Almendras peladas, ajo, sal, pan, aceite de oliva, vinagre y agua. Con estos sencillos ingredientes se prepara uno de los platos más típicos y genuinos de la gastronomía axárquica, el inconfundible ajoblanco de Almáchar. Más de diez mil personas acudieron ayer hasta esta pequeña localidad del interior de la comarca oriental para degustar este néctar blanco, con motivo de la 42.a edición de la Fiesta del Ajoblanco. El cartel anunciador de este año ha sido obra estedel pintor malagueño Félix Revello de Toro.
«Está exquisito», dijo Antonio Martín, uno de los visitantes que ayer disfrutaron de los más de dos mil litros que se repartieron de manera gratuita, conjuntamente con 400 kilos de uvas moscatel, y 200 litros de vino del terreno. El origen de esta fiesta se remonta a finales de los años sesenta, cuando el entonces corresponsal de TVE en Málaga, Manuel España Lobo, junto a un grupo de vecinos, decidió poner en marcha su primera edición, en 1968, invitando a los políticos del régimen para que tomaran conciencia de la necesidad de conectar la localidad por carretera con Moclinejo, y mejorar así las comunicaciones con la capital.
En cuanto a los orígenes de la bebida, parece ser que se remonta a la época de los árabes, que fueron los que introdujeron el cultivo de la almendra en la zona y experimentaron con sus propiedades culinarias. Sin embargo, la tradición popular cuenta que a principios del siglo pasado un ingeniero, que se encontraba haciendo el catastro rústico en la zona llegó sediento a una casa de Almáchar. Al pedir un vaso de agua, la señora de la casa le ofreció un poco del ajoblanco que estaba preparando. Y le supo tan bien que aseguró que nunca había probado nada igual.
«No sabemos que parte de esta historia fue así, lo que sí está constatado es que este ingeniero quedó tan encantado que expuso la receta en el Círculo Mercantil y fue propagando las exquisiteces del ajoblanco de Almáchar», apuntó el alcalde, José Gámez (IU). Aprovechando la jornada festiva de ayer todos los rincones del pueblo se convirtieron en un auténtico museo al aire libre, mostrando los utensilios utilizados para el tratamiento de las uvas hasta que llegan a convertirse en pasas.
El pregón corrió a cargo del periodista, Diego Gómez, quien elaboró un discurso costumbrista, en el que tuvieron cabida la poesía y algunas coplillas. Tras el discurso, se entregaron los 'Premios Ajoblanco 2010'.