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Un mosnstruo llamado Céline

TERRITORIOS. PUENTE AÉREO

Un mosnstruo llamado Céline

Céline no fue un ángel, pero desde luego tampoco el monstruo que ahora pintan las crónicas; sólo fue un escritor espléndido al que niegan un momento de gloria

29.01.11 - 01:40 -
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He leído que la República Francesa ha suspendido los actos conmemorativos del cincuenta aniversario de la muerte de uno de sus escritores más relevantes: Louis-Ferdinand Céline (1894-1961), autor de la célebre novela 'Viaje al fin de la noche', crítica feroz a la hipocresía, deshonor y corrupción de la Francia de entreguerras, y travesía de la abyección humana hacia los más bajos fondos, esos que Céline conoció muy bien en el París de los años veinte.
A través de un escueto comunicado que el ministro de Cultura francés Fréderic Mitterrand leyó en la capilla de la Escuela de Bellas Artes de París, donde se presentaban las Celebraciones Nacionales de 2011, este manifestó que «tras una profunda reflexión he decidido que Céline no sea homenajeado porque puso su pluma a disposición de una ideología repugnante.»; en realidad el comité de expertos que ha elaborado este programa, y que le han hecho pronunciar estas palabras a Mitterrand, supongo que no se referían a la obra completa del autor sino a la trilogía antisemita que Céline publicó en los años treinta, sobre todo a 'Bagatelas para una masacre', en la que contaminado por la fraseología nazi se dejó llevar por un espíritu extremadamente antisemita. Todo esto es cierto, a Céline no le gustaban los judíos, y la comunidad judía ha actuado en consecuencia, y se ha movido hasta la extenuación, a través del abogado Serge Klarsfeld, conocido cazador de nazis y presidente de la asociación de hijos de deportados judíos, presionando fuertemente, a través de sus 'lobbys', al Ggobierno francés para frustrar el homenaje. Y lo ha conseguido.
Son curiosos los giros y paradojas con que nos alecciona la Historia. Llama la atención que un país como Francia se atreva a censurar la memoria literaria de Céline, uno de sus más grandes autores, a pesar de que desde hace unas décadas el papel de esta nación en la Segunda Guerra Mundial se está cuestionando, su pomposa 'grandeur' se halla en entredicho tras el desplome vergonzante de su ejército, y la huida de su gobierno, ante el avance alemán, en mayo de 1940; a esto se suma el fantasmagórico papel que jugó la Resistencia al nazismo, en realidad los grupos resistentes sólo empezaron a tener presencia efectiva bastante tarde, a mediados del 43, y no desde el principio como nos han hecho creer; un país como Francia se atreve a borrar a Céline de su almanaque, precisamente Francia, que hizo la vista gorda con la deportación de los judíos nacionales cumpliendo un pacto entre el gobierno de Vichy y el alemán, ahí está el campo de exterminio de Drancy como ejemplo, en Drancy cayeron asesinados miles de judíos, entre ellos otro gran escritor francés: Max Jacob; y continúan los despropósitos: un país como Francia, supuesto modelo de tolerancia y aceptación de la otredad, cuna de la Revolución, convierte a Céline en un paria, mejor escrito por Alejandro Gándara, lo transforma en el chivo expiatorio de una sociedad hipócrita que no encuentra, aún hoy, la manera de lavar su pasado inmediato repleto de indicios imbatibles acerca de sus acendradas actitudes antisemitas. Vamos a ver, ¿quién si no el glorioso Estado Mayor francés, profundamente reaccionario y antisemita, fue el que denunció como traidor y degradó sin pruebas fehacientes al coronel judío Alfred Dreyffus, simplemente por serlo?
Y en cuanto a los cancerberos, peor todavía: sobre el tío del ministro de Cultura Fréderic Mitterrand, el presidente François Mitterrand, se asegura que había sido colaboracionista de los alemanes, antes de pasarse, justo antes del desembarco de Normandía, a la Resistencia; en este sentido, el ministro tendría que haber pensado en los miembros de su familia antes de lanzarse a prohibir homenajes, no vaya a ser que también tenga que prohibir el de su famoso ascendiente. Alguien ha ido más allá: las palabras que Bertrand Delanoë, alcalde de París, ha dedicado a Céline, «era un excelente escritor, pero un perfecto cabrón», son muestra del talante demócrata del primer político francés salido del armario. Y pienso que si a él le hubieran dedicado los epítetos que él le ha dedicado a Céline otro gallo hubiera cantado en su dulce 'viaje al fin del armario', pero, en fin, entre el genio y la infamia, cito a Bernard-Henri Lévy, prefiero el genio, y no me refocilo en su infamia.
El estridente caso de Céline ha vuelto a poner de actualidad a una generación de autores europeos de entreguerras (1918-1939) que cayeron, asqueados y desencantados, en el abismo de las ideologías totalitarias. Es más, puede decirse que a través de ellos se ha formado la Biblioteca del Abismo más espeluznante de Europa, aunque también una de las más atractivas por su crítica feroz a las corruptas democracias liberales de la época: inolvidable cuaderno de bitácora. Céline es, quizá, el más conocido, pero tras él se alzan estilistas de primera línea que no atinaron con la ideología aunque sí con la calidad de página; aparte de Céline, en Francia tenemos a Drieu de La Rochelle, a Robert Brasillach o a Maurice Sachs; en Rumanía, a Eliade, a Cioran y a Ionesco; en Italia, a D'Annunzio y a un primer Curzio Malaparte; en España escribieron bajo la inspiración fascista Ernesto Giménez Caballero, Rafael Sánchez Mazas y Agustín de Foxá, entre otros. Por cierto, al conde de Foxá le han negado, hace unos meses, un homenaje en Sevilla, por cuestiones parecidas a las que han hecho que los franceses pasen de largo sobre los cincuenta años de la muerte de Céline. Otra vez política y creación literaria enfrentadas, otra vez la persona y el autor en continuo combate, y sobre todo, otra vez el escritor en contra del poder, y de sus amigos y cómplices, los poderosos.
Céline no fue un ángel, pero desde luego, tampoco el monstruo que ahora pintan las crónicas; sólo fue un escritor espléndido al que ahora niegan un momento de gloria. Alguien, supongo, pedirá perdón cuando se celebre su centenario.
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