Cada tres años, los resultados del informe Pisa trastocan el sistema educativo español. Entre el escepticismo y el reproche de la opinión pública, los gobiernos se apresuran a lanzar nuevas políticas para dar la vuelta a unos resultados que, edición tras edición, destapan las deficiencias de las escuelas españolas. Mientras, los profesores, agentes de esos cambios que a todas luces resultan insuficientes, vuelven a estar en el punto de mira, al mismo tiempo que se hallan atados de pies y manos para realizar en plena crisis las mejoras que se les exige.
Pese a todos los planes de calidad, Andalucía ha vuelto a salir mal parada en la edición del estudio de 2009, que se dio a conocer esta semana. Los alumnos de la Comunidad Autónoma solo mejoran en Comprensión Lectora (461, con 16 puntos más), mientras que pierden posiciones en Matemáticas (462 y pierde un punto) y Ciencias (469, pierde cinco), pero en general siguen a la cola de España (está en quinto lugar en peores resultados, solo por delante de Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla) y muy lejos de la media de la OCDE.
La Junta de Andalucía se debate entre congratularse por permanecer en la misma posición que en el informe de 2006 y reconocer los fallos a tenor de las calificaciones. «Estamos convencidos de que, cuanto mayor sea el tamaño del problema, mayor debe ser nuestra ambición, determinación y eficacia», decía esta semana el consejero de Educación, Francisco Álvarez de la Chica.
Refuerzos estructurales
El responsable del ramo anunciaba también medidas concretas que se darán a conocer en febrero pero de las que ofrecía ya algún adelanto: refuerzo de las materias instrumentales como Lengua y Matemáticas, personalizar la educación del alumnado con dificultades con desdobles de clases, acompañamiento o extensión del tiempo escolar para niños con problemas de aprendizaje y más apoyo a los Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI). Todo para evitar el abandono escolar y el número de repetidores en la educación obligatoria, dos puntos negativos en el sistema andaluz que han salido reflejados en el informe.
Una vez más, el sistema finlandés vuelve a liderar el ránking de los mejores resultados educativos con el profesorado como pieza clave de su éxito. «Las políticas educativas del país nórdico han favorecido que los mejores alumnos acaben dedicándose a la educación», recordaba esta semana el consejero de Educación de la embajada española ante la OCDE.
Un profesorado de élite, con formación continua, buenos sueldos y altamente cualificado, no solo en su asignatura sino en cómo impartirla, son las mejores credenciales para mejorar el rendimiento de los estudiantes. A esto se suma un sistema que huye de la memorización, inculca entre los menores la solidaridad en clase para que ningún compañero repita y que «da a cada alumno una atención personalizada», según analizaba el secretario de Estado de Educación y Formación Profesional, Mario Bedera. Un ejemplo para tomar buena nota.