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El talento de Mr. Bellow

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El talento de Mr. Bellow

16.07.11 - 01:35 -
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Desde que Saul Bellow publicó su primera novela, en 1944, fue calificado por la crítica de novelista filosófico, cuyas obras eran "sólidamente construidas a partir de ideas certeras e importantes". El escritor judío-canadiense de ascendencia rusa fue asimismo considerado como el más europeo de los autores americanos: a esta conclusión contribuyeron sus conocimientos lingüísticos e históricos que en ciertos momentos acercan al lector a la prosa ingenua y depurada de los maestros rusos.
El que fue el cuarto libro de Bellow se publicó por primera vez en 1956. Tragicomedia como la mayoría de las novelas del escritor, y parábola como muchos de sus textos, 'Carpe diem' tiene a Brodway como escenario general y al Gloriana como epicentro narrativo. El Gloriana, a pesar de su nombre presuntuoso y a su aspecto testimonial de la época de Stanford White, es ya únicamente una reliquia residencial cuyos actuales inquilinos son, en su mayor parte, judíos jubilados, " parece un palacio barroco de Praga o Múnich aumentado cien veces, con torres, cúpulas". El inquilino a la vez más joven y más pobre del hotel es Tommy Wilhelm. A sus 44 años, Tommy, que le dirige a su reflejo en el espejo opiniones tan despectivas como "hipopótamo rubio", "idiota", "burro", "jabalí", o "mula de carga", arrastra su fracaso existencial y profesional por los pasillos del Gloriana: tanto su matrimonio como su carrera de actor y su posterior empleo en una empresa se han hundido, y el gigante alto y rubio, "cara redondo, una boca roja y abundante, unos dientes menudos", se ve forzado a humillarse ante su padre para que le pague la cuenta del hotel, aunque el anciano doctor Adler no está en absoluto dispuesto a ayudar a un hijo a quien considera un perfecto inútil.
Avasallado por todos los frentes, Tommy Wilhelm es un personaje cuya credulidad a la vez patética e introspectiva nos ofrece escenas tan literariamente magistrales como aquélla en la que llega por casualidad al funeral de un desconocido y, cediendo a su propio e incontrolable dolor, " Wilhelm rompió a llorar. Al principio lloraba suavemente y por sentimentalismo, pero luego por una tristeza más profunda (.) Pronto estaba más allá de las palabras, la razón, la coherencia". No podía detenerse. El manantial de todas las lágrimas había brotado de repente dentro de él, negro, profundo y cálido, y se derramaba sacudiéndole el cuerpo, haciéndole bajar la terca cabeza, encorvándole los hombros, torciéndole el rostro, atrofiándole incluso las manos que sostenían el pañuelo (.) Era el único que sollozaba el toda la capilla. Nadie sabía quién era".
Tommy será la presa perfecta para el personaje más interesante del libro: el doctor Tamkin - "¡Qué personaje era el doctor Tamkin cuando se quitaba el sombrero! La luz indirecta destacaba las complejidades de su cráneo calvo, su nariz de gaviota, sus cejas bien trazadas, su bigote vanidoso, sus ojos castaños de engañador (.) Los grandes iris castaños parecían solícitos; pero ¿lo eran? Y honrados; pero ¿era honrado el doctor Tamkin?" - , que se declara también filosofo, poeta, artista y científico; casi un hombre del renacimiento reconvertido en agente de bolsa a quien Wilhelm confía sus últimos ahorros ante las fabulosas perspectivas ofrecidas por el estafador. Huelga decir que Tommy no sólo no verá nunca los beneficios especulativos de Tamkin sino que sus ahorros se esfumarán como lo hará el falso doctor y sus consejos, inevitablemente relacionados con la importancia de vivir el momento presente.
La prosa afilada y sarcástica de Bellow delimita una novela de una lucidez asombrosa, que nos conduce hasta lo que el escritor denominaba "El carnaval de la calle": la vida en el Nueva York de la zona noroeste (más o menos desde la calle Setenta hasta la Universidad de Columbia en la calle Ciento dieciséis): "Y la inmensa, la gran multitud, el inacabable flujo de millones de seres de toda raza y especie seguía su curso, apretadamente, gente de todas las edades, de toda condición, poseedora de todos los secretos humanos, antiguos y futuros, y en cada rostro la quintaesencia de un afán particular: trabajo, gasto, lucho, pienso, amo, insisto, retengo, cedo, envidio, ansío, desprecio, muero, escondo, quiero. Deprisa, mucho más rápido de lo que se tarda en llevar la cuenta".
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