Año 1950. La esperanza de vida media de hombres y mujeres no llegaba a los 70 años. Los avances sociosanitarios e higiénicos, así como las mejoras en la alimentación han aumentado la longevidad hasta casi los 80 en la provincia de Málaga. Dentro de una década, los varones vivirán dos años más -hasta los 79- y las féminas rozarán los 85 años -1,5 más que en la actualidad-. Este hecho, unido al continuo descenso de la natalidad, acelerará el envejecimiento de la población, que contará con un 30% más de mayores de 65 años dentro de dos lustros. Así, en 2021 casi una quinta parte de los residentes en la provincia formarán parte de la llamada tercera edad, según la última proyección de población elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
En el estudio, realizado para el periodo comprendido entre 2011 y 2021, Málaga lidera el crecimiento demográfico en España. Mientras en el conjunto nacional se prevé un decrecimiento de la población del 1,2% -567.351 habitantes menos-, la provincia sumará 94.827 empadronados en los próximos diez años, lo que situará el total en 1.694.827 personas. El poder de atracción de Málaga tanto para extranjeros como para españoles de otras zonas explica este fenómeno, ya que el incremento poblacional, aunque ralentizado, se mantendrá gracias a la llegada de nuevos residentes.
En definitiva, seremos más y más viejos, según las previsiones del INE a corto plazo, siempre y cuando se mantengan las tendencias demográficas actuales. Este envejecimiento progresivo hará que se disparen las defunciones, aunque, al contrario que en el conjunto del país, no llegarán a superar a los nacimientos. En una década se registrarían 141.915 fallecimientos en la provincia, contabilizándose 13.835 muertes en 2020, un 20,6% más que en 2010.
Por contra, los alumbramientos descenderían año tras año y para 2020 se proyectan 16.042, un 8,5% menos que una década antes, a pesar de que el número medio de hijos por mujer aumentará del 1,38 actual al 1,50.
Menos mujeres fértiles
La disminución de la natalidad vendría determinada, según explican en el INE, «por la propia estructura de nuestra pirámide poblacional, al encontrarse en edades fértiles aquellas generaciones de mujeres menos numerosas que nacieron durante la crisis de natalidad de los 80 y primeros de los 90». Por lo tanto, es consecuencia, principalmente, de la reducción del efectivo de mujeres en edad de procrear. Así, el número de nacidos no volvería a elevarse hasta 2028.
A esto hay que unir la menor llegada de extranjeros, que en los últimos años han estado sosteniendo la natalidad, así como la reducción de las migraciones interiores, como explica la profesora del Departamento de Geografía Humana de la Universidad de Málaga Carmen Carvajal. «Málaga ha dejado de recibir adultos jóvenes que venían a trabajar en la construcción, una de las dos patas de la economía de la provincia junto al turismo», señala al tiempo que recuerda que las mujeres de la generación del 'baby boom' ya han sobrepasado la edad de máxima fecundidad, algo que también se deja notar en las estadísticas.
Respecto al momento en que las féminas deciden quedarse embarazadas, es de esperar que supere los 31,1 años de media a finales de la próxima década.
El descenso del número de nacidos y el incremento de las defunciones provocará una importante reducción del crecimiento vegetativo anual (diferencia entre nacimientos y fallecimientos) en la provincia, que pasará de 6.071 en 2010 a 2.207 en 2020. En términos proporcionales, por cada persona que pierda la vida dentro de una década, nacerán 1,15 niños, cifra que en la actualidad es de 1,52.
Poder de atracción
Así pues, el incremento de población previsto para Málaga se debería, principalmente, a las migraciones, tanto exteriores como interiores, según se desprende de los datos facilitados por el instituto de estadística, lo que pone de manifiesto el mantenimiento del poder de atracción de la provincia tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. De esta forma, el saldo migratorio interprovincial sufrirá altibajos durante la próxima década, aunque se mantendrá en el entorno de las 2.300 personas. Así, en 2020 llegarán a Málaga 22.007 personas, 2.267 más de las que se trasladarán a otras zonas del país (19.740).
