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Las últimas puntadas del sector textil

MÁLAGA

Las últimas puntadas del sector textil

Del centenar de cooperativas que funcionaban en Málaga en los 90 quedan apenas cinco

21.11.10 - 01:23 -
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Las 'niñas' de La Inmaculada, la cooperativa textil de Cuevas Bajas, igual te cosen un traje de bebé lleno de lazos que un puesto de caza, con su tela de camuflaje y todo. «Cualquier trabajo es bueno», afirma María Dolores López, que a sus 46 años es la última de las socias fundadoras que queda en el taller, fundado en 1979. Ella se metió a trabajar en cuanto salió de la escuela y ha cosido desde gorros de quirófano hasta blusas de señora, así que no se le caen los anillos.
Después de pasar unos años «muy malos» desde el cierre de Confecciones Sur, que era su principal fuente de trabajo, la cooperativa de Cuevas Bajas afronta el futuro con renovado optimismo gracias a una nueva clienta: la diseñadora sevillana de ropa infantil Pilar Batanero, que ha confiado en las experimentadas manos de las mujeres de Cuevas Bajas para fabricar sus elaboradas prendas de corte clásico. «Esto no te lo hacen en China», presume María Dolores mientras enseña un primoroso vestidito de niña.
China. Palabra maldita para la deshilachada industria malagueña de la confección. La deslocalización que empresas como Mayoral, Confecciones Sur (Cortefiel), Interlen o Induyco (El Corte Inglés) realizaron con su producción textil hacia Asia y Marruecos es la principal causa del rápido derrumbe que sufrió el sector manufacturero a principios de la pasada década. Aunque el primer golpe fue el cierre de Intelhorce, que daba trabajo a decenas de cooperativas tanto en la Axarquía como en el valle del Guadalhorce.
El esplendor de la actividad textil se registró en los años 80 y 90, cuando había un centenar de talleres funcionando a toda máquina en los pueblos del interior para cubrir la demanda de las grandes compañías del sector: Intelhorce, Mayoral, Cortefiel, El Corte Inglés... «Málaga llegó a ser la primera provincia en la industria textil, con 15.000 trabajadores», recuerda el secretario general del Sindicato Provincial de Industrias, Textil-Piel, Químicas y Afines de Comisiones Obreras de Málaga, Vicente Escaño. «Se ganaba mucho dinero, porque las firmas pagaban bien. Muchos trabajadores de Confecciones Sur o Intelhorce se iban para montar sus propios talleres porque ganaban más así. Pero también hubo mucho engaño: personas que aparecían en quince cooperativas distintas», explica.
Hoy apenas quedan cinco testigos de aquel auge: las cooperativas de Pizarra, Cuevas de San Marcos, Archidona, Villanueva de Algaidas y la ya mencionada de Cuevas Bajas. Alrededor de 130 personas -el 99%, mujeres- mantienen viva una tradición textil que se inició allá por los años 70. Su supervivencia en el negocio no ha sido casual, sino que les ha costado sangre, sudor y lágrimas: cada una de estas fábricas se ha esforzado por reinventarse y especializarse para hacerse un hueco en el competitivo mercado actual, eso sí, con mucho menos personal del que llegaron a tener.
Orígenes parroquiales
Uno de los talleres más antiguos de la provincia es La Fuensanta, en Pizarra. Sus orígenes se remontan a 1973, cuando un cura llamado Gustavo juntó a un grupo de muchachas para que hicieran un curso de costura a máquina en Málaga y poder así montar un taller textil en el pueblo. La cooperativa dio sus primeros pasos en una cochera, confeccionando ropa interior y chándales. El negocio prosperó, mudándose a una nave cerca de la ermita donde llegó a dar trabajo a un centenar de mujeres.
«Era la única salida para las chicas del pueblo, si no querías irte a Málaga o a coger fruta», recuerda una de sus socias, Paqui Escudero. «Coser es duro: siempre con la misma postura, te duelen siempre los brazos y la espalda. Y no vale cualquiera, aquí hay que ser muy rápida», advierte. Hoy quedan 37 trabajadoras en La Fuensanta, cuyas edades van de los veintitantos hasta casi los 60. Fabrican ropa interior y pijamas y su principal cliente es una empresa de Mataró que les es fiel desde hace muchos años; una 'rara avis' del textil.
Las otras cooperativas no han tenido esa suerte. Han tenido que 'buscarse la vida' después de que sus clientes tradicionales les abandonaran. A Cotexa, localizada en Villanueva de Algaidas, se le juntó el cierre de Intelhorce con la deslocalización de Mayoral. Resultado: las ochenta chicas que allí trabajaban se quedaron en treinta. «Tuvimos que cambiar radicalmente nuestro negocio: de hacer ropa infantil pasamos a centrarnos en pantalones de caballero», explica Pilar Romero, quien confía en que el grado de especialización alcanzado les reporte nuevas oportunidades. «El futuro pasa por hacer algo que no haga nadie más y por la calidad, porque con China no se puede competir», afirma.
La historia de Cotexa ha discurrido de forma paralela a la de SCAICC, la cooperativa de Cuevas de San Marcos. Ambas nacieron a principios de los 70 como talleres parroquiales, con el objetivo de dar trabajo a las hijas de los emigrantes que estaban en Alemania o Suiza. «En esos tiempos había mucho paro en los pueblos; la gente huía en masa. Las cooperativas se convirtieron en una salida laboral para muchas mujeres», recuerda Pilar Romero, quien añora no sólo la cantidad de trabajo que había entonces, sino el ambiente que se respiraba en el taller. «Entrábamos a trabajar con 14 o 15 años, éramos como una familia», afirma.
Reconversión
Y si Cotexa se ha especializado en pantalones de hombre, su vecina SCAICC (Sociedad Cooperativa Andaluza Industrial de Corte y Confección) se ha decantado por las camisas. Doscientos pares de manos llegaron a trabajar en sus talleres, pero la deslocalización de sus principales clientes obligó a una dura reconversión. Parte de su personal fue recolocado en una residencia de ancianos que se montó en el pueblo; mientras que la treintena de personas que se quedaron se han reciclado y ahora confeccionan camisas de alta calidad. Actualmente, SCAICC trabaja para varias firmas de moda que prefieren no aventurarse en China, que «ya no es tan barata», en opinión de su gerente, José Repullo.
La concesión de subvenciones por parte de la Junta de Andalucía para impartir talleres de oficios ha sido un factor clave para que estas cooperativas se reciclen y abran nuevas líneas de negocio. Actualmente cuatro de estas sociedades -SCAICC, Roquiana, La Inmaculada y Cotexa- están cursando estos programas, que mantienen ocupadas a unas 80 personas. La presidenta de Cooperativa Roquiana de Archidona, Puri Córdoba, que se ha especializado en ropa infantil y cuenta con 15 socias, se declara decidida a seguir peleando «porque otra cosa no tenemos». Desde Cuevas Bajas, María Dolores López añade: «Estamos decididos a recuperar esta industria a base de formación continua y de calidad».
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