El ahora vitoreado escritor norteamericano Jonathan Franzen brindó en 2003 un librito delicado y curioso. Se titulaba 'Cómo estar solo' y, además, iba justo de eso. De las diferentes formas de soledad que acucian a la vuelta de cualquier esquina de la vida cotidiana de los habitantes de este extraño mundo. Y las reflexiones de Franzen vienen de nuevo a la memoria entre las paredes del Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (CAC Málaga), que ofrece al visitante, al menos, dos maneras bien distintas de estar solo. Ambas fascinantes, por cierto.
La primera apareció hace un mes con las fotografías de Thomas Ruff. La segunda llegó ayer con las pinturas de Wayne Gonzales. Y aquí un paréntesis. Porque el CAC Málaga brinda estos días un sugerente juego de asociaciones entre los trabajos de ambos autores. Veamos. Ruff muestra fotografías que parecen pinturas y Gonzales pinta como quien toma instantáneas; en las fotos del alemán hay una manipulación técnica evidente y los lienzos del norteamericano abordan la manipulación desde otra perspectiva: la alienación.
Y ahí surge el elemento central de la exposición de Gonzales: la marabunta. Sólo hay que dejarse llevar por esa costumbre tan fea en muchos visitantes: mirar los títulos de las obras antes que las obras mismas. Caídos ya en el error, saquemos algo en claro: muchas de las piezas llevan en el título la palabra 'crowd' ('lleno', 'atestado', en inglés). Montones de gente en la playa, en el cine, a pie de calle. Mareas humanas. Y hay pocas formas de sentirse más solo que en medio de una muchedumbre.
La masa invisible
Abre el recorrido una de las dos piezas inéditas que el CAC Málaga exhibe hasta el próximo 22 de enero: 'Slingshot boy' (2011), justo la única obra que presenta a un solo protagonista. Un niño armado con un tirachinas en medio de una playa desierta. Da la espalda. La goma para cargar la munición no aparece por ningún lado. Quizá imagine sus proyectiles. O son invisibles. Como cualquiera sumido en la marabunta.
Algo que puede sentir el espectador de la muestra gracias al trabajo de Gonzales y gracias también a la estratégica disposición de las obras. Los responsables del CAC Málaga han desechado la colocación estándar de las obras, con el centro físico de la pieza a un metro y medio del suelo. En lugar de eso, se han decantado por bajar un poco esa altura, como tendiendo una pasarela por la que camina el espectador hacia el interior de los cuadros de Gonzales.
Así, podrá buscar un hueco, aunque lo tendrá complicado, en la sala llena de gente de 'Seated crowd' (2011), en la inquietante secuencia titulada 'Waiting crowd' (2008-2011) o en las playas atiborradas de 'Peters beach' (2010), una de las piezas más destacadas de la exhibición de Gonzales, que ayer no se prodigó demasiado a la hora de hablar sobre tu trabajo.
Sí lo hizo el director del CAC Málaga, Fernando Francés, para quien la obra de Gonzales «demuestra cómo la pintura no está inventada, cómo la pintura no ha muerto, tal y como vaticinaban los artistas conceptuales de los años 60». Una reivindicación del óleo sobre lienzo como opción viva y vigente en la plástica contemporánea, como agente además para la reflexión subversiva que Francés enlazó con dos características del trabajo del artista norteamericano.
La primera reflexión de Francés se centró en «cómo la tecnología ha modificado la mirada» de Gonzales, tanto desde el punto de vista de la técnica pictórica, como en lo relacionado con la «modificación intelectual» de esta mirada. Como segundo elemento destacado del proyecto, el director del CAC Málaga hizo hincapié en la reflexión que la obra de Gonzales plantea sobre «el poder de la muchedumbre» en un momento social marcado por nuevas formas de comunicación y relación a través de las aplicaciones tecnológicas.
Aparatos, redes, mensajería instantánea... Para algunos, quizá, una nueva forma de estar solo.