¿Qué hacían ayer cuatro señoras mayores con pelo blanco, sandalias y calcetines bailando 'Paquito El Chocolatero' en pleno paseo marítimo de Torremolinos a medio día? Eran turistas y estaban celebrando su día en el municipio al ritmo de una banda de música, la charanga de Los Cachondos, que persiguió a todo aquel que tuviera 'pinta de guiri' a lo largo del paseo de la playa de El Bajondillo.
No es el primer año que se celebra, pero a algunos les pillo por sorpresa. «¡Madre mía, no nos esperábamos esto, que bien que nos homenajeen!», exclamó un madrileño, Javier Muñoz, que llegó ayer para pasar cinco días en la costa con sus amigos. «Venimos por el ambiente gay», especificó. «Esto es como Chueca en Madrid pero más pequeño y con playa», opinó su amiga, Patricia Fernández.
Una cola enorme de unas 300 personas se formó al lado del chiringuito Los Manolos. Repartían bebidas, helados y postres variados gratis, pero no podía faltar la paella para 'enseñar' a los visitantes lo que es el buen comer 'made in Spain'.
«Hemos repartido casi 1.500 platos de paella en tres horas», especificó el encargado del chiringuito, Manuel Villafaina. Todos ellos, regados con ocho bidones de coca cola y otros muchos más de cerveza. «Esta comida está organizada por el Ayuntamiento y la Agrupación de Empresarios de Playa», comentó.
Todos los primeros jueves de septiembre desde hace más de 50 años, los visitantes son homenajeados en Torremolinos en el día del turista. No solo hay paella a pie de playa, en la avenida de la Nogalera, en el corazón del municipio, también se repartieron viandas típicas que hicieron las delicias de todos los turistas y autóctonos que quisieron acercarse.
La paella repartida en El Bajondillo tenía marisco y verdura. A la gente no le importó esperar su turno: «¡Mira, está todo estupendo, da igual la cola!», exclamó una vecina de Torremolinos. «Es la primera vez que probamos la paella, está muy buena», aseveró una señora inglesa, Hannah Devlin, que se encontraba con una amiga de vacaciones.
«Lo que más me gusta de Torremolinos es la playa y la diversión de sus bares, sus gentes, la comida y el flamenco», continuó. «Creo que volveré a Birmingham con dos o tres kilogramos de más», bromeó Devlin.
Dos vigilantes se acercaron con disimulo al puesto donde repartían helados e intentaron saltarse la cola. «Lo siento mucho, todavía no los estamos dando», les indicó educadamente un camarero. Así que estos agentes de la autoridad se marcharon con el estómago vacío. «Lo que hacemos es vigilar que no pase nada, pero estas fiestas suelen ser muy tranquilas», explicó uno de ellos. «Solo se da un vaso de cerveza, así que la gente no se suele descontrolar», apostilló el otro, porque claro, para conseguir dos vasos de esta bebida, había que esperar un buen rato por tener que guardar de nuevo la cola con lo que, era casi imposible que a alguien 'le sentara mal'.
Torremolinos dio así de almorzar a la multitud hambrienta que bailó y degustó la paella con el mar de fondo y con cuidado de que el helado no acabase en la arena.