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El sector cultural se toma con calma el salto a la web 2.0

CULTURA Y ESPECTÁCULOS

El sector cultural se toma con calma el salto a la web 2.0

La adhesión de las entidades contrasta con el desapego de no pocos creadores

22.05.11 - 01:39 -
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Equivale a 11,502 kilos. En Aragón, a 12,5. Son las dos primeras acepciones contempladas en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. La quinta habla de un símbolo, pero no precisa su peso (enorme) en la sociedad actual. La arroba. Emblema gráfico de las comunicaciones a través de Internet. Un medio con el que los agentes culturales mantienen todavía una relación desigual, cuyo catálogo de aproximaciones va de la adhesión entusiasta al desapego irreductible.
Una realidad poliédrica, compleja, que repele las interpretaciones simplistas. Sí parece evidente que la mayoría de las instituciones culturales se han lanzado -con mayor o menor acierto- a la conquista del World Wide Web. Un impulso que contrasta con la actitud renuente de no pocos creadores, que a título particular prefieren mantener las distancias con todo lo que pueda oler a redes sociales.
Más que «peligros», los expertos aprecian «mucho ruido» alrededor de la web 2.0, como se conoce a las herramientas que permiten el intercambio multidireccional de información a través de la Red. Habla Javier Celaya, fundador de la consultora Dosdoce y una de las mentes más lúcidas en estos lares: «Hasta hace cuatro o cinco años había cierto distanciamiento por parte de las instituciones culturales respecto al empleo de estas herramientas. Sin embargo, a medida que han visto cómo las manejaban los usuarios, estas entidades se han ido sumado. Han comprobado que ya no es una moda ni algo limitado a cuatro 'friquis'».
Celaya ofrece además otra clave para entender el desembarco de los organismos culturales en la web 2.0. «Estas aplicaciones permiten realizar actividades que en el mundo analógico resultan mucho más costosas. Las instituciones de mediano tamaño las emplean por dos motivos esenciales: primero, no requieren mucho presupuesto y, segundo, la estructura de estos organismos no es tan compleja como para ralentizar la toma de decisiones», argumenta el fundador de Dosdoce, un observatorio especializado en el análisis de las nuevas tecnologías en el sector cultural.
Así que por ahora todo parecen ventajas. Aunque también hay riesgos. O más que eso, «ruido». Celaya emplea la misma expresión que Pilar Gonzalo, coordinadora de los programas 'on line' del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Su análisis resulta esclarecedor: «La entrada se ha hecho muy rápidamente, aunque la madurez en el uso está aún por llegar. Ahora hay demasiado ruido: muchas empresas que se apuntan al carro para 'posicionarse en Internet' sin reflexionar previamente sobre su identidad y estrategia».
«Opino que 'estar' en redes sociales no significa necesariamente 'ser' social. Una organización cultural -prosigue Gonzalo- que por ejemplo comparte su plan estratégico en su página web, o sus estados de cuentas, o la composición y funcionamiento de sus sistemas de gobierno es una organización más social y más considerada con su público usuario que otra que eluda este tipo de información, pero que sin embargo está en todas las redes sociales».
Un análisis previo
Toma el relevo Rocío Lara, coordinadora del espacio cultural Camon, una dinámica entidad sin ánimo de lucro de la escena madrileña: «Lo primero que debe preguntarse una institución/entidad/persona es por qué y para qué esta presente en las diferentes redes de la web 2.0. No hay que estar por estar, ni siquiera hay que estar en todas las plataformas».
Ese «análisis previo», en palabras de Celaya, puede llevar a descartes quizá llamativos para los profanos en la materia. «Facebook, por ejemplo, es una de las redes sociales más inútiles para el sector cultural. Espacios como Arte Informado o Ente Lectores quizá tengan menos 'glamour', pero resultan mucho más rentables», sostiene Celaya.
