La sabiduría popular las situaba entre los negocios más rentables: su escaso gasto en materia prima -champú, tinte y laca, básicamente- permitía exprimir al máximo las ganancias. Quizá por eso, y porque la inversión necesaria para montar una peluquería no es muy alta, estos negocios proliferaron a pie de calle hasta el año 2007, según el presidente de la Asociación de Empresas de Peluquería y Salones de Belleza de Málaga y Provincia, Gabriel Ramos. «El sector experimentó un crecimiento espectacular», afirma.
Pero la crisis ha provocado que los malagueños se vuelvan menos presumidos y le den un drástico tijeretazo al gasto en imagen personal. Como consecuencia, las visitas a las peluquería se han reducido «a la mitad», según Ramos. Susana Rivera, copropietaria del salón Matices, en el barrio de La Luz de la capital malagueña, confirma esta percepción. «Desde hace cuatro años, pero sobre todo en los dos últimos, la frecuencia con la que vienen las clientas se ha reducido muchísimo. Antes se retocaban el tinte una vez al mes y cada dos semanas solían venir para peinarse. Ahora de venir a peinarse nada, y el tinte lo alargan hasta mes y medio o dos meses», explica. A ello se añade que las celebraciones ya no son sinónimo de visita a la peluquería. «Lo de venir a peinarse para ir a una boda ya no es lo habitual, la gente se apaña como puede en su casa», añade esta empresaria.
Tintes en casa
A priori podría deducirse que la mitad de visitas equivalen a la mitad de ingresos, pero además el gasto medio por cliente se ha reducido considerablemente. «Los servicios más caros son precisamente los que los usuarios ya no piden tanto. Podríamos hablar de extensiones, alisados y, en definitiva, todos aquellos servicios que no son imprescindibles para salir a la calle y ofrecer una imagen adecuada», argumenta el presidente de la asociación provincial de peluquerías.
El establecimiento de Susana ha sido testigo de este cambio. Se ha reducido, por ejemplo, el número de mujeres que eligen el método de las mechas para colorear su pelo, ya que es más caro que un simple tinte. Además, la compra de productos para el cuidado del cabello también ha caído en picado. «Se compran las mascarillas del supermercado, que son de peor calidad, y luego vienen con el pelo achicharrado», opina.
«Muy justitas»
La consecuencia de todos estos cambios provocados por la crisis económica es una fuerte caída de ingresos que ha empujado al cierre o a realizar despidos a muchas peluquerías. Rivera, que tiene abierto su negocio desde hace casi 11 años, ha visto cerrar no pocos salones. «Afortunadamente nosotras tenemos una clientela muy fiel, que viene menos y se gasta menos, pero sigue viniendo», afirma. «Hay meses que vamos muy justitas, pero aquí seguimos», añade.
Actualmente, según los datos de la Asociación de Empresas de Peluquería y Salones de Belleza de Málaga y Provincia, la provincia de Málaga cuenta con 2.650 establecimientos de peluquería y otros 1.118 dedicados a la estética, cuya suma hace un total de 3.768 empresas dedicadas a la imagen personal. El número de trabajadores asalariados que actualmente tiene el sector asciende a 3.200, pero sumando los profesionales autónomos el empleo generado llega a casi 7.000 personas. El 87% de estos profesionales son mujeres, en su mayoría jóvenes.
La cifra total de empleos no se ha reducido como consecuencia de la crisis, según Ramos, pero sí ha cambiado la proporción de asalariados y autónomos. Y es que se aprecia «una reducción importante de empleados y un aumento de creación de empresas», según ha constatado la patronal del sector. Una tendencia que responde al hecho de que muchos de los trabajadores que se han quedado en paro han apostado por el autoempleo. En este sentido, el presidente de los peluqueros malagueños confirma la tendencia a la especialización que se observa entre los nuevos negocios.