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Genética de los árboles para ayudar en la lucha contra el cambio climático

MÁLAGA INVESTIGA

Genética de los árboles para ayudar en la lucha contra el cambio climático

Concepción Ávila Licenciada en Química con especialidad en bioquímica y profesora de la UMA

15.03.14 - 10:44 -
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El proyecto de investigación de Concepción Ávila, bioquímica y profesora de la Universidad de Málaga (UMA), aún no está en marcha. Sin embargo, cuando arranque, su equipo tendrá que trabajar a contrarreloj. Su objetivo es obtener resultados para luchar contra una situación que se alcanzará en 2020. Ávila precisa que, mientras actualmente la producción de madera de los países miembros de la Unión Europea ronda los 420 millones de metros cúbicos y esa cantidad cubre la demanda, está previsto que para el citado año la necesidad supere por primera vez a la producción de este material.

Se trata de una situación que provocará que comience una tala indiscriminada de los bosques para suplir las necesidades energéticas e industriales de madera. «Los árboles son el gran sumidero de CO2 del planeta, por lo que no es un problema menor. Con nuestro proyecto pretendemos intentar aumentar la producción de biomasa, lo que de forma indirecta puede contrarrestar en parte el cambio climático», apunta.

Y la clave para ello se encuentra en la genética. En concreto, en la de los chopos. El que se trabaje con esta especie no es una coincidencia, sino que la investigación se centra en él porque tiene un crecimiento rápido, que oscila entre los tres y cinco años para convertirse en adulto. La idea, según explica Ávila, es estudiar su ADN para conocer cuáles son los genes que hacen que este árbol crezca más y sea más gordo, es decir, con una biomasa mayor. El trabajo del equipo dirigido por Ávila va encaminado a establecer una prueba diagnóstica que se aplicaría a los ejemplares de esta especie. «Cuando se sepa los genes que favorecen la acumulación de biomasa, ya que tienen un comportamiento de crecimiento mejor, se podrá determinar cuáles son las mejores unidades para plantar», asegura la profesora, quien apunta que de esta forma el material recolectado aumentará y el déficit de madera será menor.

Un camino largo

Sin embargo, el camino para llegar a este punto ha sido largo. En concreto, todo arrancó hace unos 30 años, cuando Ávila comenzó a estudiar la forma en la que las plantas utilizan el nitrógeno del suelo para su crecimiento. La importancia de esta sustancia en las especies vegetales es grande, puesto que es uno de los factores limitantes del desarrollo vegetal.

Aunque en un primer momento estos análisis los hizo en plantas herbáceas, diez años después la profesora dirigió sus investigaciones hacia el pino, que es uno de los árboles más antiguos e importantes de los bosques mediterráneos. Aun así, Ávila tuvo que decantarse por el chopo para su último proyecto, puesto que tarda menos en hacerse adulto. «Y es que el problema de trabajar con pino es que metodológicamente es muy complicado», insiste. Es un árbol duro, y con un ciclo de vida «tremendamente» largo, no como el de una planta de cosecha, que es de un año.

Además, el pino tiene un genoma siete veces mayor al del humano. Al respecto, explica que, gracias a las nuevas técnicas que han ido saliendo, en estos veinte años se han ido haciendo muchos avances en el estudio de sus genes y sus proteínas. De hecho, el grupo de la Universidad de Málaga liderado por el catedrático Francisco Cánovas y en el que participa Ávila fue el primero del mundo en secuenciar el transcriptoma de un pino. Se trata de la parte del ADN que se expresa y determina las características de un individuo.

«Todas las células tienen el mismo disco duro, pero unas usan una carpeta y otras no, y esto es lo que hace que tengan una función determinada», explica la profesora, quien añade que este hecho se ha logrado en el proyecto europeo Sustainpine.

Es una iniciativa en la que han participado otras universidades nacionales y del extranjero. Precisamente, la profesora insiste en la importancia de la colaboración, sobre todo con los centros que no son españoles y en los que hay una fuere investigación forestal, como pueden ser los países nórdicos, como Finlandia o Suecia, y con grupos en Estados Unidos o Canadá.

Pocos grupos

Reconoce que en España hay pocos grupos que trabajen en el campo de la Biología Molecular de los árboles. Pese a ello, Ávila destaca el alto número de expertos en bioquímica y el gran nivel de estos profesionales. «Muchos de ellos están fuera del país, y se han tenido que marchar porque no hay trabajo, ni se les han dado facilidades», apunta.

Esta investigadora insiste en que sus compañeros tienen una gran vocación, que es lo «indispensable» para poder dedicarse a este sector. «Hay épocas en que por mucho que te esfuerces no obtienes nada. Si eres cabezón y continúas, al final conseguirás que te salga», afirma. También es necesario el «optimismo», indica. Precisamente, estas dos cualidades no faltan entre los investigadores de ciencias de la UMA. «Si pasas un fin de semana cualquiera por la facultad, siempre hay alguna luz encendida y te preguntas en qué experimento estarán trabajando, concluye.

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Concepción Ávila. :: ÁLVARO CABRERA

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