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El fiestón de Tisci, el rey de la alta costura

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El fiestón de Tisci, el rey de la alta costura

Es el diseñador de moda que más exprime la noche. «Nací y moriré en una discoteca», advierte este italiano de origen humilde, que desconfía de los hombres de traje y corbata y que se rodea de celebrities

05.01.14 - 01:39 -
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La vida es una fiesta continua para Riccardo Tisci (Taranto, Italia, 1974). El artífice de la resurrección de Givenchy, mítica casa francesa que perdió su aura a finales del siglo pasado, nunca ha ocultado su pasión por la farra. «Nací y moriré en una discoteca. Me encanta bailar, el sexo y disfrutar», confiesa. No tiene ningún interés en que la muerte le sorprenda entre agujas y alfileres. «La noche representa la celebración más pura». Al fin y al cabo, él duerme muy poco. «Mi madre siempre dice que desde que nací apenas he dormido». Le bastan cinco horas diarias y, además, la música le gusta mucho más que la moda. Solo hay que ver lo bien que se lo pasa junto a Kanye West, Rihanna (le diseña el vestuario de las giras), Kate Perry, Beyoncé, Pharrel Williams, Courtney Love, Naomi Campbell... Y, sobre todo, Madonna. Es la persona que mejor saber divertirse «sobre la faz de la tierra».

Riccardo y su exclusiva pandilla suelen cerrar los garitos de moda y después se toman la última copa en alguna de sus lujosas mansiones. «Siempre acabamos en casa de Madonna. Su energía mueve edificios». También se corre grandes juergas con Jay-Z, uno de los artistas de hip-hop más exitosos. «Artística e intelectualmente está por delante de todos y es muy bueno si hay que salir de fiesta». Tisci conoce las direcciones de los mejores clubes de Londres, Río de Janeiro, Berlín... Tampoco repara en gastos. Lo mismo se sube a un avión para asistir a la inauguración de la última discoteca ibicenca, que para escuchar a un DJ en Miami.

No se sabe si el director creativo de Givenchy desde hace nueve años acude a los famosos o es él quien los atrae. Pero desde los tiempos de Versace no existía una comunión tan sagrada entre el mundo de la fama y la moda. Tampoco un modisto al que las celebrities rindieran tanta pleitesía. Jessica Chastain y Kim Kardashian han sido de las últimas en incorporarse a su celebérrimo círculo de amistades. Confiesa que son sus amigos y que nunca ha pagado a ninguno por vestir sus modelos. «Como mucho» ha mandado «un mensaje» a Rihanna, a la que tilda de «icono de la juventud negra.

Los famosos aprecian la «fidelidad» de Tisci. De hecho, él se enorgullece de trabajar únicamente con los «originales» y se niega a colaborar con copias. «Nunca vestiré a la nueva Madonna ni a la nueva Marina Abramovic», advierte este creador que exprime la noche y el día. Cómo explicar, si no, el premio que le distinguió el pasado junio en Nueva York como el mejor creador internacional en los galardones CFDA (los Oscar de la Moda). Tisci, que utiliza de musa a la transexual brasileña Lea T., es un revolucionario. Decidió en 2010 que las colecciones de alta costura dejaran de mostrarse en un desfile. Optó por una presentación y una foto en grupo. Sin más.

Cuando cayó en Givenchy la firma «estaba totalmente destruida». Apenas quedaba nada del recuerdo de su creador, Hubert, y del estilo que inmortalizó Audrey Hepburn. La empresa, fundada en 1952, no tenía ni fotocopiadora. «No podía entender por qué tenía tantas deudas esta casa». Su arranque fue bastante complicado. «Con mis primeras colecciones me despellejaron, aunque no guardo rencor a toda esa gente que fue agresiva conmigo», confesó a Pamela Golbin, conservadora jefe del Museo de las Artes Decorativas de París.

El modisto de la sudadera

El modisto que ha convertido la sudadera en prenda fetiche y desconfía de los hombres «con traje y corbata» tiene los pies en la tierra. «Mi vida ha cambiado mucho, pero yo no». Procedente de una familia muy pobre, cuando regresa a Italia sale por su pueblo a comprar el pan y friega los platos al terminar de comer. El único hombre de la familia solo tenía en mente ayudar a su madre, Emelinda, y a sus ocho hermanas. Su padre desapareció cuando él tenía cuatro años. Se siente muy afortunado por todas las personas «interesantes e inmensamente ricas» a las que ha conocido gracias a la moda. Un mundo, sin embargo, bastante «peligroso. Hay gente que está muy sola y vacía. Lleva una vida fantástica, pero está en una jaula de cristal y de oro».

El nuevo rey de la alta costura torea con éxito las peores tentaciones. Quizá porque solo es competitivo consigo mismo y «nunca he sido envidioso». Obsesionado con el orden -«me permite ver lo que hay dentro del desorden»- y la limpieza -«he recibido una educación católica y siempre me decían que había que lavarse las manos antes de comer»-, sigue siendo una máquina de hacer dinero «explorando lo feo y lo horrible». Asegura que ha logrado liberarse «de la belleza» y que no se fija en el trabajo de los demás. «Hace tres años que no miro una revista de moda», recalca. Así evita «contaminarse» para poder ofrecer algo nuevo. Y mientras la crítica y los famosos le enaltecen, el «rey del cotilleo» solo piensa en las noches de fiesta. «Moriré en una 'rave'», pronostica.

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