Tras su paso por India, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, volvió ayer a casa. Pero no regresó a su Hawai natal, ni siquiera al bronco South Side de la ciudad de Chicago donde forjó su carisma político. El inquilino de la Casa Blanca retornó a Indonesia, donde pasó cuatro años de su infancia y donde, además, podrá lucir con orgullo su segundo nombre: Hussein. Y es que el archipiélago asiático de 17.000 islas es el país musulmán más populoso del mundo, ya que 200 de sus 240 millones de habitantes profesan la fe del islam. Una religión que, según cree erróneamente uno de cada cinco estadounidenses, también sigue en secreto el presidente Obama, a quien falsos rumores y descabelladas teorías de la conspiración acusaron de haber estudiado en una 'madrasa' (escuela coránica) radical de Indonesia para minar su popularidad en las elecciones presidenciales de hace dos años.
Fue más bien todo lo contrario. El presidente de EE UU estudió en el colegio católico de San Francisco de Asís de Yakarta. Durante los tres años que pasó allí y el que cursó en la escuela pública de la calle Besuki, en Menteng, sus compañeros lo conocían como 'Barry', un muchacho espigado que sacaba las mejores notas de la clase y quería ser amigos de todos.
Según el periódico británico 'The Guardian', en la ficha de Obama en el colegio católico aparece que su religión es el islam, aunque el propio director de la escuela aclaró al tabloide que se rellenó dando por buenas las creencias del que entonces era su padrastro, el musulmán Lolo Suetoro. Curiosamente, su padre natural también seguía las enseñanzas del Corán, pero no a rajatabla porque, tal y como reveló en un libro uno de sus hijos y medio hermano del presidente, Mark Okoth Obama Ndesandjo, le gustaba empinar el codo y pegarle después a las mujeres.
Al margen de esta accidentada infancia que le llevó por varios países, en Indonesia se sigue recordando con cariño a Obama. Junto a la escuela de Besuki incluso se ha levantado una estatua que lo retrata sosteniendo en su mano una mariposa. En el pedestal, una leyenda reza «el futuro pertenece a aquellos que creen en el poder de sus sueños».
Sus platos favoritos
La idealización de Obama, premio Nobel de la Paz el año pasado, llega a tal punto que su foto está presente en todas las aulas, junto a carteles que recuerdan que «es bueno ser una persona importante, pero es más importante ser una buena persona». Después de que tuviera que suspender dos visitas anunciadas este año y casi se cancelara el viaje por las cenizas del volcán Merapi, Indonesia se ha volcado con Obama, donde le espera una apretada agenda.
Tras cenar anoche con el presidente Susilo Bambang Yudhoyono -el dirigente y su esposa Michelle pudieron disfrutar de los platos favoritos del presidente estadounidense cuando era niño, como el nasi goreng, el bakso o el rambután-, hoy pronunciará un discurso en la mezquita Istiqlal, la mayor del sudeste asiático. Tras proponer al mundo musulmán un «nuevo comienzo» en El Cairo el año pasado, dicha alocución es otra oportunidad para tender lazos con el islam, seriamente deteriorados por las atrocidades de las guerras de Irak y Afganistán y el auge del terrorismo yihadista en países como Indonesia, víctima de brutales atentados como el que se cobró 200 muertos en Bali en 2002.