Piedras, barro y vegetación arrastrada por la corriente del río Guadiaro, entre otros elementos, son, por desgracia, la tarjeta de visita de la Cueva del Gato. Y es que el puente de madera que da acceso al paraje natural de incalculable belleza continúa destrozado dos años después de que las intensas lluvias que azotaron a la Serranía de Ronda se llevaran por delante la infraestructura, concretamente a finales de diciembre de 2009. No obstante, la situación no desanima a los cientos de visitantes que deciden acudir al enclave que a finales de este año fue declarado Monumento Natural por la Junta de Andalucía. El nombramiento, que conllevará una mayor protección del lugar, se refiere únicamente a la cavidad subterránea y su entrada y no así a su entorno. Pero no cabe duda de que éste debe estar en perfecto estado con el objeto de facilitar el acceso al espacio.
La situación ha generado cierto malestar entre los lugareños y visitantes, sobre todo, entre éstos últimos que tienen que saltar, literalmente, y andarse con cuidado al pasar por el puente ante el peligro de sufrir resbalones y pequeños incidentes. Además, no solo el puente está en mal estado sino también las vallas de madera que bordean el recinto y conducen a los visitantes hasta la entrada de la cueva. El problema se agrava en invierno y otoño, coincidiendo principalmente con la temporada de lluvias. Con el buen tiempo, desgraciadamente, son muchos los visitantes los que suelen dejar basura en la zona.
Compromiso verbal
Según informó el delegado provincial de Medio Ambiente, Francisco Fernández, en los primeros meses de 2011 tuvo lugar una reunión entre su antecesora en el cargo, Remedios Martel, que dejó el puesto tras ser nombrada delegada del Gobierno andaluz en Málaga, y el alcalde de Benaoján, el independiente Francisco Gómez, en la que se llegó a un acuerdo verbal para arreglar el puente. El compromiso adquirido por la administración autonómica fue el de buscar financiación para subsanar la situación. Los trabajos iban a suponer la construcción de un nuevo puente capaz de resistir a las crecidas considerables del río Guadiaro. Pese a ello, el Ayuntamiento de Benaoján, según Fernández, no inició los trámites necesarios por lo que parece que la conversación quedó en el aire.
Por su parte, el regidor del municipio manifestó su preocupación por el estado del puente al tiempo que recordó que es la Consejería de Medio Ambiente la que tiene que repararlo lejos de buscar la confrontación con ésta: «Nos prometieron que durante el pasado otoño comenzarían las obras». El puente fue construido por el Ayuntamiento con la financiación de la Junta y es la administración municipal, aseguró Fernández, la encargada del mantenimiento de las instalaciones. Finalmente Gómez argumentó que está a la espera de reunirse con el delegado provincial de Medio Ambiente para plantear el arreglo y la búsqueda de recursos económicos para acometer las obras.
Más protección
La Junta de Andalucía concedió el reconocimiento de monumento natural a la Cueva del Gato junto con otros cuatro enclaves de la provincia tales como los Tajos del Alcázar en Alcaucín, el Mirador de la Cuenca del río Turón-Mirador del Guarda Forestal en El Burgo, el Nacimiento del río Genal en Igualeja y la Fuente de los Cien Caños-Nacimiento del río Guadalhorce ubicada en la localidad de Villanueva del Trabuco. La Serranía de Ronda ve reforzado de este modo el atractivo de su oferta turística en lo que se refiere a su riqueza natural.
La inclusión de estos enclaves, cinco en Málaga y cuatro en Sevilla, Granada, Córdoba y Cádiz, en la Red de Espacios Naturales de Andalucía se realizó teniendo en cuenta los dictámenes de la Consejería de Medio Ambiente como los estudios elaborados por las universidades andaluzas y las consultas a corporaciones locales, asociaciones y sectores sociales interesados. Es una figura de protección prevista en la legislación andaluza de espacios naturales protegidos para elementos ecológicos o paisajísticos que presentan valores singulares como cuevas, peñas, dunas, árboles centenarios, islotes, bosquetes o formaciones geológicas, entre otros. Su declaración exige buenas condiciones de conservación, homogeneidad, prioridad de uso público, reconocimiento ciudadano y corresponsabilidad de los agentes interesados en su protección.