El día debería tener 48 horas y la semana 14 días. El tiempo se le ha quedado corto. Un salto meteórico de la soledad de su estudio-garaje a la locura de los escenarios ante los que miles de seguidoras abducidas devoran sus canciones y las cantan como si llevasen toda la vida esperándolas. Siempre se repite el mismo cartel: 'Entradas agotadas'. Ha arrasado en la frenética gira que ha llevado las canciones de 'Pablo Alborán. En Acústico' hasta México, Puerto Rico y Miami y a 35 ciudades españolas.
El cantautor y músico malagueño llegará el próximo sábado a Málaga con los 23 años recién cumplidos para cerrar su gira española. Después, gira en Portugal. En julio, volverá a América. Su agenda es de locos. El tiempo se le ha quedado cortísimo.
Admirador de las grandes composiciones para bandas sonoras de John Barry y John Willians y devorador de todo tipo de música, Pablo Moreno de Alborán Ferrándiz, empezó a componer en serio a los 12 años. Como quien dice, era ayer cuando andaba presentando sus canciones en pequeños locales de Málaga y Madrid. En junio de 2010 se subió al escenario del Teatro Echegaray para la presentación nacional de su primer disco con Estrella Morente y Diana Navarro de madrinas. A partir de ahí, la locura. La tormenta perfecta. En un tiempo récord, sus canciones han desbancado a grandes de la música internacional del número uno de ventas, generando más de 50 millones de visitas en YouTube. Su álbum debut homónimo ganó cuatro discos de platino, fue nominado a tres Grammy Latinos y le llovieron los galardones.
Los premios caen como una lluvia y las fans llegan como un tsunami. «Quieren tocarlo como si fuese el Papa», apunta una persona cercana a este fenómeno musical, deseado hasta la locura y piropeado hasta el desmayo. El número de autógrafos que ha firmado y las fotografías que se ha hecho con sus fans podrían entrar fácilmente en el libro Guinness.
Vocación, talento, voluntad, trabajo y ternura. Mucha ternura. En su voz y en sus letras. Y además, guapo. Muy guapo. Sobre los escenarios, su belleza exterior. En sus letras y en sus melodías, la interior, la más difícil de encontrar. Como también es difícil de encontrar en estos tiempos huecos de 'majaretismo' televisivo un ídolo sencillo, natural y culto. Y él lo es. Un cóctel melódico que ha revolucionado su vida y los esquemas de los discográficas.
No es perfecto. Le puede la impaciencia. Pero el defecto se transformó en virtud para tocar el primer éxito. Desesperado por dar a conocer sus canciones, colgó en YouTube un vídeo casero con su tema 'Solamente tú'. Y soltó la bomba. Internet, como el número uno en ventas, se rindió sin condiciones. Y la red social Twitter, donde tiene casi un millón de seguidores. El iPhone, como su guitarra, es un compañero inseparable de la mañana a la noche, en ese día que debería tener 48 horas.
-No te cansas de repetir en las entrevistas que el secreto de tu éxito es Internet. Algo habrás puesto tú de tu parte.
-Por supuesto que algo he puesto de mi parte, lo que pasa es que cuando lo puse en Internet, ocurrió algo mágico. Las redes sociales son una conexión increíble y directa que los artistas tenemos para llegar a los seguidores y eso ha cambiado el mundo de la promoción.
-'Los niños no lloran'. Es un clásico de la educación que reciben los chicos. Escribir de emociones, ¿valentía o necesidad?
-Creo que eso fue en la generación anterior. Yo siempre que he necesitado llorar he llorado y creo que nadie ha pensado que sea menos por ello. Todos necesitamos una vía para expresarnos y la mía es la música.
-Chico tierno o chico duro. Parece que el crecimiento imparable de tus fans certifican la victoria de la ternura por goleada.
-Yo creo que no ven a alguien tierno o alguien duro, ven a Pablo. Pero realmente no sé lo que ven en mí.
Su Maestro Joda
-'¡No trates de hacerlo... ¡hazlo!, de lo contrario, ni siquiera vale la pena que lo intentes', le decía Maestro Joda a Luke Skywalker en 'El imperio contraataca'. ¿Quién ha sido tu Maestro Joda?
