Había sido una noche más floja de lo normal para un domingo. El frío siberiano tampoco ayudó demasiado. Solo un par de mesas y apenas 70 euros de caja. Al terminar la jornada, Carlos López, que regenta junto a su mujer el restaurante italiano La Traviatta, en Teatinos, le dijo al camarero que se marchara y se quedó un rato en la cocina preparando unos postres.
Lo asaltaron cuando se disponía a cerrar, sobre las dos de la madrugada del pasado día 6. «Apagué la luz y, al girarme, vi que dos muchachos entraban en el local. Les pregunté qué querían y escuché cómo uno de ellos le decía al otro: 'Tírale a la cabeza'». Lo que lanzaron fue, según Carlos, un cascote de los escombros de unas obras cercanas.
Le siguieron más golpes. Dice que le dieron patadas y le pegaron con sillas del establecimiento. «Sin mediar palabra», precisa la víctima, que lleva desde entonces encamada por culpa de las numerosas secuelas físicas que le dejó el asalto. Ha sufrido varias brechas en la cabeza y en la pierna derecha que han requerido más de cien puntos de sutura; tiene la pierna y el brazo izquierdos escayolados por una fractura en la tibia y una fisura en el codo.
El forcejeo duró unos cinco minutos en los que, dice, «me defendí como pude con las sillas». El restaurador relata que, una vez que lo tenían en el suelo, uno de los asaltantes se quedó con él, mientras que el otro se dedicó a registrar el local en busca del botín. «El que se quedó a mi lado cogió un cuchillo y me lo puso en el cuello. Me dijo que quería más dinero y que, si no se lo daba, me mataría», cuenta el afectado.
Los cacos, que actuaron a cara descubierta, aprovechando que el local estaba a oscuras, se apoderaron de un botín de unos 400 euros en efectivo, un ordenador portátil y dos teléfonos móviles. Al marcharse, se llevaron también una motocicleta y sendos cascos.
Avances en la investigación
Cuando vio que se habían ido, el empresario se incorporó como pudo y se desplazó al Hospital Clínico Universitario. El establecimiento está en la avenida de Plutarco, que es paralela a la entrada de urgencias del centro sanitario. Allí le curaron las lesiones que presentaba y avisaron a la Policía Nacional, que se ha hecho cargo de la investigación del suceso. Carlos López solo tiene palabras de agradecimiento para los agentes. «Nuestra policía es lo mejor que tenemos», expresó, en alusión a los avances que se han producido en el caso, ya que, al parecer, está en vías de resolución.
Más allá de las heridas, el hostelero alude a la violencia gratuita que emplearon los asaltantes. «Si me hubiesen dicho que aquello era un robo, me hubiera quedado quieto y se lo habría dado todo», se lamenta.