Son las diez de la mañana y Carmen no puede resistir más la tentación de mirar en Facebook las fotos de la boda de su amiga. Que esté en horario laboral y puedan verle sus superiores no supone ningún impedimento. Desde el ordenador de su oficina, introduce la clave de su cuenta y ahí está: todo un mundo para conectarse con la familia, los amigos, cotillear las novedades de los compañeros... Los más osados se atreven incluso a jugar en red a crear la granja de sus sueños entre informe e informe. Todo con el puntero del ratón apuntando en todo momento a la esquina de la pantalla para cerrar la ventana si llega algún jefe. Si el que pasa cerca es un compañero, no hay problema. Siempre puede invitarle a ver las fotografías.
Entrar en las redes sociales desde la oficina se han convertido en un hábito furtivo pero aceptado socialmente contra el que se han decidido a luchar las grandes empresas y algunas entidades públicas malagueñas. Facebook, Tuenti, MySpace y mucho antes el Messenger se han puesto en el punto de mira de los responsables de las compañías que ven en estas herramientas las causantes de que sus empleados pierdan el tiempo, lo que se traduce en una bajada de la productividad.
En El Corte Inglés de Málaga, sus responsables han contratado a una empresa informática para que bloquee todos los accesos a las redes sociales y páginas de ocio. «El uso está restringido a los trabajadores por cuestiones profesionales, pero hay que pensar también en la seguridad; cualquier contenido que llegue a través de estos canales puede estar infectado con un virus y provocar un buen problema para la empresa», indican fuentes de esta compañía.
En el Parque Tecnológico, cuna de la innovación informática, Facebook y sus congéneres tampoco se han librado de la escabechina. «Una cosa es promocionar la empresa a través de las redes sociales y otra es quedar con los amigos a través de estas herramientas; las cuentas personales de los empleados no se utilizan para trabajo», indica un directivo de una de las empresas del PTA.
Desde la empresa de tecnología de la información, Data Control, también cuentan su experiencia. Comprobaron que el acceso por parte de los empleados era excesivo y tomaron la decisión de cerrarlo. Ellos gestionan la entrada a contenidos de Internet de otras empresas e indican que cada oficina es un mundo en este asunto. «La prohibición de usar las redes sociales, aunque va en aumento, aún no es generalizada», dicen.
En las administraciones públicas, son pocos los que hablan abiertamente de estas herramientas. En las delegaciones de la Junta de Andalucía, el acceso es libre en Gobernación, mientras que cada delegación gestiona el uso de sus empleados. Otras entidades prefieren no responder, puede que porque confesar el acceso indiscriminado a estas herramientas por parte de los funcionarios no esté bien visto por la ciudadanía.
Una costumbre costosa
Los primeros en calcular el gasto que supone esa afición a las empresas fueron los británicos. La consultora Morse cifró en 1.530 millones de euros al año las pérdidas ocasionadas por las redes sociales en la empresa. En Estados Unidos, según estudios de realizados por Robert Half Technology, el 54% de las compañías estadounidenses han prohibido el acceso. España, el séptimo país del mundo en el uso de comunidades virtuales, podría compartir estas cifras.
«La tónica general desde hace un año es que las grandes empresas pongan coto, y las que no lo han hecho ya lo terminarán haciendo porque es una herramienta para el ocio», dice José Luis Escolar, experto en redes sociales del Instituto de Prácticas Empresariales (IPE) de Málaga. Los partidarios de Facebook en el trabajo, sin embargo, creen que es una buena cura contra el estrés y una forma de descansar la mente tan buena como tomarse un café, estirar las piernas y charlar con los compañeros. «Lo malo no es el uso, sino el abuso», indica una empleada que prefiere no dar el nombre de su empresa.
Para otros trabajadores, las redes sociales se convierten en una herramienta de trabajo. Periodistas, cazatendencias o políticos han convertido su visita diaria a estas páginas en una obligación más para obtener información o conectarse con la audiencia. Una forma de comunicación que puede ser un arma de doble filo.