La verdad es que ella nunca se había escondido. De hecho, ya había dejado entrever alguna pista (o más bien evidencia) en uno de los temas de su álbum 'Loud', editado a finales del pasado año, que muy apropiadamente tituló 'S&M'. «Porque puede que sea mala / pero estoy perfectamente bien / Hay sexo en el aire / Nada más me interesa / Me encanta la forma como huele / Palos y piedras / pueden romper mis huesos / pero los látigos y las cadenas / me excitan». Así de explícito es el estribillo de la canción, fiel a la arriesgada línea que Robyn Rihanna Fenty, Rihanna para el común de los mortales, ha mantenido desde de los albores de su carrera.
Siempre provocativa, excesiva, sexual... la caribeña (Barbados, 1988) alimenta cada cierto tiempo a esa bestia insaciable que es la popularidad con controvertidas actuaciones que, casi siempre, tienen lugar fuera de los escenarios musicales. Así que cuando la revista 'Rolling Stone' le propuso ser la portada de su último número y acompañar las imágenes con una entrevista, muy pocos tuvieron dudas de que Rihanna fuera a pasar desapercibida. «Me gusta que me azoten y me aten, es divertido», sorprende en esta ocasión la joven en la conversación mantenida con la revista musical. «Prefiero que sea algo espontáneo. A veces, usar látigos y cadenas es demasiado planeado. Tienes que parar e ir a buscar el látigo al último cajón de la planta de abajo. Prefiero que ellos usen sus manos», desvela sin despeinarse. «Creo que soy un poco masoquista. No es algo de lo que esté orgullosa, y no me di cuenta hasta hace poco. En mi vida me gusta llevar las riendas, pero en el dormitorio me divierte ser sumisa. Allí dentro puedo ser una pequeña dama y tener a un macho que se responsabilice de la situación. Eso es sexy», añade la explosiva cantante en la publicación.
Un pasado oscuro
Aunque nadie tiene por qué justificar sus gustos sexuales, la joven abre la puerta a un oscuro pasado para ofrecer una explicación. «Creo que es común en la gente que fue testigo de maltratos en su infancia», se sincera para acto seguido desgranar detalles de las terribles experiencias que vivió en su niñez, con un padre drogadicto al que recuerda ver fumar crack. «Los viernes me aterraban porque podía volver a casa borracho. Ese día recibía su paga, y la mitad se iba en alcohol».
El tono de estas declaraciones hacen entrever que, en esta ocasión, Rihanna deja a un lado la controversia para hablar desde la sinceridad más absoluta. Y es que sería mucho frivolizar con un tema, el de las prácticas sadomasoquistas, cuando, lamentablemente, la artista fue víctima de malos tratos por parte de su exnovio Chris Brown. Rapero de malas pulgas y peores maneras, hace un año le envió con la cara destrozada a Urgencias después de propinarle una paliza. Ella es masoquista sólo en la cama. Él, en cambio, sádico a tiempo completo.