Se mueve como Pedro por su casa en el mundo digital. Parte de 'culpa' la tienen sus viajes a otros países. Allí se empapa de las tendencias en el sector. Hoy, Javier Celaya es uno de los referentes españoles en el ámbito de las nuevas tecnologías y la cultura. Fundador del observatorio Dosdoce.com, es el encargado de abrir hoy en el Museo Picasso Málaga el seminario 'Redes sociales y museos: reputación y credibilidad', que organiza la propia pinacoteca en colaboración con la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA). Durante su charla aprovechará para presentar a nivel nacional el informe 'Conexiones entre museos en las redes sociales'.
-En su conferencia va a hablar de 'la cultura en las nubes'. ¿A qué se refiere con ello?
-La idea es que ya no vamos a poseer una película, una canción o un libro, sino que vamos a acceder a la 'nube', al servidor, para consumirlos. Hoy utilizamos la 'nube' sin darnos cuenta, tenemos perfil en Facebook, Twitter, correo en gmail o hotmail, hacemos comentarios o compartimos fotos... Y todo eso se está extendiendo al mundo de la cultura. En Estados Unidos está funcionando muy bien.
-¿Lleva mucho retraso España con respecto a otros países?
-Hay diferencias, pero yo siempre digo que, ante todo avance tecnológico, somos un país que pasamos del pasado al futuro sin pasar por el presente. Lo hemos visto con las redes sociales, ya no son algo para cuatro 'frikies'. Hace un año se decía que eran para gente con tiempo libre, y hoy España se ha convertido en el segundo país del mundo, después de Brasil, que más las utiliza. En el caso de los museos, es una realidad aplastante. Todos están ahí, nadie lo hubiera dicho hace un año. Al principio hay un rechazo muy natural, somos por naturaleza tradicionales: frente a lo nuevo siempre decimos 'no gracias', pero en el momento que vemos que nos hace la vida más fácil, somos los máximos defensores.
-¿Y la cultura es ahora defensora?
-Estamos viviendo un momento histórico. No hay precedentes, no hay hojas de ruta, nadie sabe muy bien hacia dónde y cómo vamos, y en este momento no te puedes quedar parado. No hay que olvidar, por ejemplo, que España ha conseguido crear una industria editorial muy potente, siendo la cuarta a nivel mundial. Si nos quedamos parados, probablemente eso desaparezca, y lo que hay que hacer es andar el camino a ciegas. Eso crea ansiedad a los gestores culturales porque realmente no sabemos cuál es el modelo de negocio sostenible en este nuevo mundo digital. Estados Unidos nos lleva dos o tres años de ventaja, y allí se empieza a ver algo de luz. Se ha comprobado que con estas tecnologías con las cuales accedes a una plataforma con tu usuario y contraseña y tu tarjeta de crédito, se reduce muchísimo la piratería. Porque la tecnología creó el problema, pero es en ella donde está la solución y no en las leyes, que en realidad son insostenibles por el acelerado desarrollo tecnológico.
-Y, ante ese dominio tecnológico, ¿cree que el libro tradicional puede verse en peligro o es una amenaza como aquel vídeo que mataría a la estrella de la radio?
-Siempre se ha hablado de eso. Una cosa nunca acaba con la otra, lo que sí es cierto es que el último que llega tiene un peso dominante en la sociedad. Cuando llegó la televisión, barrió de lleno, lo mismo va a pasar con Internet. Yo creo que el libro digital, en muy poco tiempo, posiblemente de aquí a final de la década, se imponga como soporte de lectura, aunque eso no quiere decir que no haya gente que lea en papel.
-Lo bueno es que el libro digital puede hacer más atractiva la lectura, ¿no cree?
-Exacto. Cuando llegó Gutenberg fue una revolución, extendió e hizo más masivo el acceso a la información. Lo mismo está ocurriendo con Internet. Nunca en la Historia se ha leído y se ha escrito tanto como en este siglo. El libro digital nos va a permitir crear nuevas formas de narrar que pueden ser más atractivas. En Estados Unidos está funcionando la 'transmedia', un formato que permite contar la misma historia que un libro tradicional, pero que además se desarrolla en diferentes soportes multimedia, es decir, se pueden añadir personajes, nuevas tramas, cambiar detalles... Son historias interactivas narradas con dinamismo que ofrecen la posibilidad de personalizar la experiencia de la lectura. Si eso hace que más gente se acerque al libro, bienvenido sea. Lo mismo ocurre con los museos. Hasta ahora, los consumidores de cultura teníamos una actitud pasiva hacia ellos. El museo decidía unilateralmente la programación. Ahora, para dar un servicio, puede involucrar a los ciudadanos, establecer un diálogo para que se sientan parte de él.
Plataformas especializadas
-Ahí las redes sociales tendrían un papel fundamental...
-Exacto. Donde la gente comparte esas afinidades y descubre estos contenidos es en las redes sociales. Ha habido una migración. Los medios de comunicación, por ejemplo, lo han entendido y publican sus contenidos, pero luego los comparten en todas estas redes sociales para que la gente los enlace, los comente y los enriquezca. Al principio se veía como una amenaza, pero han comprendido que el lector puede aportar muchas cosas. Ya sea a través de las redes sociales generalistas o de las especializadas. En las primeras hay mucho ruido, como un bar lleno, hablar ahí de cultura se diluye, pero las redes sociales especializadas se estructuran alrededor de un mundo muy concreto. Por ejemplo, Arteinformado congrega a unos 40.000 galeristas, coleccionistas y artistas. Estas redes probablemente sean las que aporten más valor al usuario el día de mañana.
-Las instituciones culturales han visto entonces beneficios al mundo digital.
-Sí. Ha habido un cambio de actitud muy positivo, sobre todo en el último año. Antes había un cierto recelo, no por ignorancia, sino porque lo veían como algo lejano, no como posible público. Se han puesto al día desde el punto de vista de formación y conocimiento. En el informe que presentamos hoy se refleja que están los cincuenta museos de España en las redes sociales. En el primer estudio que hicimos en 2009 sí vimos grandes lagunas, básicamente el 50% no estaba. Respecto a eso ha habido un cambio impresionante. Incluso hay instituciones que se han convertido en referentes mundiales, como el Museo Reina Sofía, el Guggenheim de Bilbao o el Picasso de Barcelona.
-¿Progresan adecuadamente entonces?
-Bueno, en este estudio hemos visto ciertas deficiencias: por un lado, que muy pocos museos siguen a otros museos, hay una especie de rivalidad en Internet, cuando debería ser al contrario, si yo descubro un museo, este debería descubrirme a otro. Y otra cosa que hemos visto es que no fomentan una conversación activa con sus usuarios. En cualquier caso, yo creo que es un proceso de aprendizaje. El hecho de que estén ahí es ya un paso positivo, ahora hay que afinar la presencia.