Aunque en su etimología la palabra carnaval no encuentra un origen único según los estudiosos (me inclino por la latina 'carne levare', abandonar la carne), sí existe un consenso unánime en que la fiesta se celebra por contraposición a la cuaresma cristiana, como casi todo el mundo sabe. Pero como no se trata de estar en contraposición permanente con todo, y como, de otro lado, en clave personal, soy hijo de gaditano y en mi casa se ha disfrutado durante años del concurso de agrupaciones de Cádiz como si fuera propio, he querido este lunes hacer un pequeño paréntesis de la crítica política, para dejar espacio a la alabanza del certamen de nuestra ciudad, que hasta ahora ni conocía. Un error, esta ignorancia, de los muchos que me adornan, que he conseguido enmendar durante la semana pasada asistiendo a las semifinales y final del mismo. Y lo he hecho casi de forma accidental, motivado en parte por la amistad o conocimiento de personas como Francis Ruiz, Carlos Pariente o Félix Godoy, auténticos herederos, entre muchos otros, de una generación que recuperó la fiesta para Málaga hace ya más de tres décadas. De esta forma he pasado varias noches disfrutando de agrupaciones diversas de nuestra provincia o incluso de fuera, escuchando cuplés o pasodobles que contaban desde los más simples hechos cotidianos, pasando por la evocación en el recuerdo de los seres queridos que ya se fueron, hasta clamar por las políticas antisociales o exigir la rebelión colectiva. Como escribiera el colosal Cervantes para otro menester, contentos, porque «aunque puedan quitarles la esperanza, no pueden quitarles el pensamiento».
Este carnaval merece la pena. El Ayuntamiento y la Diputación ya están apostando por él. Aunque da la impresión que lo hacen a medio gas o algo acomplejados. Falta la Junta de Andalucía. La administración regional no puede darle la espalda a esta manifestación cultural. No entender su explotación turística es además un error de bulto. Acepten el consejo: confíen y súbanse al carro. El carnaval no sólo no muerde, sino que suele gustar y termina enganchando. Sólo hace falta que la ciudadanía malagueña se acerque y descubra la fiesta. Mi enhorabuena a la Fundación.