Cuando Eros Ramazzotti aceptó actuar en Uzbekistán -en su agencia de contratación no sabían «dónde estaba» este país-, no sospechaba la que se le venía encima. Iba a poner el broche de oro al festival cultural que Gulnara Karimova, hija del presidente de esta exrepública soviética, organiza cada año, y en el que habían actuado en otras ediciones estrellas como Julio Iglesias y Rod Stewart. Tampoco sabían que la organización de derechos humanos Human Rights Watch considera su gobierno como «uno de los más represivos del mundo, casi al nivel de Birmania y Corea del Norte», ni que se le acusa de valerse de la explotación de mano de obra infantil para enriquecerse. Y tampoco que la entrada a su recital, de entre 150 y 250 euros, multiplicaba hasta por 45 el salario medio de un trabajador uzbeco.
No tardaron en lloverle las críticas por haber cedido a los 'encantos' de Gulnara. O, más bien, a la suculenta cifra que le ofrecían por un único concierto. Que no ha trascendido, pero no cuesta imaginar. Hace dos años Sting actuó en el mismo certamen, y sus honorarios superaron los dos millones de euros. Un chaparrón igual, sino peor, le cayó al británico, un reconocido activista a favor de los derechos humanos. Se justificó diciendo que creía que UNICEF era uno de los patrocinadores. Nada más lejos de la realidad.
No es el único gobierno en el punto de mira que ha pagado cantidades astronómicas a grandes estrellas. Wikileaks destapó las exclusivas juergas que los hijos de Gadafi organizaban en la isla caribeña de Saint Barts para fin de año. Entre ellos, Beyoncé -que fue acompañada de su marido y un grupo de amigos, a gastos pagados-, Enrique Iglesias, Mariah Carey, el rapero 50 cent... También contaron con Nelly Furtado en una fiesta en un hotel italiano. ¿El caché? Ninguno bajó del millón de dólares. Y en algunos casos los recitales apenas se extendieron unos minutos. Como Beyoncé en la fiesta de este año, que cantó seis temas, y Mariah Carey, que un año antes interpretó solo cuatro. A cuarto de millón la canción. La opinión pública se lanzó sobre todos ellos. Y aseguran que han donado el dinero a obras de caridad.
Las figuras de Hollywood también se prodigan en celebraciones con anfitriones cuestionados. Sin ir más lejos, hace unas semanas, Hillary Swank y Jean Claude Van Damme acudieron a la fiesta sorpresa en honor de Ramzán Kadirov, el presidente de Chechenia. En este país, según las organizaciones de defensa de los derechos humanos, son habituales el secuestro, la tortura y las ejecuciones sumarias. La actriz no tardó en pedir disculpas. «Si hubiera sabido lo que se celebraba en realidad, nunca habría ido».