¿Quién le iba a decir a Manuel López que su restaurante iba a convertirse en un lugar de encuentro en torno a la cocina popular gaditana y andaluza? Lo cierto es que al principio pocos se atrevían a asegurar la permanencia de un local que abre sus puertas en Puerto Banús, en una primera planta, y después se traslada a un antiguo chalet en la ciudad. Pero más aún, muchos aseguraban que con una clientela tan variopinta y acostumbrada a acudir a los establecimientos de moda o más 'chics', La tirana no lo iba a pasar bien. Pues bien, la realidad ha demostrado todo lo contrario. Una cocina muy nuestra, muchos de los platos son los que desde siempre Manolo ha comido en su casa natal de Cádiz, sin lugar a los movimientos creativos y vanguardísticos de la nueva cocina, y donde el sabor prima por encima del resto de los elementos alimentarios, ha sido la clave para que esta 'cariñosa' casa siga después de 25 años siendo uno de los referentes coquinarios de Marbella.
Cuando conocía la nueva ubicación, es decir, hace más der 18 años, ya me enamoré del espacio destinado a disfrutar de la cocina. Unos jardines cuidados con mimo y ese 'toque' que algunas personas saben imprimir a todo lo que hacen, han conseguido que la antigua casa que sirvió de estudio al pintor Vicente Viudes, mantenga a diario el espíritu de la Marbella de los años sesenta que tanto glamour aportó a la Costa del Sol. Pero particularmente el gran mérito está en cautivar a un tipo de clientela acostumbrada a una cocina más sincrética con la cuchara y el tenedor de la cocina popular andaluza.
Particularmente opino que La Tirana tiene dos encantos, uno si se acude en primavera o verano y otro en invierno. El primero es para disfrutar al aire libre de un clásico jardín andaluz de los cincuenta, donde la sonoridad del agua y la vistosidad de las plantas son un complemento perfecto. Las cenas otoñales son más interiores, más intimistas, pero igualmente alentadoras.
Manolo atiende personalmente las mesas, pero antes, por la mañana, ya se ha puesto el mandil y encendido los fuegos para preparar algunas de sus especialidades, entre las que nunca faltan las albóndigas de ternera en salsa tal y como siempre las han hecho en su casa. Es la cocina que aprendió de su madre y hermana. Después cede el testigo de los fogones a Manuel Benavides, cocinero gaditano que echó sus raíces en esta casa y que ahora interpreta con una fidelidad absoluta la carta de La Tirana. No se pierdan el Tajín de bacalao, contundente a la vez que delicado por su jugosidad, ni el tartar de solomillo, uno de los mejores que he probado. La sala, en especial la bodega, es cosa de Moisés, quien ha diseñado una escueta carta de vinos donde no faltan las referencias esenciales. Aquí se sigue cenando como hace 25 años, en plan tradicional pero con un toque de sofisticación que es el sello de la casa.