dick', de Herman Melville, que abordará con sus compañeros en el próximo club de lectura de la ONCE.

La dinámica de estos encuentros, que suman cerca de un centenar en toda la provincia entre instituciones públicas y espacios privados, no suele variar mucho de unos a otros y corre paralela independientemente del origen y la naturaleza del club: en general, las reuniones se celebran una vez al mes, con una media de veinte de participantes que suelen ser fijos. Dirigirlos, pero sobre todo orientarlos, corre a cargo del responsable de la biblioteca, la librería o el centro especializado, una figura que resulta fundamental para que el intercambio de opiniones en el debate no se vaya de las manos y que se encarga de escoger el título con tiempo suficiente para que todos tengan tiempo de leerlo. La temática varía de una cita a otra y suele regirse por el mandato imprescindible de la diversidad y el interés general, pero también es cierto que cada club aplica su propia estrategia. En La casa del Libro, por ejemplo, el criterio trata de alejarse de las novedades editoriales, «que ya se venden de por sí», en favor de otros textos «de fondo». Así lo justifica Isabel Hernández, la responsable de un grupo que se reúne desde hace cuatro años en esta librería de calle Nueva el último martes de cada mes: «Preferimos ir más allá de los autores españoles y centrarnos en cambio en escritores centroeuropeos, asiáticos, rusos o anglosajones». Y la fórmula suele funcionar bastante bien, porque a juicio de esta especialista su club de lectura «está concebido a modo de puente con otras culturas».

Clubes especializados

La especialización por géneros, temáticas o autores es otra estrategia de éxito a la hora de sumar adeptos. Lo sabe bien Mari Carmen Niño, cuya librería, Rayuela, se ha convertido en un punto de encuentro de los profesionales y/o aficionados a la literatura infantil y juvenil. Su club de lectura funciona a razón de un encuentro al mes desde el año 2000, y en él participan profesores, bibliotecarios, maestros de educación especial, animadores de lectura o docentes universitarios. «Aquí leemos en función del interés por la literatura enfocada a los más pequeños», observa Niño, que vincula la vitalidad de este club a la presencia cada vez mayor en el mercado de editoriales especializadas en niños y jóvenes. En el local hermano de la plaza de La Merced, Rayuela Idiomas, que dirige Juan Manuel Cruz, también se institucionalizó el formato del club de lectura, aunque en este caso su responsable prefiere hablar de «tertulia». Los títulos varían en función de la actualidad editorial, de modo que los quince asistentes que participan de media lo mismo debaten sobre 'Balzac y la joven costurera china', de Dai Sijie, que de 'Una historia violenta', del malagueño Antonio Soler. Cruz aporta, en este sentido, otra particularidad que marca la diferencia en los clubes de lectura: la posibilidad de que en el debate participe el propio autor, caso de Soler, que acudió a uno de estos últimos encuentros mensuales.

Este contacto directo con el escritor supone sin duda un aliciente añadido en los clubes de lectura. En Proteo, por ejemplo, suele ser habitual la presencia de autores, sobre todo malagueños. «Percibíamos un hueco en la ciudad, de modo que nos lanzamos a hacer patria chica», resuelve Pepe Guerrero, cuyo negocio acumula más de cuarenta años de experiencia en la capital pero que puso en marcha este eficaz grupo de intercambio lector hace apenas uno.

Las bibliotecas municipales

Favorecer el contacto entre el autor y el lector no es, sin embargo, un fenómeno nuevo. Además del CAL, que incluye en sus programas varias citas en este sentido, la otra gran referencia de este esfuerzo desde el ámbito público se encuentra en las 18 bibliotecas municipales -más el Bibliobús itinerante- que se reparten a largo y ancho de la capital y que gestiona el Ayuntamiento de Málaga. En la actualidad funcionan 14 clubes de lectura (9 de adultos, uno juvenil y cuatro para niños) que tienen un éxito bastante apreciable y cuyo desarrollo está ligado, en la mayoría de los casos «a la construcción de las nuevas bibliotecas, a las que se han ido incorporando espacios específicos para estos encuentros». La frase sale de boca de la directora general de Cultura, Susana Martín, que fija como fecha definitiva para este impulso el año 2008 y que atribuye el mérito de que en apenas tres años las actividades casi se hayan triplicado a los bibliotecarios municipales, «cuya labor va mucho más allá de los propios clubes, con otro amplio catálogo de actividades que incluyen exposiciones, obras de teatro y, por supuesto, el encuentro con los autores».

Esta fórmula, la del contacto con los escritores, la aplican en exclusiva espacios como La Térmica, que a principios de año puso en marcha un club de lectura en colaboración con la editorial Planeta, o el Centro Cultural Generación del 27 y el Aula de Cultura de SUR, que impulsan el formato a través del ciclo 'Un café cargado de lecturas'. El mapa de la capital se completa con experiencias similares en tiendas como la Fnac e instituciones como el Ateneo de Málaga, que a través de su grupo 'Entre líneas' terminan por dibujar un escenario con cada vez más actores. Y eso, con la celebración del Día del Libro aún fresca en la retina, es un motivo de celebración colectiva. Igual que la lectura.

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