diariosur.es
Lunes, 28 mayo 2012
nuboso
Hoy18 / 20||Mañana19 / 21|
más información sobre el tiempo
Estás en: > > >
Tánger, mon amour

TERRITORIOS. PUENTE AÉREO

Tánger, mon amour

Soy de la opinión de que Málaga se refleja en Tánger, y viceversa, Tánger en Málaga, son dos postales fijas en la retina de una memoria colectiva aún superviviente

06.11.10 - 01:20 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
Si el Tánger cosmopolita de mediados del siglo pasado se hubiera reencarnado en una dama seguro que no hubiera sido como la protagonista de la famosa novela 'La vida perra de Juanita Narboni', del tangerino de honor Ángel Vázquez, la Narboni de Vázquez, esa mujer abandonada a su suerte, con la 'jaquetía' sangrante y afilada, suelta y nostálgica. Tánger no fue, ni es, ni será, Juanita Narboni, sino una mujer elegante, de edad indefinida, ambigua, eterna, una mujer de pasado inquietante, lamiendo los contornos de su esplendor y de su futuro no menos esplendoroso; en cualquier caso más bien sería un andrógino internacional, como Coxinelle o Amanda Lear, símbolo de todos los seres que la habitaron entre 1930 a 1967, flores excéntricas de belleza inefable, orquídeas de invernadero, que descendieron al zoco chico para entablar extrañas amistades. Esa dama serían muchas damas con rostros diversos, una mujer internacional: árabe, berebere, en definitiva, una marroquí, viajera y atractiva, besando el contorno de su litoral, abierta a todos los mares, cuerpos y sensaciones.
Tánger, espejo de Málaga en muchas cuestiones, se ha dejado mecer por las olas de una encrucijada caleidoscópica y variopinta, que la ha convertido en un mito inamovible, una ciudad abierta, aunque magrebí, que ha superado todos los problemas derivados de su estirpe heterodoxa, pensemos en el Estatuto Internacional que la rigió el pasado siglo y que la hizo respirar con pulmones políticos distintos, recordemos las sucesivas invasiones de franceses, españoles, ingleses y norteamericanos, no olvidemos la crisis del 56, cuando se pedía que personas que amaban Tánger más que los tangerinos la abandonaran de inmediato, no soslayemos la fantasmagórica intervención de las tropas de Franco en el 41, imitando al viejo mariscal Petain que desde un Hotel de Vichy quería salvar a Francia y a sus posesiones del enemigo marxista, ¡qué viejo iluso y equivocado!
He regresado de Tánger hace unos días y lo cierto es que tengo la certeza de que el rey Mohamed VI adora a una de las capitales más seductoras de África: la ciudad parece otra, está limpia y ordenada, se edifica con bastante gusto, el paseo marítimo es espectacular, el Boulevard Pasteur luce más bello que nunca, parece brillar de nuevo su antiguo y carismático esplendor. No en vano un aura invisible se instala en sus plazas, avenidas, paseos, cafetines, y sobre todo en sus gentes, educadas y discretas, que aguardan la llegada de los ferrys y paquebotes ultramarinos con ávidos pasajeros buscando experiencias al límite, al fin y al cabo un límite inexistente, porque Tánger es tierra de todos y de nadie, Babel del Sur, marroquí y universal, urbe en la que se evocan los elegantes y desesperados fantasmas de una época en que fue frontera y hotel fugaz, un No-Lugar que ansiamos todos los viajeros cuando el anonimato es necesario y la vida necesita un siglo anterior para hacerse soportable.
Ciudadanos del mundo en Tánger: el matrimonio formado por Paul y Jane Bowles fueron la punta del iceberg, el telón exquisito que abrió las Columnas de Hércules a los Truman Capote, Tennesee Williams, Gore Vidal, David Herbert, John Mac Phillips, y después a William Burroughs, Allen Ginsberg, a Gregory Corso y Jack Kerouac, y después a los hippies y al dramaturgo Joe Orton; décadas atrás André Gide, el verdadero precursor de todo, y décadas más tarde el insoportable Jean Genet, con sus chantajes y contradicciones pero con su gran literatura margina, hicieron también mella en Tánger; en realidad, Juan Goytisolo les ha sucedido con orgullo. Goytisolo es bastante popular en Tánger, no en vano la Biblioteca del Instituto Cervantes lleva su nombre, y si bien reside en Marrakech, pasa temporadas en esta ciudad. No en vano Paul Bowles escribió: «Tánger es la ciudad de un sueño a la que nunca diré adiós»; cómo decir adiós a sus mágicos lugares: Cabo Malabata, Café Haffa, la Kasbah, la Medina, Cabo Espartel, Zoco chico, Zoco grande, el palacio del Sultán, Consulados de Francia, España y América, la montaña con sus Villas, la bahía expandida hacia el fin de África, la panorámica desde el Hotel Le Mirage; y si de hoteles hablamos, el Hotel Continental, donde se alojó Matisse y en cuya terraza John Malkovich, Debra Winger y Bernardo Bertolucci discutieron a muerte la versión cinematográfica de la novela de Bowles 'El cielo Protector' o el Hotel Minzah, lujo 1930, donde se alojaron, entre otros, Rex Harrison, Rock Hudson, Onassis, María Callas, Winston Churchill, Maureen O´Hara, Rita Hayworth y Ava Gardner.
Pero Tánger no puede reducirse a sus Bellas Vistas, y a la imagen frívola de la multimillonaria Bárbara Hutton con sus diamantes más grandes que el Ritz, ofreciendo fiestas demoledoras en su mansión de la Medina, Tánger es hoy una ciudad viva, con una personalidad propia, y con un millón de habitantes que apenas recuerdan aquellos años dorados del microscópico mundo social de la llamada 'café society'; todo pasa y todo queda, lo mismo le ha ocurrido, al otro lado del mar, el mismo mar, a nuestra Málaga, la llamada Ciudad del Paraíso, que hace muchos años que dejó de serlo, al menos como la describe el poema de Aleixandre. A Málaga le ocurrió lo mismo que a Tánger. Hace cincuenta años se convirtió en la meca de los últimos nómadas del Grand Tour, un turismo delicioso que recalaba en el Hotel 'Pez Espada' pero que al masificarse perdió encanto pero trajo divisas.
Soy de la opinión de que Málaga se refleja en Tánger, y viceversa, Tánger en Málaga, son dos postales fijas en la retina de una memoria colectiva aún superviviente -el maravilloso Pepe Carleton, sin ir más lejos- donde se han venido mezclando apasionantes sagas de diseñadores, escritores, músicos, pintores, escultores, espías, millonarios, bohemios, arquitectos, vedettes, cocottes, gigolós, imposibles aventureros de distinta nacionalidad, sexo y religión, un lento declinar de especies simbióticas, que tienen que ver más con la trama de un relato fantástico, que con la cruda realidad.
Málaga es Tánger y Tánger es Málaga, ¿quién da más?
TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
Tánger, mon amour
Videos de Cultura
más videos [+]
Cultura

Busco trabajo

Primer empleo

Buscar
Diario SUR

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.