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Alfonso Sánchez-Guitard: «Llevamos décadas preguntando simplemente por qué»

PASEO CON FIGURA

Alfonso Sánchez-Guitard: «Llevamos décadas preguntando simplemente por qué»

Entre Astilleros Nereo, el varadero a poniente de Pedregalejo, y el taller de cerámica de Cipriano Algor en 'La caverna' de Saramago destinado a desaparecer por la presión de un centro comercial, hay una diferencia: el astillero malagueño de carpintería tradicional de ribera ha resistido. Hasta ahora David ha frenado a Goliat con la fuerza de la razón, pero con un desgaste amargo.

14.10.12 - 01:23 -
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Entre Astilleros Nereo, el varadero a poniente de Pedregalejo, y el taller de cerámica de Cipriano Algor en 'La caverna' de Saramago destinado a desaparecer por la presión de un centro comercial, hay una diferencia: el astillero malagueño de carpintería tradicional de ribera ha resistido. Eso sí, llevan casi treinta y cinco años bajo una presión «insoportable» para demolerlo y prolongar linealmente el paseo marítimo de Las Acacias en lugar de trazar una pequeña curva de muy pocos metros, como otras ya existentes desde Merlo a Antonio Martín. Hasta ahora David ha frenado a Goliat con la fuerza de la razón, pero con un desgaste amargo.
-Son más de treinta años de acoso feroz. Llevamos décadas preguntando simplemente por qué.
Alfonso Sánchez-Guitard tenía siete años cuando empezó esa guerra al construirse el paseo de Las Acacias; ahora pasa de los cuarenta. Nació en 1971 en el barrio de pescadores -«yo conocí esto cuando las calles todavía eran de arena de playa»- y le tocó heredar el conflicto en el que su padre nunca se rindió. De hecho, camino del hospital para operarse de cáncer ya desahuciado, se detuvo en Costas a presentar alegaciones por última vez. Su madre sigue dirigiendo a la tropa de diez hermanos; «yo solo soy carpintero», dice con orgullo -su bisabuelo ya construía barcos de cabotaje en la rada de Estepona- más que de su licenciatura de Historia.
Nereo es un icono de la carpintería de ribera con una tradición de siglos. La playa de San Telmo sirve de varadero y embarcadero desde siempre. Alfonso hace memoria: a finales del XIX ya había una nave allí, en los años veinte llamada 'Carenero Nogueras', después Don Pascual, Cabo Páez. hasta que en los sesenta se establece su familia. Pero desde 1978 se decreta su extinción con el argumento incomprensible de hacer pasar por encima el paseo; y aunque en los tribunales siempre han ganado, el acoso perdura en los ochenta, en los noventa, en el siglo XXI dejando que aquello se deteriore: «Qué obsesión, y qué incapacidad para integrar mientras en Galicia o Mallorca se protegen sitios como este».
-A veces esto no parece una democracia- dice con desencanto.
A pesar del acoso, en Nereo se construye ahora la réplica del Galveztown, el bergantín con el que el malagueño Gálvez se convirtió en héroe de la Independencia americana, en colaboración con Estados Unidos; también la réplica del pecio fenicio de Mazarrón, proyecto declarado de Interés Público por el Gobierno, que él explica apasionadamente porque tiene la misma técnica constructiva que las jábegas y los mismos símbolos del sincretismo mediterráneo; recientemente han restaurado el espolón de la diosa Minerva del Juan Sebastián Elcano... «Llevan veinte años transmitiendo falsamente que aquí no hay actividad, y eso nos ha hecho mucho daño». Pero la vieja carpintería de ribera está viva.
-¿De verdad tiene sentido destruir esto? Yo creo que es el momento de darse la mano y trabajar juntos. La ciudad sería mejor.
Alfonso abre los portones del varadero con la mano izquierda, porque la derecha la lleva aún vendada tras perder parte de tres dedos este verano -«gajes del oficio», sonríe con su sencillez nada impostada- y ante una tarde espectacular de mar explica su proyecto: «hacer un embarcadero museo con los barcos históricos y tradicionales que han traído civilización a Málaga: fenicio, egipcio, griego, romano, árabe.». La idea es bonita, y de lo más convincente en una ciudad que ha despilfarrado en museos vacíos. «Incluso para el pantalán podríamos aprovechar la madera de los eucaliptos que se están talando; es la que se usa en Galicia, y se cortaría en el propio astillero». El ecomuseo interactivo encaja en el turismo de cuarta generación, «integrado en el barrio, una joya porque conserva su gente, sus tradiciones, su impronta, su gastronomía; no como en Mallorca, con cascos similares protegidos por interés etnológico pero habitados por alemanes». Después de tantos años le sobraban razones para haber perdido la fe en esta ciudad con mala memoria histórica, pero aún conserva la pasión por salvar la vieja carpintería de ribera.
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Alfonso Sánchez-Guitard: «Llevamos décadas preguntando simplemente por qué»

Sánchez-Guitard quiere hacer un embarcadero museo con barcos históricos. :: SALVADOR SALAS

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