Agentes de la Policía Nacional han detenido a una mujer y a su hijo acusados de falsificar más de 350 recetas médicas para retirar psicotrópicos en farmacias, según han confirmado a este periódico fuentes policiales.
La investigación, a cargo de la comisaría del distrito Norte de la capital, comenzó hace un mes y medio a raíz de la sustracción de varios talonarios en blanco para prescribir recetas a pensionistas en el Hospital Carlos Haya de Málaga. El caso se cruzó con varias denuncias presentadas por al menos tres boticas de la ciudad donde se habían entregado prescripciones aparentemente falsificadas.
Contra la salud pública
Tras varias gestiones, los agentes consiguieron identificar a las personas que supuestamente estaban retirando medicamentos con estas recetas. Se trataba de una mujer de 65 años y su hijo, de 45. Según explicaron las mismas fuentes, ambos fueron detenidos por presuntos delitos de falsedad documental y contra la salud pública, ya que los fármacos que habían sacado de las boticas eran psicotrópicos. No se les imputa el robo de los talonarios en el hospital, ya que no se ha podido determinar si tuvieron alguna participación en el mismo.
Durante la operación, la policía realizó un registro domiciliario en el que se encontraron multitud de comprimidos, así como efectos que presumiblemente se habrían utilizado para falsificar las recetas, tales como sellos, tampones y distintos tipos de tinta.
En 2008 hubo otro caso muy similar en Málaga que se resolvió con la detención de un hombre de 46 años por falsificar recetas que luego, al parecer, distribuía en el mercado negro. En aquella ocasión, la investigación también partió de la denuncia de un médico de hospital de la capital, quien alertó del robo de un sello.
Carné de identidad inventado
La policía averiguó que se habían retirado cientos de medicamentos psicotrópicos en distintas boticas de Málaga. Los investigadores pudieron constatar la existencia de unas 350 recetas fraudulentas.
El modus operandi supuestamente utilizado por el detenido consistía en rellenar estos documentos con nombres de pacientes ficticios con su DNI -un requisito necesario para la prescripción de psicotrópicos- inventados.
Finalmente, usaba distintos sellos para validar las recetas que entregaba en las farmacias con el fin de retirar estos medicamentos.