La mar, el mar, la mar que nos parió. El Mediterráneo bajo el manto sereno de la noche, compareciendo manso y atado a la tutela benévola de la orilla de luces encendidas que es la ciudad de Málaga, circundada de montañas, entre las que destaca en primer plano una que bien podría estar por el Monte de San Antón, en la que una palmera se erige en centinela y testigo de la ciudad de las luces y que se adorna, con dinamismo de baile y hechuras de sensualidad, de traje de gitana, erigida en trasunto del Cristo Redentor de Río de Janeiro mientras que a la primera en el peligro de la libertad, y primera en la oportunidad de la alegría, le corresponde una ubicación carioca. En la línea de modernidad en la que se inscribió el cartel anterior, de Lorenzo Saval, el de Bola Barrionuevo (exhibe ahora sus 'Papeles de Brasil' en la Galería de Marbella), que es un griego no sólo en la apariencia de su persona sino en la sapiencia de la vida y de la belleza, es especialmente certero en esa reivindicación de la luz y del mar, de la complicidad de la noche, de la sensualidad nuestra de cada día. Porque Málaga, que debe su existencia al mar, es inexplicable sin su carácter mediterráneo, que es el que preside la mayor y mejor parte de su expresión cultural durante esta feria 2010.
En esta tercera feria en tiempos de crisis, las vacas flacas en el terreno cultural no se dejan ver con excesivo descaro. En vez de asomar sus pellejos resecos por las salas de exposiciones, prefieren pasear melancólicamente por la fortaleza superior de la ciudad. Allí, el ciclo de conciertos Gibralfaro en fiestas acoge cuatro actuaciones de las que poca información se ha proporcionado: el miércoles 18, el Ensemble Música Antigüa; el jueves 19, el dúo de violín y piano Sabina Coleasa-Paula Coronas; el viernes 20, la orquesta de cámara Concerto Málaga, y el sábado 21, el dúo de saxofón y piano Elisa Urrestarazu y Pablo Puig. Dentro de este escueto menú, es especialmente recomendable la orquesta de cuerdas Concerto Málaga, bien conocida de los aficionados malagueños.
En años anteriores las entradas a este ciclo estaban en 18 euros por evento. En esta ocasión se ha bajado a 5. Esperemos que esta variación sea una excelente noticia y no el síntoma de una rebaja de la calidad. Lo que sí se mantiene en la tónica es el festival internacional de folclore, que deja el escenario habitual de la plaza de la Marina para refugiarse, acertadamente, en el recinto Eduardo Ocón. Este año cuenta con agrupaciones de Málaga y provincia, Gijón (Asturias), Alcázar de San Juan (Ciudad Real), Krasnogorsk (Rusia) e Isla de Pascua (Chile).
Pero volvamos al Mediterráneo, que es el que se plasma en la exposición estrella de la feria y del verano. Bajo el título 'En el jardín de las Hespérides' y el subtítulo de 'Vasos griegos del Museo Arqueológico Nacional', el Museo del Patrimonio Municipal acoge una exquisita selección de más de una cincuentena de vasijas y elementos teatrales realizados a lo largo de cinco siglos en el mundo helénico. Unicaja y el Ayuntamiento colaboran aquí ejemplarmente para que Málaga sea el lugar de estreno de una muestra que itinerará por otras capitales andaluzas.
Del mismo modo, mediterráneos eran los elegantísimos grabados de Picasso que se mostraban hasta hace unos días en la sala de la planta baja de su casa natal, y que volverán después de la pausa de la feria. La misma Fundación Pablo Ruiz Picasso acoge, a la vez, otras dos exposiciones de gran interés. La titulada 'Tauromaquias. Goya, Picasso y José María Cano' se erige en un caleidoscopio de imágenes en la que los grabados taurinos de Goya y de Picasso se mezclan con los de Cano en una amalgama de sensaciones que quieren plasmar el dramatismo intenso de la feria. Al menos mientras la autoridad (el tiempo es más razonable) lo permita. Cierra la oferta expositiva de la Fundación Picasso 'Solana en las colecciones Mapfre', en la que seis pinturas (todas ellas obras maestras) de José Gutiérrez Solana sirven de introducción a un conjunto de grabados del maestro del expresionismo español.
Expresionismo
Una similar voluntad expresionista es la que caracteriza la obra de Manuel Garvayo (1911-1983) y que comparte las salas de exposiciones del Museo del Patrimonio y del Archivo Municipal de Málaga. 'Caprichos', 'La España negra, la España que viví', 'Esperpentos' y 'Tauromaquia' son las secciones de esta exposición necesaria que rescata a un artista que quedó marcado por su experiencia de la guerra civil. Su testimonio visual, datado en Málaga y ya desde 1936, es emocionante y emocionado. Su capacidad para protestar en ocasiones llega hasta los títulos, como la aguatinta sobre papel, de 1976, que tiene como nombre 'Fariseos cabrones y demonios acabaron con el barrio del Perchel'. Mientras sus dibujos son lúgubres, las pinturas, plenas de elementos de pesadilla, poseen una luminosidad y un colorido cálido y optimista que sorprende.
Pero para sorpresas, y como es norma y casi deber, tenemos el CAC Málaga. Cuatro exposiciones coinciden ahora en sus salas. Todas ellas interesantes y para diversos gustos. 'Atando el cielo', de Victoria Civera, es una celebración de la pintura y una reflexión, plena de ironía, sobre la condición femenina. 'En face', de Gavin Turk, es una inquietante colección de 72 bustos de arcilla manipulados por invitados a una fiesta en el estudio del escultor. Pasear entre esos rostros deformados es inquietante.
El vídeo, proyectado en el CAC, de esa fiesta es preocupante. Para terminar, el Centro de Arte Contemporáneo ofrece muestras colectivas en las que el espectador debe seleccionar lo que sea de su agrado. En el nuevo planteamiento de su colección, titulado 'Apocalipsis', destacaría el vídeo de Cristina Lucas 'La Liberté Raisonnée', afín a lo que hace Bill Viola pero provisto aquí de sarcasmo, las dolorosas piezas de Louise Bourgeois o la gran pintura de Anselm Kiefer, elegiaca y poderosa. En 'Pasión', la selección de obras de la colección de Carmen Riera, optaría por 'Diamond Dust Shoes', una pintura de Warhol con polvo de diamantes, la escultura-relieve de Cristina Iglesias y la rara pintura hecha al alimón por Andy Warhol, Francesco Clemente y Jean-Michel Basquiat.
Se opte por la feria de día o la de noche, por la cultura o la fiesta, la espuma de nuestro mar y del título delata la agitación, el dinamismo de las aguas, que terminará diluyéndose mientras la miramos. Es condición de vida, que tras la alegría venga la realidad. Ya Ovidio lo dijo: «También nuestros propios cuerpos siempre y sin descanso alguno se transforman y no lo que fuimos o somos mañana seremos».