Pese a todo, el invento de Mark Zuckerberg se mantiene como la principal vara de medir a la hora de testar la presencia de cualquiera en a las redes sociales. Tanto es así, que la propia Dosdoce ha titulado uno de sus estudios más recientes (y esclarecedores) 'La visibilidad de las galerías de arte contemporáneo en Facebook'. Y la primera conclusión resulta llamativa: apenas un 38,8% de las salas analizadas está en Facebook y sólo un 15% enlaza su sitio web con esta red social.
Paso a paso
Datos que ilustran el tránsito, aún tímido, de buena parte del sector cultural hacia las aplicaciones de la web 2.0. Un paso que van dando galerías malagueñas como JM o Isabel Hurley. Esta última sostiene: «La presencia en las redes sociales no va a ser por mucho más tiempo una cuestión optativa. Tan importante e incuestionable es incorporarse a ellas que en muchas ferias, caso de Arco, por ejemplo, es uno de los criterios de valoración».
Hurley añade que desde su galería trabajan para crear en breve perfiles en Linkedin y Twitter. «Puede considerarse un fantástico escaparate abierto al navegante de cualquier parte del mundo, que proyecta la imagen y el trabajo que realiza el equipo de la galería; además, resulta determinante para acceder a determinadas ferias: Art Brussels se guía únicamente por los contenidos e imagen de la web».
Un discurso muy similar ofrece Javier Marín, director de la Galería JM de la capital: «Previo a la inauguración de cualquier exposición en la galería se ofrece la información del montaje en la página web. Esta información se publica tanto en inglés como en español. Actualmente, nuestro sitio en Internet está en proceso de modificación y próximamente contaremos con una web 2.0».
Esa «ventana virtual» también representa un «proyecto pendiente» para la creadora malagueña Cristina Martín Lara. «Lo encuentro fundamental hoy en día. Se trata de una herramienta que ofrece una idea general de tu trabajo, abierta a los ojos de todo el mundo», reflexiona la artista desde Berlín.
Martín Lara sí tiene cuenta en Linkedin, una red de perfiles profesionales a la que accedió hace un año a través de la invitación de uno de sus usuarios. La creadora añade que a través de esta plataforma ha establecido contactos profesionales. «No hay desplazamientos físicos, ni coste alguno a la hora del envío de dossieres, se trata de una herramienta magnífica para el conocimiento de tu trabajo; eso sí, de una forma siempre general», acota la artista.
Martín Lara admite que, por ahora, no ha encontrado en las redes sociales una fuente de inspiración para su trabajo. Una puerta que deja entreabierta Lorenzo Silva: «El escritor, y sobre todo el novelista, vive de cazar personajes e historias. No niego que estas herramientas me han ayudado a cazar».
«Mi página web, la pionera de todo, nació a mediados del 2000 (y junto a ella, un buzón público de correo electrónico, que mantengo). El blog es de 2008 y surgió en principio como complemento a la página web, hasta que tomó vida propia. Twitter tengo desde hace un año. Facebook sigo sin tener, y así pienso seguir a menos que lo imponga la Agencia Tributaria para relacionarse con ella (que todo puede llegar...)», bromea Silva.
Sin salir de casa
Al otro lado de la balanza virtual se coloca el desapego de muchos creadores hacia estas aplicaciones. Habla el escritor José Antonio Garriga Vela: «Supongo que es una manera de comunicarse sin salir de casa. Abrir las puertas y dejar que tanto conocidos como desconocidos pasen al salón e incluso entren en nuestro propio dormitorio (...) Yo sigo leyendo en papel -añade- y sólo entro en los mundos de papel. No sé cómo leen y escriben los usuarios de las redes. Probablemente lo hagan de otra manera».
Y una reflexión de Lorenzo Silva para terminar: «Cada novedad que registra el universo que nos rodea nos obliga a adaptarnos. Escribir seguirá siendo más o menos lo mismo, el empeño de apresar en palabras las emociones profundas y valiosas de la vida. Con estas herramientas surgen nuevas historias, nuevos temas, y nuevas vías para darlos a conocer. También, por tanto, para la distribución. Afectarán, claro, pero todo seguirá dependiendo del talento de quien escribe y de su capacidad de conmover a los demás. Eso, que es lo esencial, permanece».
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