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El exportero que se dedica a educar en valores a los niños

FOTOMATÓN

El exportero que se dedica a educar en valores a los niños

05.02.11 - 01:24 -
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Pocas veces la expresión manida de 'colgar las botas' ha sido tan fiel a la realidad, porque Fernando Peralta Carrasco (Ronda, 1961) no se las ha vuelto a calzar desde que se retirara del fútbol. «Es que si te las pones es para ir a un partido de veteranos, y ahí te pedirán que juegues de portero, y resulta antipático parar a tus colegas...».
Sexto de diez hermanos (su madre no dio a luz a una niña hasta el noveno intento), lleva a gala ser rondeño, del barrio de la Sagrada Familia, con vivienda frente al Hotel Reina Victoria, y formado en el colegio Juan de la Rosa. Su vocación por la portería fue hasta cierto punto casual. «Cuando jugaba en el Atlético Ronda con mis hermanos Julio y Juan Carlos era el más pequeño, y por ello tenía que hacerlo ahí, pero en el colegio era delantero, lo que más me gustaba».
Sin embargo, de portero rebasó su sueño -«el de jugar algún día en Tercera con el Ronda»-. A los 16 lo citaron Andrade y Cayuela para una selección juvenil malagueña y ya se instaló de interno en el Cerrado de Calderón, 'vigilado' por Luis Entrambasaguas, y se afanó en convertirse en el único jugador de la ciudad del Tajo que llegara a Primera. Se acaban de cumplir tres décadas de su estreno oficial en el Málaga, el 14 de diciembre de 1980 en casa frente al Recreativo en Segunda, cuando tuvo que relevar al lesionado Burgueña, y Navarro, de penalti, le marcó su primer gol. Tiempos junto a los desaparecidos Gallardo y Vadillo.
Por aquellas fechas vivía en el Seminario, pero no se equivoquen con su vocación. «Estuve seis años allí completando los estudios universitarios de Magisterio, y me fue muy útil para tener una organización de los horarios», explica. Contertulio de fútbol con el obispo Ramón Buxarrais, apasionado del Barcelona, no tuvo tiempo de hacer túneles bajo sotanas, y ya andaba ennoviado con su esposa, Ana.
Rivalidad al alza
Internacional sub-21, jugó también un Mundial sub-20 en Australia. Llegó el momento de afianzarse en el Málaga, hasta su traspaso por 25 millones de pesetas al Sevilla. «Y eso que pude ser del Betis un año antes». en vísperas de otro derbi entre los dos grandes equipos de las principales capitales andaluzas, reconoce que «cuando me fui no había tanta rivalidad como ahora, y en todo caso era con el Granada». Ni para negociar su salida del Sevilla al Castellón (mantiene piso en Benicassim), ni cuando recaló después en el Compostela (el tercer club con el que jugó en Primera) se valió de los servicios de un agente.
En los cuatro años en el Sevilla sufrió la única lesión grave de su carrera (se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha), y ese incidente provocó la llegada del ruso Dassaev, que lo privó de jugar lo que hubiera deseado. «Fue el mejor portero que he visto, igual que ahora me parece que Casillas es el mejor del mundo», reconoce. Si se le pregunta por su mejor parada recuerda una tras chilena de Maradona en La Rosaleda. «No se ha vuelto a ver, y me llenó de orgullo que un aficionado me la recordara». En Santiago llegó la acción por la que es más conocido, un famoso gol de Ronaldo, en una jugada individual espectacular. «Ni siquiera Chiba pudo con él agarrándolo, porque pisaba el balón y se paraba», aclara sobre la jugada que cualquier aficionado que lo saluda le sigue recordando. «A mí no me molesta, y hubo una reclamación posterior por derechos de imagen, pero fui el único que no participé en ella».
Fernando Peralta siempre tuvo un doble sueño: ser futbolista y maestro. Lo cumple actualmente en su trabajo en el Servicio de Deportes de la Diputación, ya que es el responsable del programa de escuelas municipales. Como técnico superior en fútbol y licenciado en Magisterio, enseña valores en el deporte a niños con edades comprendidas entre los 6 y los 13 años, y ha sido coautor de guías didácticas al respecto. «Hay que mostrarles que tienen que ser compañeros y respetar las normas. Utilizar el deporte como excusa para educar».
Nuestro exportero rondeño considera el deporte tan importante que puso como obligación que su único hijo, ya con 18 años, practicara uno al menos. No salió futbolista, pero sí jugador de baloncesto, aunque no a nivel profesional. Enfrascado en su trabajo y en su labor como comentarista en Canal Sur y en SUR (en ambos desde hace más de una década), apenas tiene tiempo los fines de semana para ir a Ronda a ver a amigos y familiares. Precisamente es el equipo de su pueblo el culpable de ese pantalón blanco que llevó toda su carrera, junto a la camiseta verde. Diecisiete años de innegociable indumentaria salvo cuando se lo prohibieron en el Sevilla. Los colores evocaban al Betis.
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