Tiene una edad difícil. Va para quince años. Se le ve crecidito, con buena planta y pidiendo paso, pero no se le puede dejar solo. Más que nada porque a los catorce ha andado algo perdido. Al guión del XIV Festival de Málaga-Cine Español le salieron demasiados renglones torcidos. Tras una edición muy discutida en la programación y un epílogo de tragedia griega con la salida fulminante de buena parte de la cúpula directiva, el máximo responsable del certamen malagueño, Carmelo Romero, afronta su segunda etapa festivalera con el claro propósito de enderezar el rumbo. Sanear los números rojos de una gestión nada clara, conseguir mejores películas para la sección oficial a concurso, atraer de nuevo a la industria nacional y recuperar el brillo perdido. No parece poco trabajo. La situación, además, no es la mejor. Los recortes en el festival se llevan aplicando desde hace ya bastantes ediciones -antes de la crisis, incluso-, lo que ha ido erosionando sus posibilidades y puesta en escena. El evento cultural con mayor proyección de la provincia se llama Festival de Málaga-Cine Español y eso merecería una mayor apuesta de las instituciones para su decimoquinta edición. Pero, cuando se ve que proyectos de primera necesidad como el metro sufren recortes e improvisaciones, es de ciencia ficción pensar que el presupuesto para sueños de cine vaya a aumentar.
Como Alicia, el otro lado del espejo lo tenemos estos días en San Sebastián. Allí también reina manostijeras con las rebajas: han recortado jornadas, han bajado el nivel internacional del cartel y han adelgazado la nómina de invitados. Las comparaciones son odiosas si se mide esta edición con la reciente Mostra de Venecia, que ha brillado por estrellas y, lo mejor, por buen cine. San Sebastián está todavía por evaluar, pero la diferencia es notable. Ante la falta de recursos, el certamen se ha refugiado en el cine español -quince estrenos, cinco de ellos a concurso-, como ha reconocido el nuevo director de Zinemaldia. Esta edición del certamen vasco es lo más parecido a lo que el Festival de Málaga aspira a ser. De hecho, algunas películas que se exhiben allí estos días declinaron venir a Málaga para jugar la baza de Donosti. Una competencia inesperada que obliga al certamen malagueño a reinventarse. La actriz Frances McDormand lo dijo el viernes con otras palabras: «Tenéis que echarle cojones».