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«Le estamos cogiendo el gusto a esto de ir a ver exposiciones»

CULTURA Y ESPECTÁCULOS

«Le estamos cogiendo el gusto a esto de ir a ver exposiciones»

19.05.11 - 01:28 -
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Enfila el paseante la calle Mártires, a la espalda de la iglesia y la plaza del mismo nombre, y escucha una guitarra. Acústica. Amplificada y, sin embargo, sutil. Fantasea entonces con la posibilidad de que los rectores del Museo Carmen Thyssen Málaga hayan instalado hilo musical para amenizar la espera de los visitantes que hacen cola a las puertas de la institución. Pero no. Se trata de un músico callejero, que vende sus grabaciones sobre un atril.
Aun así, el concierto ayuda bastante a que la escena ofrezca una serenidad que poco tiene que ver con el ruido y la furia de la pasada Noche en Blanco. Como entonces, el Thyssen se erige como uno de los espacios más concurridos de la cita. Solo que ahora la celebración es otra: el Día Internacional de los Museos, que brinda de nuevo una jornada de puertas abiertas y visitas guiadas a los centros expositivos de la ciudad.
Adela y Marianela no se perdieron la Noche en Blanco del pasado sábado y tampoco piensan desaprovechar la oportunidad de una mañana de paseo y arte. «Le estamos cogiendo el gusto a esto de ir a ver exposiciones... ¿Quién nos lo iba a decir a nuestra edad?», admite Adela, una jubilada malagueña que hoy se ha puesto «vestida de domingo» para acudir al museo de la calle Compañía junto a un grupo de amigas.
De nuevo colas en el Thyssen
«Es la tercera vez que venimos al Thyssen. Estuvimos el segundo día de apertura, porque el de la inauguración vimos mucha gente; también estuvimos en la Noche en Blanco y ahora», comenta Marianela cerca a una pareja de jóvenes. Ellos vienen de Orense. Él se llama Carlos y se acerca a un extraño cuadrado en blanco y negro para hacerle una foto con el móvil. «No me funciona, se ve que tienes que descargarte una aplicación», explica.
Si el teléfono de Carlos tuviera esa función, habría visto en la pantalla la historia de alguna de las piezas más emblemáticas de la colección del Thyssen malagueño junto a una reproducción del cuadro de marras.
Lo que Carlos captó con su cámara es un código QR -similar al código de barras- que al escanearlo daba acceso a información sobre los contenidos del Thyssen. Estaban desplegados a lo largo de distintos puntos de la calle Compañía. «La idea consiste en sacar, metafóricamente, el museo a la calle, jugando con el valor del enigma, de esa imagen que no sabemos muy bien qué esconde detrás», detalla el responsable del Departamento Educativo del Museo Carmen Thyssen Málaga, Guillermo Miranda, artífice de esta novedosa iniciativa.
A las puertas del Thyssen se formaban de nuevo colas de visitantes a la espera de su turno para conocer la pinacoteca. Una hilera en la que convivían acentos diversos, nacionales y extranjeros. Lo mismo que en el Museo Picasso Málaga (MPM), si bien la calle San Agustín recordaba un poco más a la Torre de Babel. Unos minutos en la entrada del MPM bastaban para confirmar el tirón internacional de la institución. Marcaban la pauta italianos, británicos, franceses y alemanes. Como Klaus y Frietze, un matrimonio venido de Düsseldorf que a duras penas contenían la efusividad de Hans, su hijo pequeño, empeñado en hacer rodar el carrito escaleras abajo. Al final casi lo consigue.
Su padre resopla. «Estamos alojados en Benalmádena y hemos decidido pasar el día en Málaga. No sabíamos que la entrada al museo era gratuita, así que para nosotros ha sido una agradable sorpresa. ¡Ahora dedicaremos ese dinero a comer en un restaurante un poco mejor de lo que teníamos previsto!», bromeaba Klaus mientras se calzaba con esfuerzo una mochila deportiva a punto de estallar.
Libertad para Ai Weiwei
El cosmopolitismo del público también primaba en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (CAC Málaga), que ofrecía visitas guiadas y talleres infantiles. Una jornada lúdica que servía al centro para mantener su reivindicación en defensa de la libertad del artista chino Ai Weiwei, encarcelado desde hace más de un mes. Y así, muchos visitantes participaban el proyecto colectivo consistente en elaborar un gran collage con las fotografías tomadas a los asistentes al centro junto a un cartel que reclama la liberación de Ai Weiwei.
Y orientales eran los integrantes de un nutrido grupo que asomaba por la Fundación Picasso pasadas las once de la mañana. Tras ellos, una pareja de mediana edad y acento latinoamericano. «Hoy es la entrada gratuita, ¿vamos?», pregunta él. «Dentro de una hora es la primera visita guiada, ¿esperamos?», responde ella. Ambos miran sus relojes, cuentan los minutos por venir y deciden entrar. El tiempo es oro. Y más en vacaciones.
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El Picasso vivió ayer una jornada muy intensa al hilo de la celebración del Día Internacional de los Museos. :: CARLOS MORET

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