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Rafael Santandreu, psicólogo: «Para ser feliz no hace falta nada»

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Rafael Santandreu, psicólogo: «Para ser feliz no hace falta nada»

«La gente es muy quejica», cree el autor de 'El arte de no amargarse la vida', libro en el que anima a liberarse de «creencias irracionales»

01.06.12 - 01:27 -
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En una época en la que la sociedad no gana para preocupaciones, hay alguien que alza la voz para demostrar que es posible ser feliz. El 'atrevido' es Rafael Santandreu, que con 'El arte de no amargarse la vida' (Oniro) se ha convertido en una de las revelaciones de las listas de ventas editoriales de las últimas semanas. Basándose en la psicología cognitiva, el especialista catalán toma como ejemplo tanto casos reales que han pasado por su consulta como sus propias historias para animar a la sociedad a cambiar de mentalidad y disfrutar con lo mínimo. «Necesitamos muy poco para estar bien». Partiendo de esa premisa, Santandreu ofrece algunas claves para romper con «creencias irracionales» que nos pueden nublar la existencia. De todo ello hablará hoy en Fnac Málaga.
-¿Nos amargamos demasiado?
-La gente es muy quejica. Con la crisis del 82, mi padre se pasó tres o cuatro años en el paro. Ahora llevamos menos tiempo, partiendo de la bonanza; entonces, partíamos de una situación peor. También en el 92 vivimos otra crisis con un 20% de parados. No es nada nuevo.
-Pero es difícil plantearlo a alguien que se ha quedado sin trabajo y tiene una familia a su cargo...
-Insisto, son unos quejicas, pueden vivir con sus padres, no pasa nada. Lo que ocurre es que hemos llegado a un momento en el que vivir con los padres es una vergüenza. Ese es el problema.
-Eso choca con la independencia...
-Yo no entiendo esa exigencia de ser independiente. ¿Por qué? ¡Si el hombre es un ser dependiente por naturaleza!
-Quizás sea cuestión de necesidad.
-Pero es que la gente tiene muchas necesidades... por ejemplo, sobre los hijos y la educación. Los niños no necesitan ni una cincuenta parte de lo que les dan los padres, todo eso de más es malo. Yo vengo de una familia muy humilde. Recuerdo haber tenido unos pantalones tejanos durante unos tres años. Todos los niños por aquella época éramos igualmente pobres, pero bastante felices, y los padres también. Nuestra sociedad está superenferma de exigencias, ese es el problema, nos exigimos increíblemente a nosotros mismos y a todos los demás. Por ejemplo, exigimos a los políticos que todo funcione perfectamente, pero eso es imposible y además no es necesario, los políticos lo hacen bastante bien. Es que es imposible que lo hagan mejor.
-¿Por qué?
-Porque el ser humano es fallón por naturaleza: de diez cosas que emprende, acierta tres y falla siete.
-Por eso es bueno exigir...
-No, nunca. Puedes sugerir, pero no exigir. Exigir solo conduce a la neurosis, significa estar con un gran malestar porque no se tiene lo que se quiere. Pero también exigir lleva a rendir poco. Está comprobado que vas a conseguir menos cosas que si simplemente sugieres. Porque sugerir da espacio a la inteligencia, a la buena planificación y a la insistencia, que son las tres grandes herramientas para conseguir cosas de los demás. Se consiguen muy pocas cosas exigiendo.
Nivel de vida irreal
-¿Ni a los políticos?
-Jamás los políticos, ni nosotros, harán más de tres cosas bien de diez. Es muy difícil subir ese ratio. Pero no pasa nada, los políticos lo han hecho de puta madre, ¿cuándo hemos conseguido tanta bonanza? Lo que ocurre es que la gente se ha acostumbrado a un nivel de vida irreal. Lo que hay que hacer en tiempos de bonanza es ahorrar y aguantar cómodamente en los que no hay bonanza. Jamás hemos estado tan bien. Mira, mi padre comía carne tres veces al año. Y como él, en los años cincuenta, vivía el 80% de la gente.
-¿Y eso cómo se le dice a todas esas personas que se encuentran al borde de la pobreza?
-¿En España? Aquí no hay gente pobre. Nadie en España necesita nuestra solidaridad. Si me dices África, vale, pero en España no. El 30% de la comida que se produce en nuestro país se tira, tanto en las fábricas, las tiendas, los restaurantes y los hoteles, como en las casas privadas. Con ese 30% sobra para alimentar a todo el mundo en el país. Solo tienes que ir y pedirlo. Otra cosa es que consideren indigno pedir.
-¿Realmente lo cree?
-Es que hay creencias irracionales que nos ha metido la sociedad en la cabeza durante años: tienes que ser guapo, estar en forma, tener pareja, hijos, un piso en propiedad, vestir muy bien, ir a la moda, ser inteligente, extrovertido, tener muchos amigos, y si te falta todo eso, eres un desgraciado. Es mentira, si consigues todo eso no serás más feliz. No es necesario.
-¿La felicidad existe?
-Por supuesto. Bueno, felicidad es una palabra muy general. Yo prefiero utilizar el concepto del confort de la existencia, del que hablan mucho los budistas. Realmente, para ser feliz no hace falta nada. La comida y la bebida del día, poco más.
-Entonces, ¿amargarse la vida también es un arte? Ahora se habla mucho de la gente tóxica...
-La gente tóxica es gente neurótica que se exige mucho a sí misma y a los demás, y que anda por el mundo 'terribilizando'. No creo que sea un arte, es muy fácil caer en eso. Lo único que tienes que hacer es imaginar universos ideales y coger un berrinche cada vez que no se cumplen. Es un mal uso de la fantasía, lo que los italianos llaman un iluso del uso. Y eso te atrapa como un círculo vicioso y te acabas alimentando de 'comida basura' emocional: el éxito, el reconocimiento, momentos de placer momentáneos como el sexual, el de comer mucho o jugar a las máquinas tragaperras, para luego volver a caer.
-¿Y dónde está el error?
-En la mala filosofía. Estamos en un momento de la humanidad en el que hay más conocimientos tecnológicos que filosóficos. Como hemos dejado de prestarle atención a eso, estamos en un mal momento y peor será porque la tendencia es que el malestar emocional va a aumentar. En el futuro será un problema a nivel económico mayor que de los bancos. No olvidemos que los antidepresivos ya son el segundo medicamento más vendido, dentro de veinte años será el número uno.
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Santandreu presenta su libro estos días en Málaga. :: FERNANDO GONZÁLEZ

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