En la tienda Yi Love lo consideraban un buen cliente. Solía ir «día sí, día no», comenta una dependienta. Saludaba jovial con un «¡hola, amiga!» y luego se dedicaba a recorrer los largos pasillos del almacén tirando de un perchero móvil. Pasaba por caja con unos cuantos artículos. Nunca eran compras grandes, «20 o 30 euros», afirma la joven. La manera perfecta de disimular sus verdaderas intenciones.
La dueña de la tienda afectada, Xiao Ping Ye, muestra desconsolada la lista de los artículos que han ido desapareciendo de sus percheros. En los cinco meses que lleva abierta esta mayorista de ropa, situada en la calle Gerald Brenan del polígono Guadalhorce, le han sustraído 1.820 prendas de ropa valoradas en 9.122 euros. La Policía Nacional ha detenido al presunto autor de estos hurtos, que parecen tener la misma firma. Resultó ser el supuesto buen cliente, un hombre de 38 años, español y sin antecedentes, según informó ayer la Comisaría Provincial.
Nunca desconfiaron de él. El primer día se presentó diciendo que tenía un puesto en un mercadillo, por lo que necesitaba surtirse de mercancía, cuenta la empresaria afectada. La asiduidad con la que visitaba la tienda hizo que lo trataran como un cliente preferente. Incluso, le daban una botella de agua como gesto de cortesía para que se refrescara mientras hacía sus compras.
Todo cambió hace unos días. Con ayuda de un amigo que le sirvió de intérprete, Xiao Ping Ye relata que sorprendió al sospechoso intentando guardarse una prenda de ropa. El hombre huyó y ella avisó a la policía. Fue entonces cuando hizo inventario, y se dio cuenta del saqueo que había sufrido: le habían quitado una media de doce prendas al día. Aún le quedaba por saber quién había sido, y cómo lo había hecho.
Cámaras de seguridad
Las imágenes de las nueve cámaras de seguridad que vigilan la nave comercial revelaron el método. El modus operandi, según se desprende de las grabaciones, sería el siguiente. El individuo iba recorriendo los pasillos de la tienda y seleccionaba algunos artículos. Cuando pensaba que nadie lo veía y que estaba en un ángulo ciego para las cámaras, al parecer enrollaba las prendas sobre sus respectivas perchas y las escondía entre la ropa que vestía.
El sistema que presuntamente empleaba para sacarlas de la tienda no es menos curioso. El hombre empezaba a hablar por teléfono y, con total parsimonia, se acercaba hasta la puerta. Sin dejar de charlar por el móvil, salía del local y se dirigía al coche, que tenía aparcado frente al local. Tras dejar allí la mercancía supuestamente sustraída, volvía a la tienda, pasaba por caja con unos artículos y se marchaba. Según la policía, llegaba a repetir esta maniobra cuatro o cinco veces al día.
Xiao Ping Ye confiesa que lleva días sin dormir porque ahora que hacer frente a los pagos a los proveedores. «Tenemos que vender diez artículos para compensar el robo de una pieza», se lamenta.