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«Llegó a tapiarme la ventana para que no hablara con nadie»

MÁLAGA

«Llegó a tapiarme la ventana para que no hablara con nadie»

Más de 300 mujeres y sus hijos pasan cada año por los recursos de alojamiento de la Junta para ayudar a las víctimas de malos tratos

12.09.12 - 01:39 -
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Las mujeres víctimas de malos tratos permanecen una media de cuatro y cinco meses en las casas de acogida. Salvador Salas
«He vivido como un pájaro enjaulado, solo podía salir de mi casa para hacer la compra y apenas veía la luz del día hasta el punto de que me molestaba la claridad del sol; mi relación se convirtió casi en un secuestro en el que mis hijos también vivieron el miedo, los gritos y los golpes». El escalofriante testimonio de Marta (nombre ficticio), de 30 años, es solo uno de los muchos que han vivido las mujeres víctimas de malos tratos que han pasado por las casas de acogida de la Junta de Andalucía en la provincia. Un recurso que, junto a los centros de emergencia y el piso tutelado, ha servido de refugio para un total de 133 mujeres con sus hijos, hasta llegar a las 309 personas.
De novios, cuenta Marta, nada hacía presagiar que su ex pareja se convertiría en un monstruo. «Era un encanto», recuerda ella, pero un año y medio más tarde empezaron las peleas y los malos tratos, que se acentuaron con los años. Cuando llegaron los hijos, pensó que todo cambiaría y que recuperarían la relación, pero no hizo más que empeorar.
«Cualquier excusa era buena para los golpes y las amenazas pero aguanté más de ocho años porque no me creía capaz de salir adelante sola con mis hijos, él se ocupó de repetírmelo muchas veces», explica, al tiempo que reconoce que sentía una gran dependencia hacia su maltratador.
Poco a poco, cuenta esta afectada, se fue separando de los amigos y de la familia hasta quedarse sola con su pareja. «Llegó un momento en el que solo podía hablar con una vecina por la ventana a través del ojo de patio, y me la tapo para que no pudiera tener contacto con nadie», afirma. Precisamente esta vecina fue la que le animó a salir de su prisión.
Apoyo de emergencia
Marta ya ha pasado por todo el proceso de recuperación. «La mayoría de la salida de las mujeres con alto riesgo de sus casas no lo puede hacer de forma programada y se marchan con lo puesto, así que contamos con centros de emergencia para atenderlas a ellas y a sus hijos», señala Estefanía Martín Palop, nueva coordinadora del Instituto Andaluz de la Mujer en Málaga desde el pasado mes de agosto. En total, 228 personas pasaron el pasado año por este recurso, unas 164 en lo que va de año.
De ahí, pasan a la casa de acogida, siempre en una familia diferente a la que residen, donde se trata de que las mujeres hagan una vida lo más normal posible mientras que realizan terapia individual, en grupo o, si lo precisan, también se atiende psicológicamente a sus hijos. Un equipo multidisciplinar formado por educadores, psicólogos y orientadores tratan de que recuperen la autoestima minada durante años de palizas e insultos. Y les ayudan a plantearse qué tipo de vida quieren tener a partir del momento en el que han dado el paso de denunciar. Por las casas de la provincia pasaron en 2011 un total de 87 mujeres y sus hijos. En lo que llevamos de año, ya han necesitado este recurso 74.
Martín Palop señala que la violencia machista se sigue manteniendo e incluso ha crecido un 0,8% con respecto al año anterior. En la región, se han atendido 6.390 mujeres, de las que 1.516 solicitaron medidas de protección, que se concedió en el 66,8 % de los casos. «Sin embargo, creemos que son muchas más las que sufren malos tratos y no llegan a denunciar o a pedir ayuda», lamenta la coordinadora del IAM, quien asegura que la sociedad debe sensibilizarse más con esta lacra y denunciar si conocen un caso de malos tratos.
El tiempo medio de estancia en la casa de acogida es de cuatro o cinco meses. Aunque no hay tiempo límite, solo el que necesite. Según Palop, el 80% de las mujeres consiguieron rehacer sus vidas y no regresaron con sus maltratadores.
El delegado del Gobierno andaluz en Málaga, José Luis Ruiz Espejo, recordó que la Junta no ha reducido el importe de las ayudas destinadas a estas mujeres pese a la crisis económica y que asciende a 5,874 millones de euros.
Otra de las residentes de la casa de acogida, Raquel (nombre ficticio) llegó hace tres meses al piso de Málaga con dos niños. Huía de un infierno de golpes. Ahora sólo tiene un objetivo en la vida: «ser feliz». Habla con la voz rota y se emociona con los recuerdos: «Llevábamos seis años juntos. Primero el maltrato era psicológico, el físico llegó después».
Para esta joven de 35 años hubo una paliza que le abrió los ojos. Marcó un antes y un después: «ahora en este piso tengo de nuevo esperanza, una vida y mis hijos estabilidad. La mayor, que arrastraba fracaso escolar, ya está aprobando», explica. «Quiero recuperar mi vida, tengo derecho a ser feliz», dice.
Huir para vivir
Por su parte su vecina Laura, de 33 años y con tres retoños, abre la puerta de su piso ya con un pañuelo en la mano. Contar su experiencia es muy doloroso para ella: «Hemos estado ocho años juntos. Al principio todo era maravilloso, perfecto. A los tres años de casados cambió. Me prometía que no iba a volver a pegarme e incluso intentó hacer terapia. Pero a los quince días todo volvía a ocurrir. Aquello no era vida ni para mí ni para mis hijos», relata. Las lágrimas empiezan a florecer de sus ojos cuando piensa en todo lo que dejó atrás: «Yo tenía un techo, mi casa, pertenencias. Lo tenía casi todo, no me faltaba de nada. No es justo que sea yo la salga huyendo cuando no he hecho nada. Él tenía que haber entrado a prisión antes y sin embargo fui yo la que escapó de casa», cuenta entre sollozos. ¿Sobre el futuro? Laura lo tiene claro: «Seguir luchando por mis hijos. Aunque no es fácil no me queda otra. «Sin este programa yo no sé donde estaría ahora. No quiero ni pensarlo».
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