El 1 de noviembre entró en vigor el Real Decreto Ley 9/2011. Detrás de estos números se escondía una orden del Gobierno central para arañar miles de millones de euros al gasto sanitario; una asignatura en la que Andalucía ya lleva años de ventaja. Desde ese día los médicos de toda España están obligados a recetar medicamentos por principio activo. Esto es, ya no pueden prescribir a sus pacientes una determinada marca comercial sino la sustancia en cuestión, mientras que la farmacia debe vender el de menor precio dentro de los del mismo abanico, la misma dosificación y la misma vía de administración.
A los facultativos andaluces la medida no les ha venido de nuevas. Desde hace diez años en la Comunidad andaluza se viene aplicando esta pauta, pero no con carácter obligatorio. «Andalucía ha sido pionera de un modelo que ahora se ha copiado porque se han visto los resultados. Los profesionales que hasta ahora han prescrito por principio activo lo han hecho libremente, sin ninguna medida de coacción», apunta Manuel Bayona, director del distrito sanitario de la Costa del Sol. Habla de «generosidad» de los médicos y de «responsabilidad», lo que se ha traducido además en una notable reducción del gasto farmacéutico.
Solo en los últimos cuatro años y medio, según los datos facilitados por el director del distrito sanitario Costa del Sol, el compromiso de los facultativos de no recetar a los pacientes por la marca del medicamento sino por el principio activo ha supuesto un ahorro de 15,6 millones de euros. La progresión ha sido ascendente. Hace cinco años seis de cada diez recetas salían ya del centro de salud con el nombre de la sustancia impreso, ininteligible para la enorme mayoría de los pacientes. Antes de la entrada en vigor del decreto, la cifra ya se había estirado hasta el 80 por ciento. Ahora, será del cien por cien.
Marca comercial
En paralelo, el gasto farmacéutico se ha ido reduciendo. En 2006 se gastaron 2,1 millones de euros menos gracias a la prescripción sin marca comercial; en 2007, 1,3 millones; en 2008 1,6 millones; en 2009, 2,4 millones; en 2010, cinco millones: y hasta mediados de este año 3,2 millones menos, según los datos facilitados por el Distrito Sanitario Costa del Sol. En total, de las 4,8 millones de recetas emitidas en 2006, 2,8 fueron por principio activo, mientras que en el primer trimestre de este año esta diferencia se había acortado sobremanera: de 2,2 millones, 1,8 de los médicos optaron por indicar al paciente la molécula en lugar de una marca en concreto.
«No son genéricos ni se trata de recetar barato sino de hacerlo con criterios de calidad», defiende Bayona, al tiempo que explica que lo que se indica para cada paciente es la molécula recomendada por la Organización Mundial de la Salud y por la comunidad científica, con las garantías que conlleva para la seguridad clínica en caso de usuarios, por ejemplo, con tratamientos crónicos. «Al recetar por principio activo se está contribuyendo a la eficacia y sostenibilidad del sistema sanitario», añade el director del distrito sanitario.
El problema es lo que piensan los pacientes, en muchos casos habituados a llevarse de las farmacias las mismas cajas durante años y a los que no les gusta que les rompan los esquemas. «Hace años la gente era más reticente», afirma. Una vez en la farmacia, el profesional dispensará el medicamento de menor coste, normalmente los conocidos como genéricos. Bayona insiste en que ahorrar no es el principal objetivo, aunque el Ministerio de Sanidad estima que gracias a la aplicación del decreto se arañarán unos 2.000 millones de euros anuales al gasto farmacéutico en todo el país. A su juicio, se pierde de vista que también se gana en seguridad clínica del paciente.
«Un alto porcentaje de pacientes que llegan a urgencias lo hace por la interacción de medicamentos, porque hay algunos que toman hasta 16 distintos y eso no tiene ningún sentido. En esa línea es en la que trabajamos», subraya. Las actividades de formación a los médicos para el uso adecuado de los medicamentos o para divulgar novedades terapéuticas son herramientas fundamentales para alcanzar el doble objetivo de eficacia y eficiencia que, afirma, se marca el Distrito Sanitario Costa del Sol.
Reducción de precios
Ante el decreto aprobado por el Gobierno central quienes han tenido que mover ficha con rapidez han sido algunas empresas farmacéuticas. Ante el temor de quedarse descolgadas frente a los llamados genéricos, de menor coste y ante los que saldrían perdiendo frente a las recetas por principio activo, han comenzado a bajar los precios de los medicamentos de marca tradicionales. Frente a dos costes idénticos, es el farmacéutico el que tiene libertad para elegir qué medicamento entrega al paciente.
Aunque los facultativos no deben prescribir un fármaco de marca que esté por encima del precio menor de uno genérico, la nueva normativa en la que ya estaba curtida la Comunidad andaluza contempla una salvedad: que lo hagan por lo que se llama necesidad terapéutica y que así lo indiquen en la receta. En ese caso, las farmacias pueden dispensar al usuario el medicamento aunque su coste sea mayor. Además, hay un 15 por ciento de medicinas para las que no existe genérico.