«¡Esto, del vaquero, no sale!», le dijo la madre a la pequeña Noelia, de 12 años, nada más verla llegar a casa pringada de barro. Pero no se había arrastrado por el suelo, como suele suceder con los niños de su edad. Cuando Noelia le explicó que había estado creando una obra de arte en el colegio y que lo había pasado en grande, se libró de la regañina y su madre quedó contenta, aunque, según explicó la niña a un día de la inauguración de dicha obra el pasado viernes, su progenitora todavía estaba procurando que saliesen las manchas.
Esto mismo les pudo suceder a otros 480 niños de 18 cursos del colegio Nuestra Señora de la Candelaria, en Benagalbón, ya que utilizaron, dirigidos por la artista alemana Sabina Huber, 400 kilos de barro para transformar las paredes del salón de actos de su centro, dedicado a obras de teatro y exposiciones; crearon una gran obra de arte pringándose hasta las cejas.
Se trata de una sala del colegio que se llama Robert Harvey, en honor al pintor estadounidense que vivió en Macharaviaya, y que fue amigo del colegio. El centro realiza tres veces al año una exposición con diferentes artistas de la provincia. Los niños o colaboran con ellos o realizan después un trabajo reflexionando sobre lo que haya hecho el autor.
Así, esta sala vacía con las paredes en blanco se transformó en cinco días en una gran obra. Sabina Huber, que lleva muchos años viviendo en Málaga, explicó que tenía esa idea desde hace tiempo. «Estoy trabajando en un concepto artístico que es la mancha, en cómo un implicarse más en la realización de la obra, porque parece que la mancha es algo desechable; sin embargo para mí es importante trabajar con materiales que me manchen», apostilló la alemana.
Así, Huber abogó por el contacto con el material para sentirse artista en vez de usar otros medios como los ordenadores para crear. «Trabajar con barro es muy interesante porque mojado es muy suave, flexible y mancha muchísimo», expresó mientras soltaba una carcajada. De esta manera, explicó que este material se agrieta al secarse y forma dibujos de diferente grosor según las capas empleadas.
Símbolo de la vida
La exposición se titula 'Las líneas del tiempo' porque se trató de que los alumnos creasen una línea diagonal ascendente, una circular y una serpenteante de casi quince metros, simbolizando la vida y su trayectoria escolar; los más pequeños dejaron a los mayores que continuasen sus líneas en la parte superior de las paredes.
Sin embargo los niños, inspirados, buscaron distintos símiles a estas líneas: desde un camino, en el caso de la serpenteante; hasta un balón de fútbol, en el caso de la circular. En una de las paredes hay una obra realizada íntegramente por Huber, esta vez con hierro además del barro.
El director del colegio, Antonio Palomo, aseguró que esta había sido una experiencia educativa muy positiva y que los padres estaban encantados, a pesar de las manchas.