Hay artistas cuya genialidad parece desbordarles. Incapaces de contener su torrente creativo, acaban consumidos por sus fantasmas internos. Literatos como David Foster Wallace o actores como Heath Ledger pertenecen a esa estirpe. También muchos músicos. James Morrison, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Kurt Cobain o Brian Jones abandonaron este mundo a los 27 años, conformando una especie de club que atestigua los innumerables demonios que asaltan a unas figuras cuyo talento crece en sentido inverso a su fortaleza espiritual. Sus trabajos reflejan esa dualidad.
Ese es el sentimiento que afloró en los seguidores de Amy Winehouse cuando en la tarde del 23 de julio se difundía la noticia de la muerte de la cantante. Una desoladora información que sorprendió a pocos. La artista, cuyo disco póstumo 'Lioness: Hidden Treasures' se publica hoy, llevaba meses al borde del precipicio. Sumida en una espiral autodestructiva de drogas y alcohol, su deterioro era evidente. Únicamente cuando entraba en el estudio de grabación le sobrevenía la fortaleza necesaria para lidiar con una existencia que le resultaba demasiado pesada. Allí se transformaba. Era la Aretha Franklin blanca, la mujer destinada a revitalizar el soul. Apenas necesitó dos discos para lograrlo. 'Frank', su refrescante debut de 2003, contenía joyas como 'Stronger than me'. Pero lo mejor estaba por llegar. En 2006, editaba 'Back to black', un álbum que retrotraía a los mejores tiempos de la música negra.
Oscura y grave, su voz era el envoltorio perfecto para unas atormentadas letras que reivindicaban su espíritu rebelde. Especialmente 'Rehab', en la que proclamaba su resistencia a ingresar en centros de rehabilitación. 'You know I'm no good' o 'Love is a losing game' eran otros de los cortes de un trabajo que le permitió ganar cinco premios Grammy en 2008. Aquella noche fue la más gloriosa de su carrera. No pudo disfrutar de ella. Faltó a la ceremonia porque estaba en un centro de rehabilitación y porque las autoridades estadounidenses le impedían la entrada. A partir de ese momento, iría cuesta abajo.
Joyas de un naufragio
El desastre estaba anunciado, pero quizá había tiempo para impedir que se consumara. El productor Mark Ronson la devolvió al estudio. Un tercer álbum podía ser su salvación. Muchas veces pareció inminente su salida. Pero la muerte le sobrevino.
Sí podrán disfrutar de él sus incondicionales. Hoy se publica 'Lioness: Hidden Treasures', un disco compuesto por 12 temas que Ronson y Salaam Remi, otro de los colaboradores de Winehouse, han logrado rescatar tras bucear en las grabaciones de la británica. Se trata de canciones inéditas, versiones de clásicos y dos temas nuevos rubricados por la cantante en los últimos meses de su vida.
Entre las canciones de 'Lioness: Hidden Treasures' sobresale 'Body & Soul', un magnífico dueto grabado en marzo de 2011 con Tony Bennett. El disco que se convierte en el mejor tributo a una mujer que solo parecía hallar algo de felicidad cuando se ponía ante el micrófono.