Ponferrada volvió a derrochar 'glamour' en la entrega de los Premios Micrófonos de Oro. No importa que cambiara su ubicación tradicional (se trasladó del estadio municipal de El Toralín al teatro Bergidum), porque la expectación y alborozo del público acudieron puntuales a su cita. Miles de personas aplaudieron a rabiar la llegada de galardonados y famosos, montados en coches de época y encantados con el clima de la capital berciana. ¡Así da gusto pasear en descapotable!
Eso sí, entre los protagonistas, también los había discretos como Vicente del Bosque que -nada más recoger el micrófono dorado en reconocimiento a los éxitos de 'La Roja'- aprovechó la oportunidad para lanzar un mensaje de ánimo a la afición blanquiazul: «Tiene mucho mérito que la Ponferradina esté en Segunda División y si baja, que está por ver, ya volverá a subir». Los anfitriones le agradecieron el gesto con una ovación cerrada. La ceremonia apenas duró dos horas (menos que en ediciones anteriores) y no hubo tiempo para aburrirse.
Desde la baronesa Thyssen, distinguida por su colaboración en Punto Radio, hasta José Miguel Azpiroz, responsable de Informativos en la misma cadena de radio, el abanico de laureados dio muchísimo de sí. La gente disfrutó enormemente, hasta el punto de que muy pocos refunfuñaron porque en esta edición se decidiera suprimir la habitual cena abierta al público. Lo que interesaba era el espectáculo, y eso no faltó. Ahora bien, no todos armaron el revuelo del actor Mario Casas, que llegó en un camión Peterbilt de 1970 y posó con aire canallesco para delirio de sus fans. El joven gallego estaba exultante por haber ganado el premio de la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión, que preside Luis del Olmo.
Tras el revuelo que montó Casas, hizo su aparición el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, que en un santiamén se vio rodeado por un enjambre de periodistas. Llegaba en calidad de premiado por su trayectoria política -igual que Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria-, y solo se animó a soltar titulares al final de la gala cuando se comprometió con un plan de empleo que daría «seguridad, certidumbre y disiparía dudas». Revilla, por su parte, se metió al respetable en el bolsillo al asegurar que «si no me hubiera casado con una berciana, de qué iba a ser yo presidente.... ¡Ni de la escalera de mi casa!».
Al ambiente, amistoso y desenfadado, contribuyeron las muchas tablas de los presentes: artistas de la talla de Arturo Fernández, Manu Carreño y Ana Torroja, así como periodistas como Rosa María Molló o Susana Griso (que recibió un galardón sorpresa y presentó la gala con Del Olmo) cumplieron con su papel y encima con nota. Y muy alta.