La semana de fiesta, alegría y diversión más sonada del año en la capital malagueña llega a su fin, pero el ambiente de sus calles no refleja la tristeza de un adiós, sino más bien, la alegría y la ilusión de un 'hasta pronto'.
«Y que se pase rápido», pensaba más de uno ayer en la feria. Un grupo de mujeres de unos 70 años cantaban y bailaban sevillanas como si fuera el primer día. «Hemos venido todos los días, mañana y noche, y tenemos las mismas ganas que el primer día, pero lo que queremos ya es que llegue la feria del año que viene», aseguraba Ana Jiménez, una de las componentes de este coro tan marchoso. Ataviadas con sus trajes típicos y algunas con tambor, cañas y castañuelas no pasaban desapercibidas en el entorno de la calle Larios. Ésta, pasarela oficial de la feria del centro, mostró ayer el colorido, la música y los bailes como cualquiera de los días anteriores. Una de las charangas tocaba 'No hay que llorar que la vida es un carnaval', mientras el público aprovechaba los últimos instantes de feria con una conga alrededor de la misma.
Manuel Delgado, miembro de una de las bandas, afirmaba que «la gente tiene la misma ilusión y las mismas ganas de disfrutar que los días anteriores. Eso es lo bueno, que el ritmo no pare».
También las pandas de verdiales continuaron tocando a ritmo de platillos, panderos y violines. Ayer era el turno de las pandas Santa Catalina y El capitán, que hicieron detenerse durante algunos minutos a todo aquellos viandantes que acogía el Centro en la última jornada de la Feria 2011. Los grupos de verdiales son un clásico de cada año que llena de color y música popular las calles y casetas de Málaga. Es una de las tradiciones más propias de la feria y de las que más aplausos y fotografías arranca de todos los visitantes que estos días han recorrido la ciudad.
Málaga se caracteriza por su apertura al exterior, por ello, podría decirse, que la feria es el momento que mejor lo refleja. No solo pueden escucharse acentos de las diferentes ciudades españolas, sino también de distintas partes del mundo. Es el caso de Saga Lankel, de Suecia, que se encuentra con su familia de vacaciones en Mijas Costa y que ayer estuvieron comiendo en el casco histórico. «No sabíamos que era tan bonito, tan diferente. Si no, habríamos venido antes, pero ya estamos pensando en volver a Málaga», aseguraba.
Ésa es la idea que más se repite, la de volver el año próximo. Los grupos de amigos que disfrutan con las bromas, los bailes y el Cartojal, entre otros, lo tienen claro: «Hay que repetir». La Feria de Málaga acoge cada año a miles de personas y ninguna se va decepcionada, porque tiene una amplia oferta que satisface tanto a grandes como a pequeños.
La fiesta empezó con ganas de pasarlo bien, mucho color y ritmos del sur. Se mantuvo en todo lo alto durante toda la semana dando lo mejor de sí. Pero lo que muchos no creían tan cerca, el último día, llegó con una amable sonrisa que invitaba a volver a pasar buenos momentos en la próxima ocasión.