La Real Balompédica Linense continúa asombrando a propios y extraños en su arranque liguero. Ayer logró la segunda victoria de la temporada en otros tantos encuentros, un triunfo de los que además hay que valorar, ya que fue ante uno de los candidatos al ascenso de categoría, la Unión Deportiva Melilla, y jugando más de media hora en inferioridad numérica, algo sin duda al alcance de muy pocos.
En una temporada histórica con la celebración del centenario de la entidad, la ilusión se desborda en el entorno albinegro, que llega además a la Copa del Rey con unas sensaciones inmejorables, aunque si rival copero, el Badalona, también ganó ayer su partido de rivalidad ante el Hospitalet (2-0).
Dejando a un lado el resultado, que mantiene a los linenses en la segunda plaza del grupo con los mismos puntos que Puertollano y Lucena, en este comienzo liguero de la Balompédica es importante valorar otros aspectos que hacen elevar la euforia de una parroquia volcada con la causa.
Y es que las sensaciones que transmite el equipo de Escobar son inmejorables. Ayer salió al Álvarez Claro con mucho descaro, haciendo su fútbol y sacando los colores a un bloque con grandes dosis de calidad al que superó en todo durante la primera mitad. Pero eso no es todo, cuando tras la reanudación el choque se complicó con la expulsión rigurosa de Chico, los jugadores expusieron otro fútbol, ese en el que hay que saber sufrir, tirar de oficio y demostrar que se es más listo que el rival. No en vano, los dos goles linenses llegaron cuando el equipo ya estaba con 10, otro valor más a añadir en una lista innumerable en la que hay que destacar el conjunto por su solidez, pero en la que ayer destacaron hombres como el meta Pagola, vital con sus intervenciones cuando llegaron los malos momentos.
El partido comenzó con Bello muy enchufado, haciendo gala de su velocidad y poniendo a prueba la veteranía de Dorronsoro en sendos centros desde su banda.
Con el rival aún viéndolas venir llegó la primera gran ocasión para los visitantes en una jugada de 'crack' de las que el algecireño Copi acostumbra. Alza la mirada, ve la posición adelantada del meta melillense y traza una parábola casi perfecta desde medio campo que sólo fue abortada en su ejecución por el larguero de la portería del Melilla. Maldita madera.
Pero la Balona continuó a lo suyo, controlando la medular con el buen hacer de los dos 'Chicos' y planteando un fútbol sin complicaciones, haciéndolo fácil, marcando el ritmo.
Con la lluvia como testigo directo, David Hernández también se sumó a la fiesta ofensiva con un remate inapelable a centro de Juampe que el meta local logró desviar en el último instante en una gran intervención.
Los locales no encontraban la tecla para rebasar la línea defensiva visitante, a no ser en disparos lejanos o en jugadas a balón parado que Pagola en última instancia siempre se encargaba de desbaratar.
Llegó el descanso con la sensación de que los albinegros merecieron más, y con ese mismo regusto comenzaron la segunda parte, con el balón en su poder y haciendo gala de verticalidad para llegar al área de Dorronsoro, pero de nuevo faltó puntería para culminar las acciones de David Hernández, Copi o Chico.
Precisamente el centrocampista llegado del Alcalá marcó el devenir de la recta final del choque con una expulsión por dar un manotazo a un rival dentro del área local. Rigurosa cuanto menos.
Escobar reaccionó, sacó a sus delanteros y dio entrada a Ocaña y Alberto Merino. El primero fue decisivo pues se encargó de abrir el marcador al transformar un penalti sobre Juampe decretado a instancias del juez de línea.
El partido por esos momentos ya estaba loco, ya que justo antes había estado a punto de marcar el Melilla tras un disparo de Moyano que se marchó rozando el poste.
Con el marcador en contra los locales se fueron arriba y descuidaron la retaguardia, algo letal ante un equipo como el linense, que aprovechó una entrega defectuosa de Solabarrieta para que Domingo hiciera el segundo plantándose en un 'plis plas' delante del meta Dorronsoro, que nada pudo hacer por evitar la puntilla.
El gol relajó a los albinegros, que encajaron un tanto evitable en el 92, cuando Solabarrieta se encontró un balón en el área linense para hacer el 1-2 y recortar distancias en el marcador, aunque ya no quedaba tiempo para más. Un gol que no empaña un partido redondo ante un rival de categoría. Y la historia continúa...