La puerta grande 'Manolo Segura' de La Malagueta se abrió por primera vez en la feria y lo hizo para que cruzaran el dintel dos diestros, Enrique Ponce y José María Manzanares, tras cortar dos orejas al tercero y al cuarto de la tarde. Con su actuación, ambos matadores han levantado un abono taurino que en los últimos días se había instalado en el tedio, el aburrimiento y el sopor por el mal juego de los toros. Ayer, el público salió contento y satisfecho con lo visto sobre el albero.
La corrida de Juan Pedro Domecq estuvo al límite de la presentación y más si se compara con lo que días atrás ha salido por el portón de chiqueros. El encierro fue remendado con un toro, el primero de la tarde, con el hierro de Luis Algarra. La flojedad y la nobleza fueron las notas predominantes en el ganado, siendo los dos últimos algo más descastados y menos propicios para el lucimiento.
En el primero de sus dos paseíllos en Málaga, Enrique Ponce (
ver vídeo de su faena) se encontró con un primer oponente al que recibió con verónicas decorosas. Desde los primeros tercios 'Librero' dio síntomas de su flojedad y con esa condición llegó a la muleta. Un trasteo donde el de Chiva dibujó tandas de temple y estética pero sin profundidad por las nulas condiciones del burel. Mató de casi media ligeramente trasera.
La apoteosis
La apoteosis 'poncista' llegó en el cuarto. Con veintiún años de alternativa a las espaldas como máxima figura del toreo, el valenciano salió con la predisposición de un novillero al ver que su compañero de cartel, José María Manzanares había conseguido dos orejas en el tercero. Picado, Ponce sacó raza y desde el recibimiento con la capa al 'juanpedro' se le vio predispuesto. Le dio unas verónicas con la rodilla flexionada y tres, ya de pie, en las que hubo temple y buen trazo.
Tras el primer puyazo hizo un quite por chicuelinas, al que respondió Javier Conde tras la segunda entrada al caballo con verónicas discretas. Ponce brindó al público y desde el tercio inició una faena que siempre fue a más. Doblones por bajo en los que hubo temple y torería rematados con un extraordinario cambio de mano. A partir de ahí se sucedieron tandas por ambas manos -decayó algo la intensidad con la izquierda- en las que el valenciano demostró su maestría. El único pero es que en ocasiones citó muy al hilo del pitón. Terminó con 'poncinas' y le recetó a 'Figurón' una gran estocada que le abrió la puerta grande.
Una salida a hombros que ya se había ganado, con justicia, José María Manzanares, quien, así, pudo resarcirse de la decepción del lunes donde no pudo hacerlo por el criterio del palco. El triunfo lo consiguió en el tercero, un animal al que recibió con verónicas de buen trazo, en las que destacó la media y la revolera con la que cerró la serie. El animal manifestó su falta de fuerzas en el tercio de varas y de banderillas. Manzanares inició la faena de muleta con mucho temple y suavidad dándole confianza al animal; a partir de ese momento, el trasteo fue a más con tandas extraordinarias por ambas manos que hicieron crujir los tendidos. El diestro mató a 'Versículo' de una estocada de manual que, por sí sola, valía una oreja.
Con predisposición salió ante el último de la tarde, al que recibió con verónicas, chicuelinas y una revolera. En el caballo el animal derribó a Pedro Morales 'Chocolate'. Un espejismo sobre su fuerza porque el animal era muy blandito. Manzanares intentó hacerle faena pero en el momento en que le bajaba la mano el animal rodaba por la arena. Además 'Alucino' cada vez se fue quedando más corto en su viaje y defendiéndose. Mató de una buena estocada.
Javier Conde (
vídeo de su faena), como integrante de la empresa que gestiona La Malagueta, ha sido el encargado de configurar los carteles del abono y se colocó en dos de los días de más tirón y con las primeras figuras del escalafón. Una enorme responsabilidad que ayer no justificó. En su primero, un animal que brindó al público, dejó algunos detalles de esa especial manera que el malagueño tiene de entender la tauromaquia pero no completó un buen trasteo ante un animal noble donde pecó de torear al hilo del pitón. Mató de estocada algo desprendida y un descabello.
Ante el quinto, un burel desrazado y con poca fuerte, Javier Conde no se confió con él en ningún momento y pasó de manera discreta. A la hora de matar dejó un pinchazo y una estocada trasera y algo caída. Mañana tiene la oportunidad de resarcirse.