Un total de 148.374 malagueños harán las maletas para irse al extranjero en los próximos diez años, mientras que 172.144 foráneos optarán por vivir en Málaga. Esto deja un saldo migratorio exterior positivo de 23.770 personas, tendencia que choca de frente con la prevista para el conjunto del país, que presenta un saldo negativo de 945.663 personas.
Menos crecimiento
El movimiento natural de la población, con menos nacimientos y más defunciones, y el fenómeno migratorio incrementarán la población en solo 94.827 personas en diez años, según las predicciones del INE. Aunque es la segunda provincia que más crece porcentualmente (5,93%), por detrás de Guadalajara (6,97%), supone una importante desaceleración, ya que entre los años 2001 y 2011 el padrón de Málaga aumentó en 329.331 personas, o lo que es lo mismo, un 25,92%.
El incremento de la población será especialmente intenso en los tramos más avanzados de edad, debido al envejecimiento progresivo de la sociedad. Dentro de diez años los mayores de 64 años habrán aumentado en 71.403 personas, un 30,6% más. Si se compara con el resto de grupos de edad, supone que un 18% de los habitantes de la provincia, casi una quinta parte, tendrán más de 64 años. Hoy este porcentaje es del 14,5%.
El menor aumento poblacional tendrá lugar en el grupo de 16 a 64 años, que crecerá un 1%, con un incremento de 7.914 empadronados. Esto tendría su reflejo en la economía, ya que, como explica Carvajal, una sociedad es más productiva cuando tiene más adultos. «Hemos pasado uno de los momentos con mayor proporción de población potencialmente productiva, pero ahora cada vez habrá mayor cantidad de pensionistas». Esto, desde el punto de vista demográfico, supone «una población que no tiene asegurado el reemplazo», aunque Carvajal advierte de que una sociedad más envejecida no tiene por qué ser mejor ni peor. «Está claro que lo deseable es que aumente la natalidad, pero la tercera edad, desde el punto de vista económico, también es una oportunidad de mercado. Las personas mayores no solo van a hospitales, también compran», dice.
En la misma línea, el presidente de la Sociedad Andaluza de Geriatría, el especialista José Antonio López Trigo, afirma que el aumento del envejecimiento «es un signo de evolución de la sociedad que no tiene por qué ser negativo».
Respecto a los más jóvenes, en el tramo de edades de 0 a 15 años la subida poblacional será del 5,6% (15.510). En total, habrá 290.585 niños y adolescentes en 2020, que superarán a los más viejos solo en 14.081 personas, aunque la Organización de Naciones Unidas (ONU) ya ha advertido de que en 2049 los abuelos estarán por delante.
A tenor de estas previsiones, a finales de la próxima década, por cada diez personas en edad de trabajar, residirán en Málaga casi seis potencialmente inactivas, es decir, menores de 16 años o mayores de 65.
Vivimos más pero peor
El geriatra malagueño José Antonio López Trigo advierte de que en los últimos años se ha conseguido alargar la vida, «pero no necesariamente ensancharla». «Cada vez hay más gente que vive más tiempo pero a costa de pasar los últimos años en situación de precariedad. Hace cincuenta años fallecían más jóvenes pero arrastraban menos patologías», explica este especialista, que alerta de que esta compresión de la morbilidad conllevará un incremento progresivo de las personas en situación de dependencia, para lo que la sociedad actual, a su juicio, no está preparada.
López Trigo reclama una mayor inversión en programas de envejecimiento activo para llegar a la tercera edad «en buenas condiciones», así como el incremento de los programas de prevención. «Hay que lograr que las personas alcancen los 40 años con el menor colesterol posible o sin diabetes», apunta. «Si esto no se hace con previsión, dentro de unos años habrá un tsunami que nos pasará por encima y no sabremos controlar», alerta.