-Mi hermano. Es una de las personas que más me quiere y que más dura ha sido.
-Cuando piensas que una canción tuya puede ser puente para el amor o para un momento que siempre permanecerá, ¿no te tiemblan las piernas?
-Creo que una cosa es la canción que compongo y otra la canción que la gente escucha y construye a partir de ella. Creo que mis canciones son obras abiertas para que cada cual escriba su vida en ellas.
-Una curiosidad. Sentirse tan admirado y deseado, ¿alimenta la autoestima o el miedo?
-Alimenta la soledad.
-Decía Tagore que 'tu trabajo es descubrir tu trabajo y luego entregarte a él con todo el corazón'. ¿Pablo Alborán es un alumno aventajado del poeta bengalí?
-Hay gente que me conoce bien que dice que desde pequeño sabía lo que quería. Yo la verdad es que no me acuerdo, pero deben tener razón.
-Dicen los que mandan en las casas discográficas que eres un fenómeno. ¿Cómo se te queda el cuerpo?
-Estoy aprendiendo mucho del mundo de la música. Afortunadamente lo que a mí me sigue importando es la música en sí.
-A punto de cerrar una gira de infarto y a punto de lanzar un nuevo disco. ¿Qué has aprendido de esta intensidad?
-Que cada día me gusta más lo que hago, he tenido mucha suerte y que tengo mucho por lo que dar gracias.
-Tanto éxito, ¿no temes que pueda trastornarte?
-No me preocupa demasiado que me trastorne, es hasta cierto punto inevitable, lo que me preocuparía es que me cambiase.
-Con todo lo que movilizas, ¿no te has planteado cantar un dueto con Merkel para salvar la economía?
-Si la música pudiera ayudar a mejorar esta crisis, sería el primero en cantar con quien hiciera falta.
-¿Y qué queda de aquel estudiante del Liceo Francés que cantaba sus temas a las niñas de Málaga?
-Todo y nada, ahora tengo unos años más y unos cuantos kilómetros a la espalda pero aún conservo la misma pandilla de siempre, que es la gente que me ayuda a no olvidarme de quién soy.
-¿Qué te cantaban cuando eras niño?
-Desde que tengo memoria, recuerdo todo tipo de música a mi alrededor.
-¿Te han servido más los consejos de tu padre o de tu madre?
-La verdad es que ninguno de los dos me da consejos. Mi padre siempre me da su opinión abiertamente y a mi madre solamente tengo que mirarle a los ojos.
-Tu guitarra, ¿tiene más de madre, de amiga o de novia?
-De ninguna de las tres. Es mi compañera.
-Ponerle letra y música al dolor, ¿ayuda a que se diluya?
-Como dice un libro que he leído últimamente, se habla mucho la inutilidad del arte pero no del consuelo que procura.
Su pandilla de amigos
-Tanto cantarle al amor, ¿lograrás que bajen los índices de divorcio?
-¡Qué más quisiera yo que mi música ayudara a que cosas importantes no se rompieran!
-Además de amor, ¿qué otras palabras escribes con mayúsculas?
-CALMA.
-El tuyo ha sido un éxito meteórico. ¿Tienes que pellizcarte de vez en cuando?
-Hay muchas cosas en mi vida que me mantienen todos los días con los pies en el suelo.
-¿Y qué cosas te sirven de ancla?
-Mi familia y el no haber cambiado mis costumbres del día a día en Málaga. Y por supuesto seguir teniendo mi pandilla de amigos de toda la vida. Hay una cosa que prima ante todo y es que la música, entendida como expresión y como vía de escape, se ha convertido en una necesidad para mí.
-En apenas un año, disco de platino, 400.000 copias vendidas, una gira con entradas agotadas, tres nominaciones a los Grammy Latinos y más de un millón de amigos en Twitter y Facebook. ¿Que has dejado para los próximos doce meses?
-Nuevo disco en noviembre, nuevas ilusiones y seguir luchando por un sitio en la música.
-Cierras la gira española en Málaga, ¿responsabilidad o alivio?
-Cuando vuelves a casa siempre es un motivo de alegría, aunque para mí es un concierto muy importante y creo que, en cierta manera, cierra una etapa, y me alegra que esto pase en Málaga.