Cuando su madre le daba para merendar pan con azúcar y vino no podía imaginar que se convertiría en un referente en el sector vitivinícola, no solo en Ronda, y que sus caldos, 'Vinos Vetas', merecerían los galardones más prestigiosos en los ámbitos nacional e internacional. Juan Manuel Vetas (Ávila, 1952) es actualmente enólogo, viticultor y bodeguero en la Serranía de Ronda. Concretamente, está al frente de Bodega 'El Baco', situada en el término municipal de Arriate, con apenas una hectárea que dan vida a casi 4.000 cepas, dedicadas a la variedad petit verdot al 80%.
La decisión de sus padres marcaría su destino. Emigraron a Francia cuando Juan Manuel tenía diez años. No pudo negarse, lógicamente. Él y su familia, como muchos españoles, cogieron las maletas y se marcharon en busca de mejor vida. «A los tres años nos fuimos a Burdeos, a Marot, corazón mundial de los grandes vinos, allí me 'entró el gusanillo', no tenía claro a qué dedicarme y estudié enología y viticultura». Ya casado y con dos hijos, el destino quiso devolverlo a España, concretamente, a la ciudad del Tajo. Trabajaba en una bodega en Burdeos: «Querían hacer negocios en España, lo intentaron en la Región del Duero, en Valladolid, pero no llegó a buen puerto la negociación, conocían el proyecto del Príncipe Alfonso de Hohenlohe en Ronda, en el Cortijo 'Las Monjas', y fuimos los primeros en plantar cepas de las variedades tintas en Ronda y su comarca». Le propusieron desplazarse hasta la ciudad del Tajo y, aunque confiesa que fue una decisión difícil, no se arrepiente. No conocía Andalucía. Solo había pasado una semana en la playa.
Pionero en la comarca
«Fue duro, Ronda es muy distinta a Francia, aquí falta formalidad y al principio te tienes que adaptar pero no tenía demasiado tiempo y mucho trabajo, me 'encabezoné' en el proyecto, en que saliera hacia delante». Tuvo ocasión de abandonar y volver a Francia. Sin embargo, cuando echa la vista atrás, es consciente de que si se hubiera marchado, Ronda y su Serranía no habrían alcanzado el auge del que hoy en día presumen en el sector con 15 bodegas y dos en proyecto: «No imaginé que se animara tanta gente y que los vinos de Ronda llegaran a tener nombre propio».
Al preguntársele por el secreto, sonríe de forma contenida, como los buenos profesionales: «No hay, tenemos una climatología muy buena para hacer vinos de calidad, muy buenos terrenos, en muy pocos kilómetros contamos con diferentes microclimas y respecto a las viñas jóvenes, lo principal es hacer las cosas muy bien y no querer tener producciones muy grandes». Desmitifica creencias: «Se dice que las viñas más viejas producen vinos de mejor calidad, son más concentrados por el menor rendimiento, pero si en viñas jóvenes dejamos un pequeño rendimiento, considero que se pueden obtener grandes caldos».
Juan Manuel está orgulloso del camino que han recorrido los vinos rondeños y serranos. Sin embargo, apunta a dos grandes retos: «Necesitamos ser una piña, estar unidos, no siempre es fácil, hay mucha gente que está en el vino que no son profesionales y es difícil cambiar de ideas; por otro lado, la administración debería ayudarnos de verdad, dar a conocer una región que es vitivinícola y no solo turística y que en todos los actos oficiales, por ejemplo, estuvieran presentes nuestros caldos». Recuerda que en las guías gastronómicas nacionales, los vinos de Ronda están cosechando muy buenas críticas.
Al hablar sobre el día a día de un enólogo, viticultor y bodeguero, suspira: «De siete de la mañana a nueve de la noche, sin parar, ahora cogeré un respiro antes de que empiece la vendimia en septiembre, son días muy completos, todo lo llevo apuntado en la cabeza». Hará lo que más le gusta: viajar y descubrir lugares además de buscar un hueco para leer un buen libro, sobre todo en verano y cuando el sol se cansa. Considera que sus dos hijos y su esposa son sus mejores catadores. María Elena, su mujer, trabaja en la distribución y su hijo, en una revista de gastronomía: «De pequeños les daba a oler vino, les mojaba los labios cuando fueron creciendo y me pedían Coca-Cola, les decía que no había, mi mujer me aconsejó sobre un vino, me dijo que tenía que ser más femenino y quedó el primero en una cata de mujeres». Y suma y sigue. Juan Manuel ahora está ilusionado con el nacimiento de otra bodega.