La vida cada vez es más cara. Y los bolsillos cada vez están más raquíticos. Con esta balanza tan desequilibrada miles de malagueños tienen que sortear grandes obstáculos para alcanzar la difícil meta de fin de mes. El camino está sembrado de las mismas trabas para el común de los mortales, sin embargo, hay colectivos que por su delicada situación laboral tienen mermada la capacidad de resistencia para superarlas. Es el caso de los parados y los pensionistas, dos grupos especialmente vulnerables por sus bajos ingresos al que pertenecen actualmente 405.902 personas en el conjunto de la provincia.
La inflación -que como recuerda el decano del Colegio de Economistas de Málaga, Juan Carlos Robles, lleva todo el 2011 por encima del 3% y cerró junio (último dato disponible) al 3,3%-, está complicando las cuentas de las familias con menos ingresos. En abril el indicador tocó un techo del 3,8%, un resultado que no se daba desde septiembre de 2008, cuando llegó al 4,2%.
A día de hoy pagamos más por casi todo: por los alimentos -un 2,3% más que hace un año-, por la vivienda (un 7,4%) por el menaje de hogar (un 2%), el transporte (un 9%), las comunicaciones (un 0,3%) y hasta por la enseñanza: 2,2%. También se han encarecido los hoteles, cafés y restaurantes (un 1,1%) y el resto de bienes y servicios, donde el sobrecoste asciende al 3%. «El IPC es posiblemente el impuesto más injusto porque castiga especialmente a las rentas más bajas, como la de los pensionistas y los desempleados, que cada vez que repunta pierden poder adquisitivo», destaca Robles al tiempo que alerta de las consecuencias de esta menor capacidad de consumo sobre el conjunto de la economía local. «Su efecto es muy perverso porque cuanto menos renta líquida haya más se desacelera el motor y ello supone un lastre por su efecto multiplicador», sostiene.
Y suma y sigue, porque las tarifas de los suministros básicos -aquellos de los que no se puede prescindir- tampoco dejan de escalar. El pasado mes de julio, sin ir más lejos, los hogares se han topado con nuevos sobresaltos. La última subasta eléctrica truncó la intención del Gobierno de mantener congelados los precios de la luz para lo que queda de año. Presionado por las compañías y por el abultado déficit tarifario, el Ejecutivo ha optado por subir otro 1,5% el recibo de la luz, lo que eleva en 0,5 euros mensuales la tarifa de un consumidor medio. A esto hay que añadir el repunte en los precios de la bombona de butano (5,7%) y del gas natural (5,69%). La primera ha pasado a costar 14,8 euros, 80 céntimos más que el trimestre anterior, mientras que en el caso del gas natural el incremento supondrá 2,37 euros más al mes para un usuario medio.
Situación precaria
Se trata de nuevos granitos de arena que acentúan la pendiente de la gran montaña de gastos a la que se enfrentan las economías domésticas en cada hoja del calendario «y que condenan con más dureza a aquellos que se encuentran en una especial situación de precariedad», subraya la secretaria general de Empleo de UGT Málaga, María Auxiliadora Jiménez. En este grupo figuran los 229.284 malagueños que «malviven» con una pensión, como critica la sindicalista. «Las pagas en la provincia son muy bajas y, en algunos casos, como en el de las viudas, son de auténtica vergüenza», denuncia Jiménez.
Por tipos, la más cuantiosa en lo que a beneficiarios se refiere es la de jubilación, cobrada por 122.358 malagueños a tenor del último informe difundido por el Instituto Nacional de la Seguridad Social, correspondiente a junio. Los ingresos medios percibidos por los trabajadores retirados del mercado laboral es de 850,92 euros mensuales, la segunda partida más alta después de la percibida por los 35.869 incapacitados permanentes, que cobran 876,83 euros. Las 60.454 viudas que suma la provincia viven con 558,96 euros mensuales. La paga más baja es la de orfandad: 339,21 euros.
Todos estos importes sitúan la pensión media en la provincia en los 754,87 euros, por debajo de los 804,79 establecidos en el conjunto del país. A simple vista puede parecer poca diferencia: 49,92 euros mensuales. Sin embargo, si se saca la calculadora y se multiplica es considerable. El resultado de esta simple operación matemática arroja un contraste de casi 600 euros anuales (599,04 para ser exactos) en contra de los malagueños.
Tenemos las pensiones más bajas y a su vez lideramos la tasa de paro. La provincia, con 176.618 desempleados, encabeza el 'ranking' nacional con un porcentaje del 30% de población activa sin una nómina que llevar a casa a principios de cada mes. La temporada de verano ha dado una tregua permitiendo que el registro de desempleados acumule tres meses de caída. Sin embargo, a juicio de los sindicatos, este descenso se debe a la coyuntura turística y está maquillado por el «efecto desánimo»: personas que han dejado de apuntarse al paro porque han agotado sus prestaciones y no tienen esperanza en que les llamen para trabajar.
Unos y otros (pensionistas y parados) suman la friolera de 405.902. Es decir, una cuarta parte (el 25%) de la población total de la provincia, que ronda los 1,6 millones. Demasiadas personas en situación crítica, como alerta el coordinador del Instituto Andaluz de Estudios Financieros , Ángel Yagüe. «Las continuas subidas de precios empobrecen a los más pobres anulando su posibilidad de ahorro y convirtiendo en un imposible la llegada a fin de mes», asegura al tiempo que recuerda que no solo ellos sufren sus estragos. «Hay miles de empleados con los salarios congelados que también están padeciendo esta escalada», precisa.