Adam Walker recuerda un poco a Miles Heller. El primero protagoniza 'Invisible' y el segundo, 'Sunset Park'. Las dos últimas novelas de Paul Auster. Walker y Heller regresan esta semana, por el título, el tono y el argumento de los libros. Invisible. Como la Casa en la calle Nosquera que ya no es okupa. Invisible. Como el rubor contenido ante las explicaciones mal dadas de un consejero disfrazado de San Pedro. Invisible. Como el deseo de escuchar a Philip Glass, que ha tardado 48 horas en agotar las entradas para su concierto del sábado que viene. Invisible.
Cierto que el asunto había entrado en una suerte de plácida sordina desde hacía varios meses. El fulgor de las amenazas había dado paso a una calma negociada y, así, la patata caliente de la Casa Invisible se ha ido enfriando hasta dar paso a un plato que parece (más o menos) del gusto de todos. Detrás del menú hay que buscar un cambio en las cocinas. Tras desfilar por otras concejalías, la receta sale ahora del Área de Participación Ciudadana, donde se ha repartido un pescado con muchas espinas. El Ayuntamiento ha logrado el concurso de la Junta de Andalucía y de la Diputación Provincial. Contento. Los ocupantes se quedan en el inmueble de la calle Nosquera al que entraron por las bravas hace casi cuatro años. También contentos. La ciudad mantiene un espacio alternativo con una programación activa y sugerente. Perfecto. El edificio no podrá ser residencia ni tienda ni bar, solo contenedor de actividades socioculturales. Razonable. Los moradores deberán constituirse como fundación privada, poner en regla sus papeles, pagar la luz, el agua, el gas, las licencias municipales y los preceptivos seguros. Y ahí dará el proyecto su verdadera medida. Cuando haya que cuadrar las cuentas, buscar sostén económico al margen del comercio sin licencia y articular un funcionamiento factible. El asunto no le sale demasiado bien a Miles Heller y los suyos en 'Sunset Park'. Pero la realidad puede ofrecer otros derroteros. Esperaremos. Doce meses dura el convenio. Por cierto, el acuerdo deja en el aire una cuestión importante: ¿quién y cómo rehabilitará un inmueble apuntalado desde su misma entrada? Veremos.
Y había que verlo para creerlo. En realidad, había que oírlo para no creérselo. Las tres negaciones. Un consejero en el papel de San Pedro. El auditorio del Museo Picasso por el Huerto de los Olivos. No era el cuadro de Rembrandt. Tampoco el de Caravaggio. Más bien, una escena entre Beckett y Brecht, ahora que estamos en pleno Festival de Teatro. Es digna de mención la impasibilidad de un consejero autonómico que por tres veces falta a la verdad para defender una decisión. Se pueden encontrar multitud de argumentos para explicar que el ciclo '20 años bajo la mirada de Picasso' pase a manos del museo del artista. Pocas instituciones cuentan con un personal más cualificado. Bien. Hay que recortar gastos. De acuerdo. Pero decir que esa medida se debe a que el museo «no participaba» en el proyecto, repetirlo hasta tres veces con tanto aplomo... Para eso hay que valer, sobre todo cuando cualquiera puede regresar al guión mantenido hasta ahora, presentado en Málaga por el presidente regional en octubre de 2009 y comprobar que ahí se reservan tres programas para el Museo Picasso Málaga. Cuesta entender por qué se ha escogido un argumento tan burdo, por qué se ha hecho público sin comunicárselo antes a todas las instituciones (hasta diecisiete) implicadas en el proyecto, por qué se ha actuado con una improvisación capaz de convertir una oportunidad en una amenaza.
Al menos el día antes nos enteramos de que el gran Philip Glass tocará de nuevo en la ciudad. Regresa el compositor once años después de aquel recital mágico en el Cervantes. Ahora sonará en el auditorio de la Diputación, empeñado en ofrecer una de las programaciones más atractivas de la provincia. Un lujo. Invisible, pero se agradece igual.